martes, 11 de enero de 2011

Capítulo XXV - "Guerras perdidas"

Y yo que llegué a estar preocupado por que no aparecía la inspiración por ningún lado y ya se consumaban 11 días del año. Cuando supe la noticia, lo primero que se me vino a la cabeza fue una maraña de sentimientos horribles empacados al vacío, después si pensé en escribir para desahogarme. Todavía no decido si lo haré público.

Sin duda Colombia es un país desconsolado que no para de lamentar la muerte de sus hijos, que han ido muriendo por ahí, algunos razonable, otros increíble y otros inexplicablemente. Todavía no entiendo como los dolientes dan declaraciones ante una cámara y salen en los noticieros. Y lo cierto es que muchos siguen muriendo por razones miserables: ambulancias que dan vueltas hasta no parar, disparos anónimos, otros con nombre y apellido, atracadores a veces frustrados a veces nerviosos, ebrios que manejan, paramilitares con complejos de poder...Y así, los tipos que uno cree buenos se van muriendo por camadas y ninguna muerte deja la sensación de que ocurrió por un buen motivo, todas las muertes ¡maldita sea! son en vano.

¿Cómo convencerla a ella de que la vida no es mitad imbécil mitad miserable cuando la vida de su hermano se escapó como arena entre las manos, cuando un anónimo pegotero de mierda decidió jugar a los pistoleros y apretar el gatillo del más mezquino de los inventos que ha parido la humanidad?

La vida en estos países tan desarticulados y tan caóticos se ha vuelto un tanto más frágil. Tal vez, la vida se ha vuelto tanto más frágil cuanto el imbécil que porta el arma lo decida. Habrá que rezarle los 'padre nuestros' a ellos, a los paramilitares de las discotecas, a los guerrilleros que viven y mueren en su ley, a los atracadores que se drogan para calmar los nervios, a los traquetos que uno cierra accidentalmente para que en su sorda conciencia no desenfunden el revolver o empuñen el puñal.

Supongo que algún día terminará de formarse un callo justo ahí, donde se alojan los sentimientos de compasión y dolor, por las tragedias propias y las de los que uno quiere. Después de tanta insistencia, algún día espero superar la cobardía que me aleja de los velorios y los pésames. Por teléfono o en persona, da lo mismo, la mediocridad y la impotencia de mis palabras hace que se las lleve un simple soplo de llanto de quien padece todas estas cosas.

Yo intentaré redactar un manual para comportarse en un velorio, uno que sea de mi autoría, que resulte más fácil de aplicar que el que redactó Cortazar...mientras eso pasa, lo volveré a leer a ver si logro aliviar sentirme como el culpable, como la víctima, como el victimario.

¡Es que es tan absurdo esto!

_________________
A la memoria de Mateo Matamala y al consuelo de su familia. No supe cómo más contribuir, sino desahogándome.

1 comentario: