miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mamarrachos

(Soundtrack aquí)

La abogacía, que en otros tiempos fue una virtuosa profesión que solo osaban estudiar beneméritos y atrevidos ciudadanos de cultura superlativa en aras de aprender sobre la interpretación hermenéutica de la ley y otros afines, hoy es una profesión que se practica en metafóricas alcantarillas y es llevada acabo por seres realmente abominables. Lo anterior por supuesto, haciendo uso del siempre útil generalismo, que por ser una afirmación elevada en los términos más universales posibles, no hace que la misma pierda alguna validez. De todos modos, para las páginas de este blog, no persigue ningún objetivo traer a colación el desprecio que siento por esa rareza fenotípica que usa corbata y huele a tinto. Suficientes renglones dediqué en la entrada "Abogado...no leguleyo" en este blog.

El verdadero objeto de esta entrada es retar al lector, ojalá ajeno a las prácticas prestidigitadoras y oscuras del derecho, a que entienda un extracto de la más miserable respuesta que algún funcionario haya osado ofrecer a un derecho de petición cagado que preguntaba por 3 cagadas cosas. Esto, para que vean el legado que mamarrachos como el doctor Ismael Cabrera García, Asesor Jurídico Externo de la Alcaldía de Neiva y proyectador del texto, dejan a la humanidad, a su descendencia y a la colección de estupideces, que engrosan obras y tomos enteros dedicados a la burla de estas curiosidades, que por su redacción no hacen ver más interesante al remitente, sino más y más tarado, ineficaz y falsielocuente.

Sin más palabras, un extracto de la respuesta:


Señora
Fulana de tal
Neiva, Huila


Afable saludo:


Se evidencia perspicuamente como se colige del cuestionario allegado en el petitum, que es objeto de esta absolución relacionado con el rótulo de referencia, que la peticionaria desconoce supinamente la materia que respecta, resultando completamente lega o profana en tratándose de la pirámide normativa (Artículo 51 de la Constitución Política de Colombia, Ley 09 de 1989, Ley 03 de 1991, Ley 388 de 1997, Ley 701 de 2001, Ley 1151 de 2007, Ley 1450 de 2011, Ley 1469 de 2011, Decreto 2190 de 2009, Decreto 1160 de 2010, Decreto 1251 de 2006) que regula diametralmente el área o sistema de vivienda de interés social, su acceso al subsidio familiar de vivienda y el valor superior de la vivienda digna. Empero, lo anterior, no es óbice ciertamente, para la ilustración atinente y pertinente que corresponde, en procura de desatar con Holgura y suficiencia lo deprecado en el libelo petitorio, mediatizando como prefacio los siguientes presupuestos a guisa de derrotero normativo jerárquicamente ordenado.

La anterior es sólo la introducción de la referida respuesta que consta en 6 páginas de tergiversaciones, galimatías y pelotudeces monumentales de mala fe que buscan únicamente hacer incomprensible al ciudadano la respuesta que por derecho tenía a recibir en términos medianamente comprensibles o en un castellano, en el que seguramente el reptílico Asesor Externo no se comunica en su vida cotidiana.

Tal vez, al llegar a la casa exhausto, proveniente del trabajo, agotado de tanto proyectar derechos de petición y de someter a los ciudadanos a su incomprensible lengua dilatoria, éste chafalote y besugo le dice a su esposa "Doncella, tenga usted la donosura de llevar a punto de hervor las botanas y viandas que a las doce campanadas de la data, ha preparado usted como tentempié o piscolabis. Derrotero de mi petitum es que he sido víctima de una incordia importuna de la apetencia propia del infausto crepúsculo"


En términos más comprensibles para su vasto vocabulario: señor Ismael Cabrera García, su malintencionado hablar para dilatar y evadir responsabilidades lo que hace es confirmar que no es usted sino un cretino, asalariado, bueno para nada, fanfarrón, cucarro, gaznápiro, mameluco, necio, mamahuevos, pelón, ridículo, soso, sin vergüenza, ufanero, marrullero y tramposo.

martes, 11 de octubre de 2011

Sumatoria de coincidencias

Fue así como la excepción, se fue haciendo regla. Las exculpaciones desde la cabeza directiva de la Policía Nacional buscaban enviar un mensaje sólido a la comunidad indicando que los hechos que venían ocurriendo con alguna reiteración eran apenas casos aislados que no podían deslegitimar la percepción que la ciudadanía debía tener en una organización puesta, por excelencia, al servicio de la comunidad. Los hechos aislados siguieron ocurriendo y se fueron apilando unos y otros en una sumatoria heterogénea de delitos, faltas administrativas y disciplinarias, con el común denominador de que la víctima resulta siendo la población civil, y el victimario: miembros de la Policía Nacional, sin discriminar grado o dependencia. Es así como las disculpas institucionales se hacen hoy en día insostenibles. No puede hablarse de 'casos aislados' cuando en un lapso de ocho días los medios de comunicación tienen casi garantizado el cubrimiento de un nuevo escándalo protagonizado por un miembro de la Fuerza Pública. Aún así, los pronunciamientos oficiales son muy escasos.

Esta semana dos patrulleros activaron una granada de aturdimiento, que solo se ven en los juegos de video, en un barrio residencial de Bogotá sin ningún pretexto. Todo parece estar relacionado con una borrachera a comienzos de semana, misma semana en que un Subintendente le enseñaba a su esposa a conducir pero en estado de embriaguez. La lección al parecer incluía "como atropellar a dos menores de edad" Esto ocurrió en la localidad de Kennedy en Bogotá. Algo parecido ocurrió en el consonado caso de una Coronel que causó un aparatoso accidente de tráfico en el mes de abril al manejar en grado de embriaguez, justo una semana antes de que un Subteniente de la Policía emulara a su superior y se dirigiera contra un poste al quedarse dormido. Cuestión de tantos malos tragos no pueden ser solo coincidencias.

Con la mala suerte de que los casos 'aislados' no solo están relacionados con la falta de cuidado o con una borrachera irresponsable, faltas que a fin de cuenta solo conducen a sanciones administrativas y disciplinarias. La muerte de Diego Felipe Becerra el niño que estaba haciendo un grafiti en un puente vehicular abre de nuevo un expediente de uso desmedido de la fuerza y se vuelven a abrir heridas como la del Policía que mató a 4 jóvenes en una fiesta en un municipio de magdalena a comienzos del 2011 al parecer por querer evitar una riña, por cierto, alcohol de por medio.

No se pueden pasar por alto las 'coincidencias' ni se puede seguir pretendiendo enviar a la sociedad un mensaje analgésico que apenas clasifique los hechos como 'casos aislados'. La deslegitimación institucional y el rechazo social que enfrenta la Policía como organización es preocupante. Hay una falta de profesionalización de sus miembros y seguramente una estricta relación con elementos que pueden incidir en el comportamiento de los uniformados como el reclutamiento prematuro, el factor salarial de los miembros de la institución, las carencias en la formación académica y filosófica. También es prudente que la opinión pública abra espacios de debate y opinión sobre las condiciones en que se dota de armamento, el tipo de armamento, etc.

En todo caso, la sociedad extraña la ausencia lánguida y raquítica de un pronunciamiento Institucional de la Dirección de la institución y del Gobierno, que vaya más allá de apuntalar los hechos como una repetición coincidencial. De hecho, es el momento en que deberían aprovechar para enviar a la comunidad un mensaje sólido en el que se asuman compromisos concretos, en vez de andar jugando a la avestruz, escondiendo la cabeza para levantarla solo cuando las coincidencias dejen de ocurrir.

Se quedarán esperando...

jueves, 29 de septiembre de 2011

La estupidez y la codicia

(Soundtrack aquí)

A fin de cuentas y después de todos estos años he podido ver que el ser humano es una gran pila. Una batería cargada de energía que se transforma pero que no se agota, y si se agotare, su fuente de recarga es una sola: el dinero o todo lo que implique o represente riqueza. Al concluirlo, sentí la misma decepción que se siente cuando el martillo de la burocracia frustra mis minutos, mis colas de banco, mis intentos fallidos por radicar documentos, cuando el sistema está caído y todo colapsa.

La milagrosa historia de la conquista de Las Américas, es en sí la mas absurda y estúpida aventura que emprendió el hombre europeo continental con el fin de adquirir riqueza, representada en cualquier bien escazo o peculiar, en ese entonces. No podría ser el hierro, que abundaba en la región y en la época, pero si podría ser oro fundido o en forma de candongas, una arroba de tomates, pimienta de colores, o vasijas atiborradas de curry en polvo. Hoy, "superadas" las fases del hombre primitivo, siguen existiendo los mismos deseos afanosos del hombre, por acumular la opulencia, pero a tiempo presente la búsqueda tiene otros nombres, pero todos equivalentes, todo sea por la plata, esté reflejada en lo que esté para los tiempos del siglo XXI: apartamentos, carros, acciones en el Club el Nogal, acumulación de millas por sonarse la nariz, o incluso, la sola potestad de hacer lobby y cabildeo a cambio de recibir un favor, ante cualquier estamento. Eso es riqueza.

La afamada lucha de clases llamada "el motor de la historia" por el marxismo no es más que una discusión económica por como debería ser ejercida la distribución de la riqueza. El dinero, en cualquiera de sus manifestaciones, es el comienzo y el fin del ser humano. Sólo así se explicaría que por culpa del dinero dependa la clínica en la que nacemos y la calidad del ataúd en que se pudren nuestros cuerpos. Baterías de larga vida alimentadas por la codicia.

Algún día, cuando mi papá estaba en lo más avanzado de su enfermedad, todavía se discutía si podía salir adelante. Él era pesimista, siempre me corrigió diciéndome que lo único que sostenía esas historias heroicas de quienes pudieron sobresalir en casos como el suyo, y que yo le traía a colación para motivarlo, era la absurda obsesión por seguir viviendo...para seguir produciendo. La codicia hecha entrañas, sangre, enfisema y cáncer. No se si voy a conocer a alguien que se logre parar en la otra orilla, tan lejos de nuestra motivación avara por seguir respirando, con tal de producir.

La mala fortuna de los que nacimos a este lado del atlántico es que llevamos la codificación genética de las reses que representaron la colonia. Lo más podrido de Europa emprendiendo un viaje experimental que tuvo un golpe de suerte cuando divisaron tierra firme. Hoy somos eso: naciones sumergidas en una fábula, muy parecida a los libros de superación personal, llamada economías emergentes. Y seguimos siendo baterías que acumulan riqueza para no perder nunca la fuente de energía.

"Ríos de sangre...y todo por un sueño que ni siquiera era eso. "El dorado" fue sólo el más notable ejemplo de las innumerables leyendas nacidas en torno del oro y de sus desequilibrados y absurdos perseguidores. ¡Piénsese en el dinero y las vidas sacrificadas al galeón Tobermory, hundido en las proximidades de la isla Mull, que ha resistido los intentos realizados durante tres siglos para recuperar el supuesto tesoro de la Armada! ¡Piénsese en las expediciones a la isla de Cocos, en búsqueda del tesoro de los piratas! Súmese el costo en vidas humanas y en esfuerzo -échese la cuenta en dinero, si se prefiere- y el balance será índice de la estupidez humana, eternamente dispuesta a ganar el premio que la tontería merece siempre" Escribió Paul Tabori.

Solo espero que mi casa no quede hecha pedazos después de la estupidez y la codicia que ha venido a visitarnos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Algún día me compraré un país

Algún día me compraré un país,
será pequeño y de población corta.
Regimentaré a los ciudadanos
como mi discresión lo ordene,
impondré mis antojos
todo dependerá
del genio con que amanezca.

No habrá tal cosa que llaman patria
ni himnos,
ni escudos,
nos identificarán por algún distintivo
como el silencio
o la falta de interés en los símbolos.

Daré la orden de prohibir los pasaportes
nadie podrá viajar a ningún lado
pero recibiré visitantes despistados,
periodistas
y cascos azules.

En mi país seré un tirano,
el único que allí habite
pero me aclamarán las multitudes.
Estará prohibido celebrar que a otro lo priven de la libertad
y el desprecio por el ser humano
será el pecado capital.

No habrá multinacionales
y las empresas no tendrán departamentos de bienestar
ni esas tonterías
Se trabajará poco
y se ganará mucho,
los horarios de trabajo y de estudio serán cortos
cortísimos
hasta que todo colapse.
La insostenibilidad será mi único lema.
Pero recordarán
lo bien que la pasamos
en esa pequeña cuadra del globo.
En nuestra patria chica.

La comida en los hospitales
será la mejor y la más codiciada,
también la más cara.
Los periódicos serán frívolos
ojalá solo se informe sobre deportes
y tonterías.

Quedarán proscritos los programas radiales
en que solo se habla mierda que a todos y nadie interesa.
Solo habrá música,
la música que me gusta a mi
porque es mi país,
porque soy el dictador
porque seré un tirano.
Es más,
la música la pondré yo
no habrá otro Disc Jockey
solo yo
y quien yo designe.

La arepa será la comida nacional,
la arepa delgada
la que es crujiente.
No habrá derecho a réplicas al respecto.
Tampoco habrá derecho a oir vallenato
y quien lo oiga en público o en privado,
recibirá un pelotazo en la cabeza
y de espaldas
para que todos rían,
y el muy osado resultará humillado.
Que se atreva a repetir su hazaña.
Desvergonzado.

Porque es mi país
porque yo soy el supremo,
"Yo, el supremo",
como lo dijo Roa Bastos,
¡carajo!

Me compraré un país
lo haré frívolo a él y a su población,
será volatil y fútil.
Allí, la gente se preocupará por las maricadas
que le preocupan a las celebridades
y el único estado civil
será el de jubilado,
se adquiere con el nacimiento,
y no se hereda ni se transmite,
es un derecho absoluto,
a mi antojo.

Ni religión,
ni barras bravas.
Únicamente circulará la revista "Hola!",
para las señoras;
y "El Gráfico",
para los señores.
No habrá etiqueta
y se podrá andar descalzo
y desnudo,
se comerá marrano
con la mano
por virtud de un decreto
con fuerza de ley.

Quien se haga llamar 'famoso'
será mi gran enemigo,
y los lustrabotas
serán héroes nacionales,
serán condecorados
mientras la plata alcance,
para sostenerlos
como sostiene un país de verdad
a sus veteranos de guerra.
Solo llegarán a tal honor
los mejores
y ser anciano da puntos extra
que otorgará con capricho
el mejor jugador de parqués
de este país mio.
¿Por qué?
Porque sí

En el país que algún día me compraré
todas las mañanas habrá neblina
y habrá una fábrica gigante,
desproporcionada
que preparará el café,
y de sus chimeneas
ambientará el país entero
a ese olor montañero.
Y se comerá arepa
con quesito antioqueño.

Y a mi no me llamen Presidente,
yo solo soy el dueño
de mi país.

Incendios (Parte II)

(Soundtrack)

...Israel no salió del centro comercial. Con su nueva tarjeta en un bolsillo y su cédula falsa en el otro, ingresó a uno de esos almacenes de venta de objetos para el hogar, para los constructores de profesión, de gusto y de resignación. No escatimó en gastos: en el carrito llevaba tuberías de media pulgada, metros de mecha, y kilos de estopa; fósforos, un tarro de líquido inflamable. Un coctel extraño. El valor de la compra superaba el salario mínimo del país.

Diana Manrique se comunicó con Doña Mónica, le dijo que la demanda estaba lista para interponerla ante el juzgado pero que no lo haría hasta quee le cancelara los honorarios restantes. Le hablaba con un mal genio evidente. Un tono prepotente. Mónica se mordía las uñas, los 50 mil pesos que faltaban los tenía, pero no los 100 mil adicionales que exigió la abogada, pues según ella, la demanda se había tornado más compleja y dado el afán y otras arandelas que todavía no logró entender Mónica, el precio había subido, como suben de precio la cebolla junca y el tamarindo en pulpa en la plaza de mercado, igual hay que pagar por ellos, así había que pagarle a la abogada. Dionisio, un vecino, le prestó el dinero. Mónica lo llevó donde su abogada, bebé a cuestas, y saldaron las deudas. Las de antes y las de después. Las pactadas y las leoninas, las justas y las disgustas. Lo que nunca supo es que la demanda se la rechazarían a la abogada por falta de requisitos formales. Se enteraría después.

Ya había perdido el afán, ahora se encontraba más tranquilo, caminaba con parsimonia por los callejones del supermercado tomando lo que necesitaba y depositándolo en el carrito, silbaba bajo, echó un paquete de dulces ácidos para su hijo. Hizo la fila en las cajas, enseñó su tarjeta de crédito con orgullo, olía a plástico recién horneado, seguía silbando mientras salía por la puerta cargado de bolsas de plástico cuando fue abordado por dos agentes de seguridad del centro comercial y dos policías. Le pidieron que les enseñara un documento de identificación y el pobre viejo Israel, con las manos temblorosas, empapadas en sudor, apenas se atrevió a preguntar para qué los documentos. Las autoridades insistieron, escupían impaciencia y mal genio como si ya lo supieran todo. Ante la insistencia, el viejo Israel sacó un documento de identidad: José Vicente Lemus Albornoz, nacido en Yopal Casanare, en el solsticio de invierno de 1945, cuando la segunda guerra se terminaba. Los agentes no sabía que se llamaba Israel, según el documento él era José Vicente Lemus Albornoz, pero él era Israel, en la tarjeta de crédito que recién había utilizado decía que era José Vicente Lemus, pero él era Israel. No pudo importarles menos. Las manos atrás de la nuca, lo encadenaron con las esposas y fue conducido a la Fiscalía para legalizar la captura de José Vicente Lemus Albornoz (Israel) por falsedad en documento público y estafa en grado de tentativa.

Ya habían pasado dos meses. Como no fue liberada la afectación del patrimonio de familia inembargable, la venta se había caído. Ahora el negocio era de otra persona. Doña Mónica lloraba iracunda mientras llamaba 5 y 6 veces al despacho de la abogada Manrique. El teléfono repicaba y repicaba, se hacía infinito el sonido en la bocina, nadie contestaba en la otra orilla, nadie atendería la vocina del otro lado, era un mensaje en una botella que no iría a parar a ningún lado, naufragaría como naufragaban sus intentos desesperados de contactarla. En la recepción ya no aparecía el aviso que acreditaba a Diana Manrique como la abogada de la oficina 813, el espacio estaba vacío. Se había esfumado de la faz de la tierra, un acto de magia, un comportamiento digno de la mala imagen que su gremio se había acreditado durante años. Mónica maldijo en frente del recepcionista, se habían ido los 200 mil pesos que le pagó por los honorarios, se habían ido los sueños de tener una casa de dos pisos, de vivir con su cuñada Tulia y su descendencia, de dar pasos de elefante, de tener un tejado por donde no se filtraba el agua. -Vieja ladrona, la muy hija de puta- dijo en frente de la recepción y se marchó mientras caían las primeras gotas de lluvia de la tarde.



lunes, 12 de septiembre de 2011

Hay públicos

En los conciertos, como en la humanidad se ven demasiados tipos de audiencias, demasiados públicos:

Hay públicos agradecidos que chiflan y rebosan de exaltación y éxtasis. Se ampollan las palmas de tanto chocarlas, una y otra vez. Al tiempo que hay otros públicos demandantes y exigentes, que no se lo piensan mucho, sólo contragolpean, de modo que cuando unos reconocen, ellos restan. Siempre se sentirán vacíos en algún lugar. Sus antagónicos, en cambio, se tatúan recuerdos felices por siempre y para siempre.

Hay públicos sensatos que logran interpretar los pros y los contras. Procuran ubicarse en un llano distante de la vara de la perfección. Con el lápiz rojo en mano, intentan ser moderados al poner la nota. Los calificativos no desbordan como cascada, son solo cautos y críticos. Retribución justa para quien merece lo que merece. Van y vienen del 3.5 al 4.5. No más lejos, no más cerca.

Hay públicos desmesurados que haga lo que haga su ídolo, lo apoyarán como un fiel escudero. Le toleran las excentricidades más irracionales. Hablen el idioma que hablen, le aplauden. No es cuestión de entenderlo, es cuestión de oirlo. Públicos que, si el silencio se lo permite, aúllan y braman con fuerza para que el artista les oiga, como quien cumple con la contraprestación firmada: tu cantas para mi, yo rompo mis cuerdas vocales para ti.

Todos tienen derecho a rebuznar o a chiflar en delirio hipnótico. Todos tienen derecho a ser el público y la audiencia que les convenga o con la que se sientan cómodos. Yo francamente, no he podido ubicarme en uno solo de aquellos especímenes, los definidos y los que queda por definir. Supongo que sólo me corresponde pararme del lado del biotipo que se entrega en alma al concierto, al que se desvive en el físico, puro y duro tributo a la música: cantarla y bailarla a viva voz.

Lo que no soporto es que haya públicos que todo lo dan por hecho sin detenerse, con la morbosa y deliciosa manía de pensar de dónde proviene cada detalle de un producto que ya está fabricado para su consumo. Para ellos no tiene relevancia que el sonido sea impecable y que incluso la vibración de un platillo insignificante, en un foro de 40 mil espectadores al aire libre, suene como ha de sonar en un cuarto cerrado. Para ellos no tiene relevancia que las pantallas destilen efectos esquizofrénicos que ayudan al soporte audiovisual del espectáculo, videoclips, implosión, multimedia, la representación visual del contenido de una canción, hecho arte. Poco les importa que la banda esté afinada hasta en el paraje más remoto del pentagrama. Filuda, como el engranaje de un reloj. Qué les importa que el hombre haya descubierto la rueda, que haya viajado al espacio y que 100 pares de manos hayan trabajado antes en el producto final, en el pan del desayuno que se come automáticamente, por que para ellos desayunar es una cuestión de hábitos, no por que represente el goce pagano que tiene mojar la harina y levadura hecha pan en el café que humea caliente.

Solo puedo sentir compasión de los que salieron decepcionados del concierto de los Red Hot Chili Peppers en el que lograron poner en un marco, en esta geografía nuestra, tan autóctona, un pedazo del rock and roll de los años 90 en tiempo presente, en una escena que se congeló en el tiempo, anacrónica, inmortal y para siempre.

Arte hecho música y música hecha arte.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Incendios (Parte I)

(Soundtrack)

Parte I

Israel se presentó con una cédula falsa a tramitar una tarjeta de crédito. Era tan plástico el documento que el agente sonrió, se paró del escritorio e inmediatamente avisó al departamento de seguridad para que hicieran la investigación según lo ordena el protocolo. Israel lo miraba y el banquero aún sonreía, la boca corta, hipócrita. En medio del disimulo, a Israel se le dijo que se acercara al día siguiente para recoger la tarjeta de crédito. El funcionario de nuevo sacó a relucir la mueca mojigata. Enseguida, una vez se marchó el hombre, el departamento de seguridad del banco coordinaba con los celadores del super mercado donde se encuentra la sucursal del banco la estrategia para avisar a la policía y capturarlo al día siguiente por falsedad en documento público. Una última risa diplomática, como un conejo que deja ver los dientes frontales. Israel salió del lugar con el diafragma expandido, la barriga a sus anchas.

La abogada Diana Manrique atendió en su despacho a doña Mónica, una mujer dedicada al hogar y a dos hijas, una apenas gateaba, la otra tenía la edad en que se comen los mocos que burbujean y asoman por la nariz. Doña Mónica necesitaba que su casa de tejas de eternit, la que compró con su marido con el esfuerzo con que compra la clase media-baja colombiana, fuera desafectada de una medida jurídica que la hacía inermbagable. El trámite se debía a que tenían una oportunidad única de, por fín, comprar la casa de dos pisos con la que soñaron siempre, lo que obligaba a levantar el llamado "patrimonio de familia inembargable" para proceder a la compra. Cosa de abogados. -Bendita sea mi madre Lucrecia- rezaba Mónica cuando se enteró de la ganga -Bendita sea mi madre misericordiosa- repetía.

Don Israel llegó a la hora y fecha acordada con el agente del banco. Llevaba puesto un saco de lana azul percudido, unos pantalones cafés a los que le escurrían gotas de pintura seca y blanca que olían a una mezcla entre formol y taller de carpintería, como al acerrín árido. Estaba convencido de que el crédito era suyo. Su cabeza estaba adornada por un mar de pelos cortos, blancos, atornillados a ésta, como luce cepillo para lustrar botas. Cepillo que supo utilizar durante los primeros años de la década de los 80 cuando la situación estuvo dura. Culpó al Presidente Belisario, culpó a los comunistas. Culpó a la decendencia de los Kennedy y al Movimiento 19 de abril. Le sudaban las manos, no solo estaba nervioso, lo parecía. Israel era un tipo de varios oficios, tenía 62 años y ya conocía la minucia y el arte de los oficios varios. El crédito era suyo. Israel ha sido independiente desde que su padre lo abandonó a él y a sus 14 hermanos, la mayoría de ellos con nombres irrepetibles, como Viruelo, Fulgencia y Agripina, la mayor. Frotaba la palma de las manos, mientras aguardaba paciente.

La doctora Diana Manrique aceptó llevar el trámite que necesitaba la señora Mónica. El asunto era realmente sencillo: demanda ante la jurisdicción voluntaria, admisión, sentencia y honorarios. Pan comido. El pan estaba servido en la mesa, Mónica vació la olla de ague'panela en los pocillos, dejó a su hija mayor en la escuela y a cuestas llevó a su hija menor, la que gateaba, no la que se los comía mocos. La cita con la abogada Manrique era a las 8:30. En Bogotá, para no ser ajenos a la rutina, llovían agujas de agua, las que más mojan. El Bus Restrepo-Germania estaba a punto de desbordarse de cuerpos y cabezas humanas que escurrían agua a cántaros, como cascadas de carne húmeda que olían a un collage de verduras, tierra, café y campo. Como al olor de la patria chica que entra por las ventanillas del carro cuando se huye de la capital. Como a ese tufo que expele el campo recién duchado, el que ingresa al carro cuando los chicos bajan los vidrios para sacar sus cabezas y escabullir sus melenas, rompiendo contra el viento. El bebé que aprendía a gatear estaba estampado contra los pechos de su madre, la mano izquierda de ella estaba aferrada al paral superior de la cabina del bus y Mónica, entre tanto, memorizando un discurso sobre como pedir misericordia en caso de que los honorarios fueran más de lo que podía pagar.

Don Israel tomó asiento. Firmó dos formatos que hacían falta y se saboreaba cada vez que el agente se paraba de su lugar para regresar con más formatos, más fotocopias y más trámites. Lamentó su suerte. Después la bendijo. Recibió copia de la solicitud, la cédula falsa que creía había pasado desapercibida, un folleto sobre el uso adecuado de las tarjetas de crédito, y plástico en mano se paró del asiento estrechando la mano del agente y siguió, conforme el plan. No hubo sospechas -pensó-

Mónica no tuvo que dar mayores explicaciones. La abogada Manrique comprendió que la situación era apremiante: los comunistas, el M-19, la familia Kennedy, Belisario. Se fijaron cien mil pesos de honorarios y un anticipo de cincuenta mil para comenzar. Se firmó el poder. Doña Mónica agradeció la benevolencia de su nueva abogada. Le rezó a su madre bendita Lucrecia. Preguntó por cuánto podía durar el trámite ya que los tiempos eran estrechos, si no levantaba el patrimonio de familia inembargable se exponía a que el vendedor de su casita añorada de dos pisos, donde cabrían Tulia, su cuñada, y su descendencia, arreglara con otro cristiano. La doctora Manrique sonrío con prepotencia y habló de dos semanas, un mes a lo sumo. -Bendito sea el niño jesús y mi mamacita Lucrecia- la emoción la embargaba, ¡quien lo creyera...!

domingo, 28 de agosto de 2011

Collage

(Click aquí para banda sonora)

Como el más primario de los actos:
querer romper el concreto con los nudillos.

Visitar a la abuela
no por que se quiere,
sino por que toca.
Sonreír cuando todos lloran,
lamentar lo que no todos lamentan.
Romper el asfalto con los puños,
fracturar las muñecas.
Tener licencia para perdones infinitos,
que algún día se agotarán.
Y a cambio: el dialogo y la comprensión
para explicar los malentendidos
y el amor más simple,
el más honesto.
No poder comprar una sola propiedad del monopolio.
Tirar los dados de nuevo, y
arruinar toda la abnegación cuando se pisa una propiedad ya adquirida.
Adquirir los poquísimos defectos del gran mentor
y luchar a muerte por tener sus virtudes,
las que lamentablemente no fue posible heredar.
Hacer trizas los pasados,
los que quedaron crudos,
para reír a carcajadas en futuros infinitos
construidos con coraje.
Llorar sin disimulo
por esas tonterías inexplicables
o por la nostalgia vacía
que dejan los suspiros sin remitente.
Y en un noche de agosto,
fusilar los poemas de Abad Facionlince,
fusionarlos con los de Mirta Aguirre,
la que conocí por un anónimo,
para ganar la admiración del anonimato,
el mismo que me abucheará algún día
a oscuras.
Muy posiblemente
pasado mañana,
o qué se yo,
compraré un Televisor que no necesito
y gastaré mi dinero como un cáncer
solo para sentirme mejor.
Soñaré con jugar bien tenis
y de nuevo a las frustraciones,
para estallar como volcán
para terminar
queriendo romper el concreto con los nudillos.
Hasta que un buen día
cumpla cada una de las promesas hechas,
como aquella que hice:
"no golpear nunca más el pavimento con los puños"

Eso es un collage

martes, 16 de agosto de 2011

Boomerang

(Soundtrack)

Desde que te fuiste el mundo no ha cambiado mucho. Cambian los personajes, los rótulos, los títulos, pero los fenómenos siguen siendo básicamente los mismos.

Desde que te fuiste, Uribe no para de joder. Es un bote que se hunde. No por su persona, su persona está intacta a pesar de las canas. Es su imagen, lo que representa. Menos deidad y más humano. Menos Dios y más equívoco. Bueno, a mi juicio, él si que es una cagada latente. Una tras otra. Pero eso es para discutirlo. La verdad es que, celular en mano, el tipo es un desastre, trina y publica sus comentarios insostenibles, todos injustificables. Todos pesados como el mármol. Todos pérfidos y todo a su alrededor se cae y se hace ruinas y añicos. Sabas, Arias, Edmundo Del Castillo, Bernardo Moreno, Noguera. Todo se desvanece. Un rey midas, a la inversa.

Pocos éxitos ha podido recoger y la fecha de cosecha viene con fecha de vencimiento. Desde que te fuiste, lo más cercano a una victoria uribista posiblemente fue la judicialización de Nicolás Castro, el estudiante que 'amenazó' a Tomás Uribe. Nadie ha podido saber si eso es una amenaza, o un delito. Indignante que los sistemas de inteligencia sólo sirvan cuando se trata de los hijos del presidente. Fue objeto de críticas y de burlas.

Las burlas las encabezó Daniel Samper Ospina. A mi juicio es un bobalicón que se autodenomina humorista. ¡Que caradura! Jugar a ser irónico será siempre la salida más fácil para ocultar las pasiones que mueven al hombre, y entre ironías y sarcasmos, camuflado, dispara para todo lado. Es un humor al que le falta demasiado carisma para llamarse negro. Es un humor destructivo que solo puede partir y culminar en los defectos físicos de la gente. Un petardo, pero mueve masas.

No estabas acá cuando eso pasó, pero hace solo unos días algún cerebro con un perfil ideológico cualquiera ingresó a la cuenta de twitter del mamarracho ese. Publicó datos reservados, bases de datos de la revista que dirige y quien sabe que más cosas. Samper Ospina denunció y fue cuestión de horas: ya tienen detenido al tipo. Era un Samper primero que nada y antes que todo. Eso sí. En su caso particular, se sinceró, salió en los medios, se atrevió a extraer las moralejas más obvias con voz de niño triste. Cuando se trató de Uribe, el arlequín hizo un circo. Clásico. Hoy, de a pocos el uno se convierte en lo que más detesta del otro.

Y es que en verdad nada cambia: Gilma insiste en las cadenas perpetuas. Colombia gana sufriendo, pierde cuando juega bien, gana cuando juega mal, la eliminan cuando la ilusión está en grados nocivos. En Argentina seguramente reelegirán a Cristina. Los pobres más pobres y los ricos más ricos. La bolsa sube, los brokers se tiran a los trenes. La bolsa cae, los brokers se hacen millonarios. Los jueces contra el Gobierno. El Gobierno contra los jueces y el Congreso, ahí. Straus-kahn sigue en juicio. Federer sigue perdiendo y Djokovic sigue ganando. En Somalia hay epidemias de cólera, la gente se muere de hambre ¡menuda novedad! En las elecciones para alcalde juegan los de siempre: Peñalosa, Mockus, Petro, izquierda, centro, derecha. Un monologo, todo se repite una y otra vez...igual que siempre.

Nada ha cambiado desde que te fuiste. Tenía pensado escribir sobre todos estos temas. Lo que no tenía pensado era invocarte, pero el viernes vi una película que te hubiera encantado. Ayer soñé contigo. No fue grato despertarme. Al medio día recibí una cámara que habías mandado reparar antes de irte. Vi videos que habías grabado, y ahí todo se fue a la mierda.

Que tengas buena noche...acá todo sigue igual

lunes, 25 de julio de 2011

Cuento de hadas

(Soundtrack aquí)

Lo poco que queda del equilibrio de este país está apoyado sobre los hombros de aquellos colombianos abnegados que se dedican a hacer los oficios que otros colombianos con más dinero simplemente no somos capaces de hacer. Muchos nos ahogaríamos en los oceanos de las autoestimas y los egos en el momento en que algún buen día, la vida y su justicia selectiva, buena para nada, decidieran que es hora de que carguemos un trapero en una mano y un destapador de inodoros en la otra.

Precisamente a aquellos me refiero, a los que entre el desprendimiento y la resignación lavan baños y calzoncillos de un grupo familiar de extraños, desatoran la basura que queda entre las tuberías, abren y cierran mecánicamente las puertas para que los inquilinos no se molesten en empujarlas. Los que entre la infelicidad y la simpleza, limpian las joyas de plata de otro, joyas que nunca llegarán a tener. También los que cortan el césped de jardines que son más grandes que la pieza en la que habitan. Los que lustran los zapatos de un millar de desconocidos mientras compran a cambio, unas monedas y un lumbago insoportable.

Este país es pesado como el acero. Igual, sobre los hombros de estos buenos muchachos reposa todo ese peso. Si este fuera un lugar decente un plomero cobraría un ojo de la cara. Solo verdaderas celebridades se darían el lujo de tener una empleada encargada del aseo. En algunos hogares de Colombia trabajan de a pares y aún así no dan abasto. Sus hombros igual son anchos y firmes, soportan ese peso y el mío, que con los años gano kilos. Me hago cada vez más pesado porque para ser honestos, aspiro a ese estilo de vida, de empleadas, conductores y sirvientes. Esas son las cosas que detesto de mi, pero esa es otra discusión.

Otro rasgo de la relación gamonal-jornaleros que un genio logró mitigar usando las expresiones "empleador" y "trabajador", es que además de verse beneficiado por sus manos ampolladas y por sus labores de mierda, uno suele descalificar la labor de estas personas cuando no se llega al punto de satisfacción, que sea dicho de paso, es inalcanzable. Eso me pasó con el nuevo celador que llegó a mi edificio: le cargo bronca por que no saluda con una sonrisa, apenas saluda. Un auténtico hijo de puta en mi idioma.

Ese mismo individuo que apenas musita entre los dientes el "buenos días" que yo exijo oir al atravesar la puerta, me abordó esta tarde. Me preguntó que si era abogado. Yo asentí. Me contó su caso. Sigo conmovido. Se trata de uno de esos "heroes de la patria" voluntarios del ejército. Terminó calando en algún chiquero en el orto del Caquetá. Como contraprestación a su servicio y como muestra de gratitud, el Ejército Nacional lo echó por que contrajo Lesimhaniasis sirviéndole a la patria que defendió durante 8 años. A esa patria que no roba a Luis Carlos Sarmiento Angulo sino a las víctimas del invierno y a los contribuyentes que pagan a tiempo sus obligaciones fiscales.

Para mi, el celador seguirá siendo un vergajo sin buenos modales: al final de la consulta casi que no me da las gracias. Pensándolo bien, el hombre tiene la razón en no estar agradecido del todo: me contó su caso y yo solo pude encogerme de hombros; fruncí el ceño y le expliqué que si lograba hacer esfuerzos para contratar un abogado, con seguridad tendría un proceso judicial tan incierto como ganarse el baloto, y cuya única garantía es que la sentencia saldría en mínimo ocho años.

No hay final feliz...

domingo, 17 de julio de 2011

¡Maldito Deporte!

Soundtrack aquí

Para el momento en que estoy escribiendo esto, el partido entre Brasil y Paraguay de la Copa América 2011 me dio una vez más la razón. Maldito, mil veces maldito sea el fútbol.


Esta historia nos remite a una histórica comparación entre las invenciones atribuibles al pragmatismo de los Estados Unidos y la sicótica manía de los ingleses por crear las formas más complejas para todo, incluídos los palos de golf, el timón del interior de los carros a la derecha, el naipe con sus A's, K's, Q's picas (¿picas? ¿quién carajos ha visto las picas?). Por supuesto, mi amado fútbol hace parte de este análisis.

Temporada 2010-2011 de la NFL: Los Green Bay Packers venían jugando una temporada sólida en cada departamento. Al mando, un joven pero experimentado Quarterback, Aaron Rodgers, lleno de experiencia y un maletín de vivencias y aprendizaje al lado de Brett Favre. Durante toda la temporada fueron consistentes, apenas perdieron 6 partidos. En la postemporada jugaron a otro precio y no hubo un equipo que los superara, ni en yardas logradas ni en yardas permitidas: la esencia del fútbol americano. Justos campeones ante los Pittsburgh Steelers.

Temporada 2010-2011 de la NBA: Dallas Mavericks fue consolidando su equipo a lo largo de la temporada regular. Sin llegar con el mejor currículo, cuando se trató de los playoffs no tuvieron rival. No fueron los Lakers a quienes trituraron en cada partido que jugaron, no fue el Heat de Miami, con Bosch, James y Wade en las finales. Dirk Nowitzki dio cátedra de precisión en sus tiros bajo presión. Terry y Barea jugaron un Basketball memorable. Fueron justos campeones.

En la ATP, van corrido del año 7 meses y 17 días y hasta ahora Novak Djokovic ha sabido perder un solo partido, frente a Roger Federer en Semifinales de Roland Garros. De resto, nada ni nadie ha sabido detenerlo. Nada ni nadie ha jugado mejor tenis que él. Consistencia en sus golpes, movilidad de piernas, concentración máxima. Una máquina que golpea en los momentos cruciales que ha llevado su juego al máximo nivel. Actual No. 1 del mundo después de la hegemonía irrompible del tándem Federer-Nadal.

Y así...el mundo deportivo está lleno de ejemplos sobre como los campeones son: sí, y solo sí, los mejores.

El fútbol, estoy convencido, es el deporte más lindo del mundo. Pero reconozco que cuando lo afirmo con la euforia con que lo hago, represento a esa mujer cobarde, incapaz de sacudirse de su pareja. Ese que la maltrata, la confunde, la golpea, la humilla y cuando todo está a punto de irse para el carajo, ella, piadosa, vuelve y acepta a su consorte, lo perdona, lo consiente. El ciclo se repite sin misericordia.

¡Maldito deporte! es el único en el que mejor no tiene asegurado nada, ni siquiera ganar. El fútbol es un deporte lleno de metafísica y de intangibles de mierda que hacen que todo y nada sea predecible, que todo y nada sea posible de explicar. Por eso no importa nada que seas el mejor en lo que haces en el fútbol: juegas contra un equipo de obreros con orden y oficio que desbordan un tal concepto que llaman 'garra' y te trituran al minuto 93 del segundo tiempo.

En el partido de cuartos de final de la Copa América, Colombia pegó 3 tiros al palo, desperdició un penalty, arrasó en la posesión del balón. No fue su mejor partido, de hecho jugó mal en comparación con sus otras presentaciones, pero sin duda pasó por encima de Perú. Bastó un mal rechazo de Neco Martínez, Lobatón dispara fuera del área, y gol. Mis nervios hechos trizas, mis ilusiones rotas y mi fe en el fútbol quedó tan lejos como ese lugar geográfico que ocupa 'la mierda'. Reto al señor Lobatón, autor de esa delicia de gol, a que repita ese tiro en 10 ocasiones. Solo habría entrado ese día, a esa hora, en Córdoba y contra Colombia. ¡Maldito deporte!

Luego salieron los resultadistas, furibundos. Otros pidieron la renuncia del Director Técnico, nada es su culpa a mi juicio. La intolerancia se justifica cuando se derrama la primera gota. Los argumentos poco importan. Pareciera que la sola existencia de Bolillo Gómez emitiera una radiación de intolerancia en su contra. ¿Y si Falcao hubiera anotado el penalty...?

El fútbol es un deporte del que solo pueden opinar con propiedad quienes lo han practicado, y se han jugado algo, pequeño o grande pero algo. Ellos saben lo impredecible que es todo, los demás, llenarán las páginas infructuosos. No hay más análisis más allá del encogimiento de hombros, suele ser la mejor respuesta cuando se habla de fútbol.

Ha concluido el partido entre Chile y Venezuela. No bastó la eliminación de Brasil sin anotar un solo penalty. No bastó la eliminación de Colombia...A esta hora, Venezuela ganó 2-1. Chile, como consuelo, ha jugado realmente mejor. ¡Maldito deporte!

jueves, 7 de julio de 2011

Qué lindo es el fútbol. Qué raro es el hombre

Ese día mi viejo estaba ahí, estampado en un sofá de la oficina tomando café, discutiendo cualquier cosa. Era increíble presenciar esos momentos en que al tipo le llegaba una idea. Se emocionaba, la desarrollaba, cambiaba su postura, tensionaba los hombros, arqueaba la espalda y hablaba y hablaba, coherente, impaciente, hablaba, acertaba, hablaba y volvía a acertar, una vez más. Verlo agarrar una idea era un placer. Era una máquina de generar pensamientos. Ese día, estabamos hablando de fútbol.

"Vos no te imaginás lo raro que es el fútbol, lo raro que es uno" -decía- Yo me incliné a oirlo, le puse atención, no lo interrumpí, solo me dediqué a oirlo pensar y a verlo hablar. Se me guardó eso que hablamos. Hoy, por los santos menesteres del derecho, por ser su sucesor legítimo y por tener la suerte de haber estado ahí con él, voy a escribir en mi blog: Por qué el fútbol es tan raro. Por qué a los que nos gusta el fútbol somos tan raros. Parafraseando la Biblia, esta es la palabra de Carlos Mejía según Alejandro. (Todos de pie)

Todavía no he conocido el primer fenómeno social que genere -como lo genera el fútbol- una reacción tan absolutamente irracional en el comportamiento del ser humano. Hecha la afirmación, confieso que yo también contribuyo activamente con ese comportamiento de chimpancé que analizaba alguna vez mi viejo.

...Es la víspera del partido de fútbol más esperado. Unos días antes, uno, que es un apasionado por este deporte absurdo se prende de las noticias, oye el análisis de los comentaristas expertos, los ve discutir entre sí, discute con ellos. Cuando empieza la novela, apaga el TV y prende el radio, sigue oyéndolos disctuir. 4-4-2. Que no, que 4-1-4-1. Puede ser, mejor 3-4-3. De acuerdo. Mejor atacar, mejor defender. Atacar defendiendo o defender atacando. ¡Vaya melodrama! Pasan los días, se acerca la noche del partido, el bagaje, el análisis, el patriotismo.

...En el estadio, en el partido de fútbol más esperado. Uno, que es un apasionado, lleva un radio AM/FM sintoniza la cadena radial, llega con 2 horas de anticipación, empieza a oir a los periodistas, leen la nómina que inicia. Los oye analizar, los oye teorizar, especulan, debaten, se rasgan las vestiduras. El patriotismo se asoma, se cantan los himnos, me pongo de pie, la mano al pecho como enseñaban en el colegio. Termina el himno, aplaudo, puteo. Los más introvertidos gritan "¡Vamos Colombia carajo!" Vuelvo al radio, la pelota rueda...

...Termina el primer tiempo, vuelvo al radio, los oigo hablar, analizan la primera mitad, invitan a otro experto, se habla de fútbol, todo es fútbol. Uno le habla a un desconocido que tiene a la derecha, lo oye dar su versión del juego con pasión, de golpe uno recuerda que en ninguna otra circunstancia habría hablado con ese señor de la cicatriz que le atravieza la frente y el ojo izquierdo. Termina la charla, vuelvo al radio, cambio de emisora.

...Segundo tiempo. Uno, que es apasionado al fútbol sigue prendido de la radio. Los oye gritar, los oye gemir, los oye especular. Termina el partido, prendo la tele, los oigo hablar, los oigo analizar, que por qué ganamos, que por qué perdimos, los 3 puntos sirven, la conferencia de prensa, habla el Técnico, se para, habla el capitán. Uno, que es apasionado al fútbol pone el canal argentino, "oigamos que dicen los muy hijos de puta" los oye hablar, ellos analizan, ellos hablan de por qué perdieron, "Colombia hizo ver mal a la Argentina" uno sonríe. Uno se desvive por este fátal accidente que se llama fútbol.

Pasan las horas y los días y uno sigue leyendo portales, análisis, blogs. Y uno, que es apasionado al fútbol, pareciera que a fin de cuentas se dedica únicamente a ver, leer, escuchar, y comprender lo que todo el miserable mundo tiene qué decirle a uno sobre el fútbol, nada más parece importar. Eso decía mi viejo.

Con razón Albert Camus decía: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" Yo también.


lunes, 27 de junio de 2011

Querido Padre

Tu excelencia, esta vez me da la certeza que tu recuerdo también está para romper las rachas, las negativas, preferiría que se tratase de las rachas negativas.

(Soundtrack)

Decidí volver a escribir. Por ti dejé de hacerlo, que no es lo mismo que afirmar que fue por tu culpa, y como están condenados a culminar los ciclos, ante tanta tontería y como si fuera una regla universal, por ti vuelvo al hábito de antes. Esta vez decidí desempolvar la maquinaria rústica de la que cuelgan viejas telearañas. Olor a moho y pino húmedo. Olor a esos muebles de cuero corrugado de antaño, como el de la casa de las tías. Esos muebles que ya tenían aberturas y del que se desprendía el relleno de espuma.

Espuma. Es una buena palabra para describir los recuerdos y la nostalgia de cuando vienes y vas, como la espuma. Este fin de semana anduve por carretera y te recordé tantas veces. Copas el tiempo y los espacios, eres un recuerdo y eres materia. Papeleta y algodon. Abrir la ventana y el perfume de esta conmovedora patria chica que se cae a pedazos, me recuerda a ti. Sin motivos racionales, solo los pasionales, los que te ponen la mano en el corazón y el corazón en la mano.

Libro, ideas, nostalgia, música, mangos biches. Estas por doquier, te esparces y te transformas. Lágrimas, precipicio, más música, limón y sal. Eres inspiración de mis días y mis noches y nada que alcanzo a ser una décima de lo grande que fuiste. Te lo dije el día que te fuiste de este mundo corrupto y anacrónico congelado en la misma escena de violencia en que se mata por 'quien sabe qué': "serás todos los tiempos verbales, serás una imagen a color". Para este entonces imagino que visitas otra vez Cuba que tanto te gustó a pesar de los prejuicios.

Mientras el sol, leí algo de Oliver Sacks y me acordé de ti. Imprescindible. Música que retumba y suena en la cabeza, una y otra vez. Que amargura no poder comerme un limón contigo. ¡Que falta haces carajo! Llenas mis espacios pero no estás por ningún lado. Maldita sea el día que mi espiritualidad se fundió en este mundo implacable en que vivo, donde sólo lo perceptible ordena la realidad. Mil veces puto sea mi esceptisismo y otras mil veces puto sea el día que te fuiste del mundo real, del mío, el único que tengo y el único que me queda.

lunes, 2 de mayo de 2011

In memoriam

A la memoria de Carlos Eduardo Mejía (1954-2011)


Cuando me encontré con la mediocridad de las palabras y ya era demasiado tarde para renunciar al mandato de preparar este discurso, fue cuando acaté que también mi papá me echaría una mano con semejante reto. Fue cuando acudí a un poema que él nos escribió a Camilo y a mi para desatar la inspiración porque el fin de estas palabras no es otro que preordenar su recuerdo en la memoria y guardarle a él y a sus enseñanzas un campo que jamás envejece, al que no le pasa el tiempo.


Y él nos escribió esa vez:


“Cajita de música

cofre de sorpresas
globo, serpentina

loqueto que sudás a mares

que pateas balones en las noches y en el día

Sonrisa de cielo

Inocencia maliciosa,

Ojos color café clarito, caprichoso y consentido


Niño metido a grande

Que detestás las ridículas ideas de los mayores

Porque simplemente te parecen infantiles
"


Yo les diré, sin pretender siquiera producir una sola gota de júbilo como despertaban en uno sus palabras, que mi papá es la más parecida aparición de una sabiduría inagotable, él representará por los siglos el valor inmenso de la sencillez y la pausa. Cuando pienso en él se me viene a la mente un hombre sin enemigos y sin rivales, cuyos conocimientos eran un libro abierto que nunca se guardó, era un libro abierto que compartió, sin cobrar por las consultas, sin recelo a monopolizarlas, sin arrogancia para imponerlos. Conocimientos sobre la profesión, la humanidad, sobre la vida misma.


Y no solo aprendí yo, aprendimos todos los que lo rodeamos. Un profesor honorario de las tonterías de la vida, las más trascendentales y las más banales. Me enseñó la canción de John F. Kennedy, me enseñó a tomar un pousse café al final de las cenas, a no manejar carros ajenos, me enseñó quien era Jacques Brel y me enseñó a apreciar las letras de Joaquín Sabina. A respetar mayores, a escribir corto y a referirme a los jueces con sublime respeto. A mirar siempre a los ojos a quien se habla, a ser hermano fiel, a ser buen hijo y a dedicar serenatas.


Volvió a escribirnos en aquél poema:


Porque tú, con tu mayoría de edad de 9 añosen eso parecés la fotocopia de tu hermano;

preferís las ciclas y las muchachas de pantalla

gozás con el humor de los señores:

sabés adivinanzas y echás cuentos vulgares
y andás parejo con tu guía y tu modelo

ese, el mayor, tu héroe admirado

amigo del alma y enemigo en brusquedad,

ese mismo, al que siempre perdonás

ese, tu afecto, por quien siempre abogarás

tu llave y tu compa, casi púber

joven ya, si no fuese por su corta edad


Y pa, cuando me preguntes con tu voz pausada ¿Por quien doblan las campanas? Ya debes saber que suenan por ti. Y cuando veas ese destello de luz tibia que enceguece tu mirar, ya sabrás que partes a un mundo mejor al que pertenecen tu y tus ansias por hacer de los que te rodeamos algo mejor.


Y en adelante, al conjugarte serás tiempo presente perpetuo, y serás primera, segunda y tercera persona. Serás un verbo de inspiración, serás las ansias de perseguir la excelencia, serás un suspiro por la disciplina de ser un hombre mejor.


Y te recordaremos por eternidades incontables, y pensaré en ti en imágenes a color, y te extrañaré como la historia sólo ha extrañado a los grandes hombres por que solo supiste ser grande. Fuiste una idea, fuiste promesa, te convertiste en realidad y hoy eres mi mejor modelo.

Terminó escribiéndonos en ese papel:


Uno y otro

papeleta y ojos de mar

resorte y reflexión

estallido y creación

martillo y plastilina, cueva, nave, arquitectura

par de criaturas necesarias

sigan su tarea, persistan como sea

que vamos a copar el tiempo y los afectos

a base de risas, saltos y reyertas

inventando ideas, música y maquetas

sintiéndonos soldados, misioneros, presidentes

o personas simples, del común y del corriente

vamos a llenar las alcobas de alegría
y vamos a aprender que cuando llegue el día

de morir muramos

pero sin dejar de joder un solo instante

y haciendo de este asunto que llamamos vida

una perpetua y soberana algarabía"


Pa: serás para siempre un susurro del viento y te llevaremos por siempre, acá adentro, donde calaron tus besos sencillos. Como nos decías siempre, como me lo dirías una vez más, para este viaje que has emprendido: te mando un beso, el mío es un beso de hijo y de amigo fraterno. El beso tan grande y renovado, el beso de siempre. Tan grande que con solo uno basta.


lunes, 28 de marzo de 2011

Barack Obama y la Ola Verde

Si para marzo del 2011 algún curioso tiene dudas de qué hubiese pasado si el Partido Verde hubiera logrado coronar las elecciones presidenciales colombianas mediante su candidato Antanas Mockus, sería bueno mirar hacia el norte, hacia Estados Unidos, donde Barack Obama logró enfrentarse a la maquinaria política del Partido Republicano y alcanzar el poder. Su realidad se asemeja a lo que creo, sería un hipotético gobierno de Mockus.

Y es que al igual que la ola verde, la campaña de Obama generó una expectativa enorme en los estadounidenses y casi que en la población mundial. Los oí Hablar de fe. También hablaron de optimismo. Hablaron de cambio. A Obama le he oído varios discursos hipnóticos y sea dicho de paso, bastante elementales sobre el cambio de las costumbres americanas, sobre la corrección de los caminos trazados. Para mi nada ha cambiado.

Peor, me parece que Obama representa la decepción, que es más amarga que las malas costumbres. De las últimas uno está habituado y la indolencia produce una coraza fuerte. Pero el brusco cambio del optimismo a la decepción desconsuela, lo que duele más. En días pasados culminó la 'gira' del presidente Obama por Latinoamérica en la que visitó 3 países de los mas de 20 que componen ese universo. Que para empezar, me parece pretencioso llamar 'gira' a ese paseo dominical. Pero ¿Qué se puede destacar de su paso por estas tierras? Nada. Obama efervesció como lo hizo la ola verde, y solo dejó espuma, interrogantes y más de lo mismo.

No habló de pobreza, no habló de la lucha contra el tráfico de drogas. No se pronunció sobre la situación actual de los países del norte de África, todos convulsionados por las rebeliones ciudadanas. No habló sobre el rol de Estados Unidos en esas causas. Y para lo que nos concierne: tampoco habló sobre los TLC, sobre los planes de cooperación con sus aliados, ni tampoco habló sobre el gobierno de Venezuela que desequilibra la región con sus políticas armamentistas, tiránicas y con ánimos de perpetuidad: a lo Gadafi, a lo Mubarak.

Nuestro aliado estratégico (como se proclamó en el pasado discurso de la unión) nos ha colaborado con un sensacional número de magia. De sus mangas, inventó un problema de asesinatos a líderes sindicales para justificar la tardanza en la aprobación del TLC que poco tiene que ver con las relaciones comerciales, más cuando Estados Unidos sostiene tratados de libre comercio con gobiernos en donde los problemas democráticos, comprometen realmente la compatibilidad de los tratados. De su sombrero, redujo los fondos del Plan Colombia que materializa la efectiva cooperación del consumidor más grande de drogas del planeta, con uno de sus productores más representativos. De su varita mágica, prometió retirar las tropas de Irak y Afghanistan, mientras EEUU asume el liderazgo de la movilización de tropas a Libia para hacerle frente, a fuerza de munición y artillería, a la crisis del norte de África.

Barack Obama, con su efervescencia, con su inconsistencia, con su capacidad de hipnotizar, con su facilidad para vender el agua tibia como un invento moderno, tiene todas las credenciales para militar en el Partido Verde de Lucho, Peñalosa y Mockus (¿Y Uribe?). Bush el antecesor, en cambio, no se calló nada, fue coherente entre discursos y acciones. No es que lo defienda, pero aún habiendo sido más cafre que Obama, al menos fue un mejor 'amigo'.

miércoles, 23 de febrero de 2011

No todos los muertos van al infierno, no todos los condenados van a la cárcel

Cuando en una sentencia de tutela la Corte Constitucional se ha referido a un 'estado de cosas inconstitucionales' a propósito de un tema en particular, éste es un llamado de atención mayúsculo sobre el cuál el Estado debe posar su mirada para tomar acciones inmediatas.

Fue en 1998 cuando así se refirió el tribunal al estado de las cárceles en Colombia. Ello gracias a la acumulación de un centenar de demandas de tutela interpuestas no solo por los mismos presos sino también por sus familiares, reclamando por sus derechos fundamentales, válidos aún en su condición de reclusos.

Y es que la condición carcelaria del país se desborda de la lógica elemental. Por eso la gravedad del rótulo, ya que la Corte Constitucional considera que un estado de cosas inconstitucionales ocurre "cuando hay una configuración histórica, estructural y lo suficientemente grave de los derechos fundamentales de una población" Tal como ocurre con la población desplazada del país. Palabras mayores.

Para 2010, la población carcelaria del país era de 83.667 presos, es decir, el estadio Old Trafford de Manchester lleno. Quedan faltando unos 7.600 más que cabrían en el estadio de techo de Bogota. Todos en su máximo aforo. En frías cifras, el problema de hacinamiento del país asciende al 30%.

Sin embargo, para los penados de este país, pasar el tiempo que duran sus condenas como si vivieran con 8 colegas más dentro de un Volskwagen Beatle no es su único problema. Según un informe del diario Ámbito Jurídico, la violación de los derechos a la vida, la dignidad y la intimidad son el caso más recurrente. Le siguen violaciones al derecho a la familia y a la vida conyugal; al derecho al trabajo; al derecho a la salud y a la salubridad. La lista continúa.

Es un buen momento para reflexionar sobre las políticas populistas que se asumieron durante el pasado gobierno, en las cuáles se pensó que el aumento de penas y en la creación de nuevos delitos (es el caso de consumo de estupefacientes) eran una solución al serio problema de la criminalidad en Colombia. También es momento oportuno para pensar en las propuestas que abandera una Senadora de la República de someter a referendo la pena perpetua para casos de abuso sexual de menores. Sobre todo, estando en un estado de 'cosas inconstitucional' carcelario.

Los medios también contribuyen cuando escandalizan a la opinión cada vez que un juez de garantías decreta ilegal una captura y ordena la libertad del capturado. Naturalmente, la audiencia que es ajena al derecho, interpreta el mensaje como si casos así implicaran la falta de respuesta del Estado a la criminalidad. El ciclo lleva a una percepción global de impunidad y el mensaje termina por impactar el criterio de los jueces, llevándolos, por ejemplo, a denegar sistemáticamente, por principio y por presión, mecanismos alternativos, como la pena domiciliaria, la condena de ejecución condicional de la pena o los brazaletes electrónicos, todos, hoy asociados con corrupción, impunidad, beneficios injustificados.

Es un buen momento para dejar el radicalismo al lado pues los complejísimos problemas de criminalidad del país no pueden pretender ser solucionados exclusivamente con cárcel, delitos, prisión y ahora...perpetua. Estudios sociológicos y antropológicos deben sustentar las medidas que en adelante tome el gobierno de turno para solucionar un problema de derechos fundamentales enorme, de una población relevante. Y es que como lo indica la ley, el fin que busca la pena es su resocialización ¿En esas condiciones? Permítanme dudarlo.

lunes, 14 de febrero de 2011

Borbollón en el área

Bastante se ha dicho y se ha escrito sobre la poca calidad del fútbol colombiano. Sin duda, la expansión de los medios de comunicación nos han puesto sobre el televisor la transmisión de las hedonistas ligas europeas cada fin de semana, para atender el deleite de nuestro apetito de fútbol mendigo que viene mal acostumbrado de ver los goles más excéntricos de nuestra liga local, anotados con la pelvis, los riñones, la rodilla y lugares de la anatomía que incluso desconocía. Cada ocho días, en los estadios nacionales se repite el rito máximo del fútbol, el gol, personificado en un tributo extraño que mezcla la desvergüenza y la perseverancia del mediocre operario colombiano del deporte más popular del mundo.

La prensa local repite la expresión "borbollón en el área" como un accidentado episodio en el que entre ires y venires de piernas, zapateos, chuteos, rasguños y aruñazos, finalmente el balón entra a la red. Ese accidentado episodio puede resumir la máxima del fútbol nacional. En esta ocasión el análisis del lisiado futbol colombiano lo haré desde una perspectiva que en sí nada tiene que ver con el juego pero que en cantidades alarmantes contribuye a la mediocridad del mismo.

1. Los uniformes. Cada semestre el dolor de ojos se repite. Los jugadores salen vestidos con monstruosidades en tela, capaces de combinar colores incombinables. Una exótica predominancia del color amarillo y el verde fluorescente traída de una etapa freudiana no resuelta. Ninguna liga de fútbol de otro país tiene tantos amarillos y verdes como la colombiana. Real Cartagena, Bucaramanga, Huila, sumados a la atroz mezcla de naranja y verde del Envigado, y otro par de gemelos de rojo y amarillo: Pereira y Tolima. He ahí la abundancia cromática. Por sanidad mental preferí no escarbar los uniformes y colores de la B, pero con facilidad recuerdo Centauros de Villavicencio y su color azul bebé, de pies a cabeza.

2. Los patrocinadores. Como una solución química, a la antiestética mezcla de colores se suman los patrocinadores: deportivos y comerciales. Pocos clubes han logrado atraer la mirada de un sponsor internacional de prestigio. De ahí para abajo, empresas con nombres impronunciables, dueños del absoluto anonimato visten los equipos nacionales, lo cual aumenta exponencialmente el potencial de fealdad del uniforme. Se suma a la horrorosa combinación, el odioso hábito de colonizar cada centímetro cuadrado de la prenda con una estampa de alguna empresa local. Cada una con su color llamativo propio, lo que le da picante extra al frenesí cromático. Lo mas grave es que los patrocinadores ya no discriminan únicamente la camiseta, la publicidad figura por doquier, cola o gónadas da lo mismo, como corredores de bolsa: venda, venda, venda.

3. Las transmisiones. Las transmisiones de los partidos hacen una mayúscula contribución a la poca nobleza del fútbol colombiano. Camarógrafos perdidos que apenas logran enfocar un plano amplio de donde acontece la acción, enviando su señal a través de un formato amateur, como del extinto video 8, condensados en una imagen con el verde acentuado, como cuando los televisores de nuestros abuelos se les graduaba el 'tinte'. Pero además de que todos los jugadores parecen extraterrestres por el entorno verde de la transmisión, narrador y comentarista se fajan faenas que dejan sordo el oído. Comentaristas improvisados, dueños de la sabiduría de la obviedad, utilizando tonos paternalistas y llamando "mijo" al jugador, apodándolos como les viene en gana, como si no bastaran sus nombres de antaño, ahora, hacen un uso indiscriminado y en ráfaga del diminutivo como sufijo del apellido, siempre que el jugador sea menor de 26 años.

4. Los estadios. Moles de hormigón, todas parecidas a un polideportivo de un penitenciario. Llevan el nombre de un prócer o un libertador local, y en su vientre, donde se supone va el césped, viene un 'paño' conquistado por los topos y las fallas geológicas. Agrietado de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro. Reúne en sus gradas tres tipos de población: los malandrines que se toman tan en serio el deporte que se hacen acuchillar como si no hubiera otro motivo por qué morir; los que van sin clemencia a ver un espectáculo de entretenimiento y a disfrutar en tranquilidad; y la fealdad regional, siempre escotada que es enfocada, mientras enseña sus fauces comiendo perro caliente, por el camarógrafo morboso durante el medio tiempo. Obvio, antecede la imagen un comentario viríl y picaresco de algún integrante de la transmisión

5. Las celebraciones. La nueva enfermedad que padecen nuestros clubes es que sus jugadores se están dedicando a ensayar coreografías patéticas en vez de revisar conceptos tácticos o a practicar en la definición que no tenemos. El día en que el jugador colombiano tenga el arco al frente y defina con un sombrerito exquisito a cambio del riendazo emulador de home-run, me sentaré en paz a verlos celebrar como les venga en gana. Pero nuestras nuevas generaciones cambiaron la gloriosa celebración de antaño del puño cerrado y el salto desgarrador del desahogo, por el baile de moda en coreografía y con pirámide humana. Bochornoso.

Ajustes de tuercas pequeñas, para no ir a las complejidades de la discusión que nos pueden llevar a concluir que el problema de nuestro fútbol mediocre radica en una configuración genética de ADN primitivo para el gol, prefiero que se tomen estas puntuales críticas. De golpe, los cambios pequeños generan los significativos. Al menos así podríamos ver nuestro fútbol mezquino en Alta definición, eso ya sería un avance.

martes, 11 de enero de 2011

Capítulo XXV - "Guerras perdidas"

Y yo que llegué a estar preocupado por que no aparecía la inspiración por ningún lado y ya se consumaban 11 días del año. Cuando supe la noticia, lo primero que se me vino a la cabeza fue una maraña de sentimientos horribles empacados al vacío, después si pensé en escribir para desahogarme. Todavía no decido si lo haré público.

Sin duda Colombia es un país desconsolado que no para de lamentar la muerte de sus hijos, que han ido muriendo por ahí, algunos razonable, otros increíble y otros inexplicablemente. Todavía no entiendo como los dolientes dan declaraciones ante una cámara y salen en los noticieros. Y lo cierto es que muchos siguen muriendo por razones miserables: ambulancias que dan vueltas hasta no parar, disparos anónimos, otros con nombre y apellido, atracadores a veces frustrados a veces nerviosos, ebrios que manejan, paramilitares con complejos de poder...Y así, los tipos que uno cree buenos se van muriendo por camadas y ninguna muerte deja la sensación de que ocurrió por un buen motivo, todas las muertes ¡maldita sea! son en vano.

¿Cómo convencerla a ella de que la vida no es mitad imbécil mitad miserable cuando la vida de su hermano se escapó como arena entre las manos, cuando un anónimo pegotero de mierda decidió jugar a los pistoleros y apretar el gatillo del más mezquino de los inventos que ha parido la humanidad?

La vida en estos países tan desarticulados y tan caóticos se ha vuelto un tanto más frágil. Tal vez, la vida se ha vuelto tanto más frágil cuanto el imbécil que porta el arma lo decida. Habrá que rezarle los 'padre nuestros' a ellos, a los paramilitares de las discotecas, a los guerrilleros que viven y mueren en su ley, a los atracadores que se drogan para calmar los nervios, a los traquetos que uno cierra accidentalmente para que en su sorda conciencia no desenfunden el revolver o empuñen el puñal.

Supongo que algún día terminará de formarse un callo justo ahí, donde se alojan los sentimientos de compasión y dolor, por las tragedias propias y las de los que uno quiere. Después de tanta insistencia, algún día espero superar la cobardía que me aleja de los velorios y los pésames. Por teléfono o en persona, da lo mismo, la mediocridad y la impotencia de mis palabras hace que se las lleve un simple soplo de llanto de quien padece todas estas cosas.

Yo intentaré redactar un manual para comportarse en un velorio, uno que sea de mi autoría, que resulte más fácil de aplicar que el que redactó Cortazar...mientras eso pasa, lo volveré a leer a ver si logro aliviar sentirme como el culpable, como la víctima, como el victimario.

¡Es que es tan absurdo esto!

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A la memoria de Mateo Matamala y al consuelo de su familia. No supe cómo más contribuir, sino desahogándome.