Ese día mi viejo estaba ahí, estampado en un sofá de la oficina tomando café, discutiendo cualquier cosa. Era increíble presenciar esos momentos en que al tipo le llegaba una idea. Se emocionaba, la desarrollaba, cambiaba su postura, tensionaba los hombros, arqueaba la espalda y hablaba y hablaba, coherente, impaciente, hablaba, acertaba, hablaba y volvía a acertar, una vez más. Verlo agarrar una idea era un placer. Era una máquina de generar pensamientos. Ese día, estabamos hablando de fútbol.
"Vos no te imaginás lo raro que es el fútbol, lo raro que es uno" -decía- Yo me incliné a oirlo, le puse atención, no lo interrumpí, solo me dediqué a oirlo pensar y a verlo hablar. Se me guardó eso que hablamos. Hoy, por los santos menesteres del derecho, por ser su sucesor legítimo y por tener la suerte de haber estado ahí con él, voy a escribir en mi blog: Por qué el fútbol es tan raro. Por qué a los que nos gusta el fútbol somos tan raros. Parafraseando la Biblia, esta es la palabra de Carlos Mejía según Alejandro. (Todos de pie)
Todavía no he conocido el primer fenómeno social que genere -como lo genera el fútbol- una reacción tan absolutamente irracional en el comportamiento del ser humano. Hecha la afirmación, confieso que yo también contribuyo activamente con ese comportamiento de chimpancé que analizaba alguna vez mi viejo.
...Es la víspera del partido de fútbol más esperado. Unos días antes, uno, que es un apasionado por este deporte absurdo se prende de las noticias, oye el análisis de los comentaristas expertos, los ve discutir entre sí, discute con ellos. Cuando empieza la novela, apaga el TV y prende el radio, sigue oyéndolos disctuir. 4-4-2. Que no, que 4-1-4-1. Puede ser, mejor 3-4-3. De acuerdo. Mejor atacar, mejor defender. Atacar defendiendo o defender atacando. ¡Vaya melodrama! Pasan los días, se acerca la noche del partido, el bagaje, el análisis, el patriotismo.
...En el estadio, en el partido de fútbol más esperado. Uno, que es un apasionado, lleva un radio AM/FM sintoniza la cadena radial, llega con 2 horas de anticipación, empieza a oir a los periodistas, leen la nómina que inicia. Los oye analizar, los oye teorizar, especulan, debaten, se rasgan las vestiduras. El patriotismo se asoma, se cantan los himnos, me pongo de pie, la mano al pecho como enseñaban en el colegio. Termina el himno, aplaudo, puteo. Los más introvertidos gritan "¡Vamos Colombia carajo!" Vuelvo al radio, la pelota rueda...
...Termina el primer tiempo, vuelvo al radio, los oigo hablar, analizan la primera mitad, invitan a otro experto, se habla de fútbol, todo es fútbol. Uno le habla a un desconocido que tiene a la derecha, lo oye dar su versión del juego con pasión, de golpe uno recuerda que en ninguna otra circunstancia habría hablado con ese señor de la cicatriz que le atravieza la frente y el ojo izquierdo. Termina la charla, vuelvo al radio, cambio de emisora.
...Segundo tiempo. Uno, que es apasionado al fútbol sigue prendido de la radio. Los oye gritar, los oye gemir, los oye especular. Termina el partido, prendo la tele, los oigo hablar, los oigo analizar, que por qué ganamos, que por qué perdimos, los 3 puntos sirven, la conferencia de prensa, habla el Técnico, se para, habla el capitán. Uno, que es apasionado al fútbol pone el canal argentino, "oigamos que dicen los muy hijos de puta" los oye hablar, ellos analizan, ellos hablan de por qué perdieron, "Colombia hizo ver mal a la Argentina" uno sonríe. Uno se desvive por este fátal accidente que se llama fútbol.
Pasan las horas y los días y uno sigue leyendo portales, análisis, blogs. Y uno, que es apasionado al fútbol, pareciera que a fin de cuentas se dedica únicamente a ver, leer, escuchar, y comprender lo que todo el miserable mundo tiene qué decirle a uno sobre el fútbol, nada más parece importar. Eso decía mi viejo.
Con razón Albert Camus decía: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" Yo también.
"Vos no te imaginás lo raro que es el fútbol, lo raro que es uno" -decía- Yo me incliné a oirlo, le puse atención, no lo interrumpí, solo me dediqué a oirlo pensar y a verlo hablar. Se me guardó eso que hablamos. Hoy, por los santos menesteres del derecho, por ser su sucesor legítimo y por tener la suerte de haber estado ahí con él, voy a escribir en mi blog: Por qué el fútbol es tan raro. Por qué a los que nos gusta el fútbol somos tan raros. Parafraseando la Biblia, esta es la palabra de Carlos Mejía según Alejandro. (Todos de pie)
Todavía no he conocido el primer fenómeno social que genere -como lo genera el fútbol- una reacción tan absolutamente irracional en el comportamiento del ser humano. Hecha la afirmación, confieso que yo también contribuyo activamente con ese comportamiento de chimpancé que analizaba alguna vez mi viejo.
...Es la víspera del partido de fútbol más esperado. Unos días antes, uno, que es un apasionado por este deporte absurdo se prende de las noticias, oye el análisis de los comentaristas expertos, los ve discutir entre sí, discute con ellos. Cuando empieza la novela, apaga el TV y prende el radio, sigue oyéndolos disctuir. 4-4-2. Que no, que 4-1-4-1. Puede ser, mejor 3-4-3. De acuerdo. Mejor atacar, mejor defender. Atacar defendiendo o defender atacando. ¡Vaya melodrama! Pasan los días, se acerca la noche del partido, el bagaje, el análisis, el patriotismo.
...En el estadio, en el partido de fútbol más esperado. Uno, que es un apasionado, lleva un radio AM/FM sintoniza la cadena radial, llega con 2 horas de anticipación, empieza a oir a los periodistas, leen la nómina que inicia. Los oye analizar, los oye teorizar, especulan, debaten, se rasgan las vestiduras. El patriotismo se asoma, se cantan los himnos, me pongo de pie, la mano al pecho como enseñaban en el colegio. Termina el himno, aplaudo, puteo. Los más introvertidos gritan "¡Vamos Colombia carajo!" Vuelvo al radio, la pelota rueda...
...Termina el primer tiempo, vuelvo al radio, los oigo hablar, analizan la primera mitad, invitan a otro experto, se habla de fútbol, todo es fútbol. Uno le habla a un desconocido que tiene a la derecha, lo oye dar su versión del juego con pasión, de golpe uno recuerda que en ninguna otra circunstancia habría hablado con ese señor de la cicatriz que le atravieza la frente y el ojo izquierdo. Termina la charla, vuelvo al radio, cambio de emisora.
...Segundo tiempo. Uno, que es apasionado al fútbol sigue prendido de la radio. Los oye gritar, los oye gemir, los oye especular. Termina el partido, prendo la tele, los oigo hablar, los oigo analizar, que por qué ganamos, que por qué perdimos, los 3 puntos sirven, la conferencia de prensa, habla el Técnico, se para, habla el capitán. Uno, que es apasionado al fútbol pone el canal argentino, "oigamos que dicen los muy hijos de puta" los oye hablar, ellos analizan, ellos hablan de por qué perdieron, "Colombia hizo ver mal a la Argentina" uno sonríe. Uno se desvive por este fátal accidente que se llama fútbol.
Pasan las horas y los días y uno sigue leyendo portales, análisis, blogs. Y uno, que es apasionado al fútbol, pareciera que a fin de cuentas se dedica únicamente a ver, leer, escuchar, y comprender lo que todo el miserable mundo tiene qué decirle a uno sobre el fútbol, nada más parece importar. Eso decía mi viejo.
Con razón Albert Camus decía: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" Yo también.
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