lunes, 27 de junio de 2011

Querido Padre

Tu excelencia, esta vez me da la certeza que tu recuerdo también está para romper las rachas, las negativas, preferiría que se tratase de las rachas negativas.

(Soundtrack)

Decidí volver a escribir. Por ti dejé de hacerlo, que no es lo mismo que afirmar que fue por tu culpa, y como están condenados a culminar los ciclos, ante tanta tontería y como si fuera una regla universal, por ti vuelvo al hábito de antes. Esta vez decidí desempolvar la maquinaria rústica de la que cuelgan viejas telearañas. Olor a moho y pino húmedo. Olor a esos muebles de cuero corrugado de antaño, como el de la casa de las tías. Esos muebles que ya tenían aberturas y del que se desprendía el relleno de espuma.

Espuma. Es una buena palabra para describir los recuerdos y la nostalgia de cuando vienes y vas, como la espuma. Este fin de semana anduve por carretera y te recordé tantas veces. Copas el tiempo y los espacios, eres un recuerdo y eres materia. Papeleta y algodon. Abrir la ventana y el perfume de esta conmovedora patria chica que se cae a pedazos, me recuerda a ti. Sin motivos racionales, solo los pasionales, los que te ponen la mano en el corazón y el corazón en la mano.

Libro, ideas, nostalgia, música, mangos biches. Estas por doquier, te esparces y te transformas. Lágrimas, precipicio, más música, limón y sal. Eres inspiración de mis días y mis noches y nada que alcanzo a ser una décima de lo grande que fuiste. Te lo dije el día que te fuiste de este mundo corrupto y anacrónico congelado en la misma escena de violencia en que se mata por 'quien sabe qué': "serás todos los tiempos verbales, serás una imagen a color". Para este entonces imagino que visitas otra vez Cuba que tanto te gustó a pesar de los prejuicios.

Mientras el sol, leí algo de Oliver Sacks y me acordé de ti. Imprescindible. Música que retumba y suena en la cabeza, una y otra vez. Que amargura no poder comerme un limón contigo. ¡Que falta haces carajo! Llenas mis espacios pero no estás por ningún lado. Maldita sea el día que mi espiritualidad se fundió en este mundo implacable en que vivo, donde sólo lo perceptible ordena la realidad. Mil veces puto sea mi esceptisismo y otras mil veces puto sea el día que te fuiste del mundo real, del mío, el único que tengo y el único que me queda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario