jueves, 7 de julio de 2011

Qué lindo es el fútbol. Qué raro es el hombre

Ese día mi viejo estaba ahí, estampado en un sofá de la oficina tomando café, discutiendo cualquier cosa. Era increíble presenciar esos momentos en que al tipo le llegaba una idea. Se emocionaba, la desarrollaba, cambiaba su postura, tensionaba los hombros, arqueaba la espalda y hablaba y hablaba, coherente, impaciente, hablaba, acertaba, hablaba y volvía a acertar, una vez más. Verlo agarrar una idea era un placer. Era una máquina de generar pensamientos. Ese día, estabamos hablando de fútbol.

"Vos no te imaginás lo raro que es el fútbol, lo raro que es uno" -decía- Yo me incliné a oirlo, le puse atención, no lo interrumpí, solo me dediqué a oirlo pensar y a verlo hablar. Se me guardó eso que hablamos. Hoy, por los santos menesteres del derecho, por ser su sucesor legítimo y por tener la suerte de haber estado ahí con él, voy a escribir en mi blog: Por qué el fútbol es tan raro. Por qué a los que nos gusta el fútbol somos tan raros. Parafraseando la Biblia, esta es la palabra de Carlos Mejía según Alejandro. (Todos de pie)

Todavía no he conocido el primer fenómeno social que genere -como lo genera el fútbol- una reacción tan absolutamente irracional en el comportamiento del ser humano. Hecha la afirmación, confieso que yo también contribuyo activamente con ese comportamiento de chimpancé que analizaba alguna vez mi viejo.

...Es la víspera del partido de fútbol más esperado. Unos días antes, uno, que es un apasionado por este deporte absurdo se prende de las noticias, oye el análisis de los comentaristas expertos, los ve discutir entre sí, discute con ellos. Cuando empieza la novela, apaga el TV y prende el radio, sigue oyéndolos disctuir. 4-4-2. Que no, que 4-1-4-1. Puede ser, mejor 3-4-3. De acuerdo. Mejor atacar, mejor defender. Atacar defendiendo o defender atacando. ¡Vaya melodrama! Pasan los días, se acerca la noche del partido, el bagaje, el análisis, el patriotismo.

...En el estadio, en el partido de fútbol más esperado. Uno, que es un apasionado, lleva un radio AM/FM sintoniza la cadena radial, llega con 2 horas de anticipación, empieza a oir a los periodistas, leen la nómina que inicia. Los oye analizar, los oye teorizar, especulan, debaten, se rasgan las vestiduras. El patriotismo se asoma, se cantan los himnos, me pongo de pie, la mano al pecho como enseñaban en el colegio. Termina el himno, aplaudo, puteo. Los más introvertidos gritan "¡Vamos Colombia carajo!" Vuelvo al radio, la pelota rueda...

...Termina el primer tiempo, vuelvo al radio, los oigo hablar, analizan la primera mitad, invitan a otro experto, se habla de fútbol, todo es fútbol. Uno le habla a un desconocido que tiene a la derecha, lo oye dar su versión del juego con pasión, de golpe uno recuerda que en ninguna otra circunstancia habría hablado con ese señor de la cicatriz que le atravieza la frente y el ojo izquierdo. Termina la charla, vuelvo al radio, cambio de emisora.

...Segundo tiempo. Uno, que es apasionado al fútbol sigue prendido de la radio. Los oye gritar, los oye gemir, los oye especular. Termina el partido, prendo la tele, los oigo hablar, los oigo analizar, que por qué ganamos, que por qué perdimos, los 3 puntos sirven, la conferencia de prensa, habla el Técnico, se para, habla el capitán. Uno, que es apasionado al fútbol pone el canal argentino, "oigamos que dicen los muy hijos de puta" los oye hablar, ellos analizan, ellos hablan de por qué perdieron, "Colombia hizo ver mal a la Argentina" uno sonríe. Uno se desvive por este fátal accidente que se llama fútbol.

Pasan las horas y los días y uno sigue leyendo portales, análisis, blogs. Y uno, que es apasionado al fútbol, pareciera que a fin de cuentas se dedica únicamente a ver, leer, escuchar, y comprender lo que todo el miserable mundo tiene qué decirle a uno sobre el fútbol, nada más parece importar. Eso decía mi viejo.

Con razón Albert Camus decía: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" Yo también.


lunes, 27 de junio de 2011

Querido Padre

Tu excelencia, esta vez me da la certeza que tu recuerdo también está para romper las rachas, las negativas, preferiría que se tratase de las rachas negativas.

(Soundtrack)

Decidí volver a escribir. Por ti dejé de hacerlo, que no es lo mismo que afirmar que fue por tu culpa, y como están condenados a culminar los ciclos, ante tanta tontería y como si fuera una regla universal, por ti vuelvo al hábito de antes. Esta vez decidí desempolvar la maquinaria rústica de la que cuelgan viejas telearañas. Olor a moho y pino húmedo. Olor a esos muebles de cuero corrugado de antaño, como el de la casa de las tías. Esos muebles que ya tenían aberturas y del que se desprendía el relleno de espuma.

Espuma. Es una buena palabra para describir los recuerdos y la nostalgia de cuando vienes y vas, como la espuma. Este fin de semana anduve por carretera y te recordé tantas veces. Copas el tiempo y los espacios, eres un recuerdo y eres materia. Papeleta y algodon. Abrir la ventana y el perfume de esta conmovedora patria chica que se cae a pedazos, me recuerda a ti. Sin motivos racionales, solo los pasionales, los que te ponen la mano en el corazón y el corazón en la mano.

Libro, ideas, nostalgia, música, mangos biches. Estas por doquier, te esparces y te transformas. Lágrimas, precipicio, más música, limón y sal. Eres inspiración de mis días y mis noches y nada que alcanzo a ser una décima de lo grande que fuiste. Te lo dije el día que te fuiste de este mundo corrupto y anacrónico congelado en la misma escena de violencia en que se mata por 'quien sabe qué': "serás todos los tiempos verbales, serás una imagen a color". Para este entonces imagino que visitas otra vez Cuba que tanto te gustó a pesar de los prejuicios.

Mientras el sol, leí algo de Oliver Sacks y me acordé de ti. Imprescindible. Música que retumba y suena en la cabeza, una y otra vez. Que amargura no poder comerme un limón contigo. ¡Que falta haces carajo! Llenas mis espacios pero no estás por ningún lado. Maldita sea el día que mi espiritualidad se fundió en este mundo implacable en que vivo, donde sólo lo perceptible ordena la realidad. Mil veces puto sea mi esceptisismo y otras mil veces puto sea el día que te fuiste del mundo real, del mío, el único que tengo y el único que me queda.

lunes, 2 de mayo de 2011

In memoriam

A la memoria de Carlos Eduardo Mejía (1954-2011)


Cuando me encontré con la mediocridad de las palabras y ya era demasiado tarde para renunciar al mandato de preparar este discurso, fue cuando acaté que también mi papá me echaría una mano con semejante reto. Fue cuando acudí a un poema que él nos escribió a Camilo y a mi para desatar la inspiración porque el fin de estas palabras no es otro que preordenar su recuerdo en la memoria y guardarle a él y a sus enseñanzas un campo que jamás envejece, al que no le pasa el tiempo.


Y él nos escribió esa vez:


“Cajita de música

cofre de sorpresas
globo, serpentina

loqueto que sudás a mares

que pateas balones en las noches y en el día

Sonrisa de cielo

Inocencia maliciosa,

Ojos color café clarito, caprichoso y consentido


Niño metido a grande

Que detestás las ridículas ideas de los mayores

Porque simplemente te parecen infantiles
"


Yo les diré, sin pretender siquiera producir una sola gota de júbilo como despertaban en uno sus palabras, que mi papá es la más parecida aparición de una sabiduría inagotable, él representará por los siglos el valor inmenso de la sencillez y la pausa. Cuando pienso en él se me viene a la mente un hombre sin enemigos y sin rivales, cuyos conocimientos eran un libro abierto que nunca se guardó, era un libro abierto que compartió, sin cobrar por las consultas, sin recelo a monopolizarlas, sin arrogancia para imponerlos. Conocimientos sobre la profesión, la humanidad, sobre la vida misma.


Y no solo aprendí yo, aprendimos todos los que lo rodeamos. Un profesor honorario de las tonterías de la vida, las más trascendentales y las más banales. Me enseñó la canción de John F. Kennedy, me enseñó a tomar un pousse café al final de las cenas, a no manejar carros ajenos, me enseñó quien era Jacques Brel y me enseñó a apreciar las letras de Joaquín Sabina. A respetar mayores, a escribir corto y a referirme a los jueces con sublime respeto. A mirar siempre a los ojos a quien se habla, a ser hermano fiel, a ser buen hijo y a dedicar serenatas.


Volvió a escribirnos en aquél poema:


Porque tú, con tu mayoría de edad de 9 añosen eso parecés la fotocopia de tu hermano;

preferís las ciclas y las muchachas de pantalla

gozás con el humor de los señores:

sabés adivinanzas y echás cuentos vulgares
y andás parejo con tu guía y tu modelo

ese, el mayor, tu héroe admirado

amigo del alma y enemigo en brusquedad,

ese mismo, al que siempre perdonás

ese, tu afecto, por quien siempre abogarás

tu llave y tu compa, casi púber

joven ya, si no fuese por su corta edad


Y pa, cuando me preguntes con tu voz pausada ¿Por quien doblan las campanas? Ya debes saber que suenan por ti. Y cuando veas ese destello de luz tibia que enceguece tu mirar, ya sabrás que partes a un mundo mejor al que pertenecen tu y tus ansias por hacer de los que te rodeamos algo mejor.


Y en adelante, al conjugarte serás tiempo presente perpetuo, y serás primera, segunda y tercera persona. Serás un verbo de inspiración, serás las ansias de perseguir la excelencia, serás un suspiro por la disciplina de ser un hombre mejor.


Y te recordaremos por eternidades incontables, y pensaré en ti en imágenes a color, y te extrañaré como la historia sólo ha extrañado a los grandes hombres por que solo supiste ser grande. Fuiste una idea, fuiste promesa, te convertiste en realidad y hoy eres mi mejor modelo.

Terminó escribiéndonos en ese papel:


Uno y otro

papeleta y ojos de mar

resorte y reflexión

estallido y creación

martillo y plastilina, cueva, nave, arquitectura

par de criaturas necesarias

sigan su tarea, persistan como sea

que vamos a copar el tiempo y los afectos

a base de risas, saltos y reyertas

inventando ideas, música y maquetas

sintiéndonos soldados, misioneros, presidentes

o personas simples, del común y del corriente

vamos a llenar las alcobas de alegría
y vamos a aprender que cuando llegue el día

de morir muramos

pero sin dejar de joder un solo instante

y haciendo de este asunto que llamamos vida

una perpetua y soberana algarabía"


Pa: serás para siempre un susurro del viento y te llevaremos por siempre, acá adentro, donde calaron tus besos sencillos. Como nos decías siempre, como me lo dirías una vez más, para este viaje que has emprendido: te mando un beso, el mío es un beso de hijo y de amigo fraterno. El beso tan grande y renovado, el beso de siempre. Tan grande que con solo uno basta.


lunes, 28 de marzo de 2011

Barack Obama y la Ola Verde

Si para marzo del 2011 algún curioso tiene dudas de qué hubiese pasado si el Partido Verde hubiera logrado coronar las elecciones presidenciales colombianas mediante su candidato Antanas Mockus, sería bueno mirar hacia el norte, hacia Estados Unidos, donde Barack Obama logró enfrentarse a la maquinaria política del Partido Republicano y alcanzar el poder. Su realidad se asemeja a lo que creo, sería un hipotético gobierno de Mockus.

Y es que al igual que la ola verde, la campaña de Obama generó una expectativa enorme en los estadounidenses y casi que en la población mundial. Los oí Hablar de fe. También hablaron de optimismo. Hablaron de cambio. A Obama le he oído varios discursos hipnóticos y sea dicho de paso, bastante elementales sobre el cambio de las costumbres americanas, sobre la corrección de los caminos trazados. Para mi nada ha cambiado.

Peor, me parece que Obama representa la decepción, que es más amarga que las malas costumbres. De las últimas uno está habituado y la indolencia produce una coraza fuerte. Pero el brusco cambio del optimismo a la decepción desconsuela, lo que duele más. En días pasados culminó la 'gira' del presidente Obama por Latinoamérica en la que visitó 3 países de los mas de 20 que componen ese universo. Que para empezar, me parece pretencioso llamar 'gira' a ese paseo dominical. Pero ¿Qué se puede destacar de su paso por estas tierras? Nada. Obama efervesció como lo hizo la ola verde, y solo dejó espuma, interrogantes y más de lo mismo.

No habló de pobreza, no habló de la lucha contra el tráfico de drogas. No se pronunció sobre la situación actual de los países del norte de África, todos convulsionados por las rebeliones ciudadanas. No habló sobre el rol de Estados Unidos en esas causas. Y para lo que nos concierne: tampoco habló sobre los TLC, sobre los planes de cooperación con sus aliados, ni tampoco habló sobre el gobierno de Venezuela que desequilibra la región con sus políticas armamentistas, tiránicas y con ánimos de perpetuidad: a lo Gadafi, a lo Mubarak.

Nuestro aliado estratégico (como se proclamó en el pasado discurso de la unión) nos ha colaborado con un sensacional número de magia. De sus mangas, inventó un problema de asesinatos a líderes sindicales para justificar la tardanza en la aprobación del TLC que poco tiene que ver con las relaciones comerciales, más cuando Estados Unidos sostiene tratados de libre comercio con gobiernos en donde los problemas democráticos, comprometen realmente la compatibilidad de los tratados. De su sombrero, redujo los fondos del Plan Colombia que materializa la efectiva cooperación del consumidor más grande de drogas del planeta, con uno de sus productores más representativos. De su varita mágica, prometió retirar las tropas de Irak y Afghanistan, mientras EEUU asume el liderazgo de la movilización de tropas a Libia para hacerle frente, a fuerza de munición y artillería, a la crisis del norte de África.

Barack Obama, con su efervescencia, con su inconsistencia, con su capacidad de hipnotizar, con su facilidad para vender el agua tibia como un invento moderno, tiene todas las credenciales para militar en el Partido Verde de Lucho, Peñalosa y Mockus (¿Y Uribe?). Bush el antecesor, en cambio, no se calló nada, fue coherente entre discursos y acciones. No es que lo defienda, pero aún habiendo sido más cafre que Obama, al menos fue un mejor 'amigo'.

miércoles, 23 de febrero de 2011

No todos los muertos van al infierno, no todos los condenados van a la cárcel

Cuando en una sentencia de tutela la Corte Constitucional se ha referido a un 'estado de cosas inconstitucionales' a propósito de un tema en particular, éste es un llamado de atención mayúsculo sobre el cuál el Estado debe posar su mirada para tomar acciones inmediatas.

Fue en 1998 cuando así se refirió el tribunal al estado de las cárceles en Colombia. Ello gracias a la acumulación de un centenar de demandas de tutela interpuestas no solo por los mismos presos sino también por sus familiares, reclamando por sus derechos fundamentales, válidos aún en su condición de reclusos.

Y es que la condición carcelaria del país se desborda de la lógica elemental. Por eso la gravedad del rótulo, ya que la Corte Constitucional considera que un estado de cosas inconstitucionales ocurre "cuando hay una configuración histórica, estructural y lo suficientemente grave de los derechos fundamentales de una población" Tal como ocurre con la población desplazada del país. Palabras mayores.

Para 2010, la población carcelaria del país era de 83.667 presos, es decir, el estadio Old Trafford de Manchester lleno. Quedan faltando unos 7.600 más que cabrían en el estadio de techo de Bogota. Todos en su máximo aforo. En frías cifras, el problema de hacinamiento del país asciende al 30%.

Sin embargo, para los penados de este país, pasar el tiempo que duran sus condenas como si vivieran con 8 colegas más dentro de un Volskwagen Beatle no es su único problema. Según un informe del diario Ámbito Jurídico, la violación de los derechos a la vida, la dignidad y la intimidad son el caso más recurrente. Le siguen violaciones al derecho a la familia y a la vida conyugal; al derecho al trabajo; al derecho a la salud y a la salubridad. La lista continúa.

Es un buen momento para reflexionar sobre las políticas populistas que se asumieron durante el pasado gobierno, en las cuáles se pensó que el aumento de penas y en la creación de nuevos delitos (es el caso de consumo de estupefacientes) eran una solución al serio problema de la criminalidad en Colombia. También es momento oportuno para pensar en las propuestas que abandera una Senadora de la República de someter a referendo la pena perpetua para casos de abuso sexual de menores. Sobre todo, estando en un estado de 'cosas inconstitucional' carcelario.

Los medios también contribuyen cuando escandalizan a la opinión cada vez que un juez de garantías decreta ilegal una captura y ordena la libertad del capturado. Naturalmente, la audiencia que es ajena al derecho, interpreta el mensaje como si casos así implicaran la falta de respuesta del Estado a la criminalidad. El ciclo lleva a una percepción global de impunidad y el mensaje termina por impactar el criterio de los jueces, llevándolos, por ejemplo, a denegar sistemáticamente, por principio y por presión, mecanismos alternativos, como la pena domiciliaria, la condena de ejecución condicional de la pena o los brazaletes electrónicos, todos, hoy asociados con corrupción, impunidad, beneficios injustificados.

Es un buen momento para dejar el radicalismo al lado pues los complejísimos problemas de criminalidad del país no pueden pretender ser solucionados exclusivamente con cárcel, delitos, prisión y ahora...perpetua. Estudios sociológicos y antropológicos deben sustentar las medidas que en adelante tome el gobierno de turno para solucionar un problema de derechos fundamentales enorme, de una población relevante. Y es que como lo indica la ley, el fin que busca la pena es su resocialización ¿En esas condiciones? Permítanme dudarlo.

lunes, 14 de febrero de 2011

Borbollón en el área

Bastante se ha dicho y se ha escrito sobre la poca calidad del fútbol colombiano. Sin duda, la expansión de los medios de comunicación nos han puesto sobre el televisor la transmisión de las hedonistas ligas europeas cada fin de semana, para atender el deleite de nuestro apetito de fútbol mendigo que viene mal acostumbrado de ver los goles más excéntricos de nuestra liga local, anotados con la pelvis, los riñones, la rodilla y lugares de la anatomía que incluso desconocía. Cada ocho días, en los estadios nacionales se repite el rito máximo del fútbol, el gol, personificado en un tributo extraño que mezcla la desvergüenza y la perseverancia del mediocre operario colombiano del deporte más popular del mundo.

La prensa local repite la expresión "borbollón en el área" como un accidentado episodio en el que entre ires y venires de piernas, zapateos, chuteos, rasguños y aruñazos, finalmente el balón entra a la red. Ese accidentado episodio puede resumir la máxima del fútbol nacional. En esta ocasión el análisis del lisiado futbol colombiano lo haré desde una perspectiva que en sí nada tiene que ver con el juego pero que en cantidades alarmantes contribuye a la mediocridad del mismo.

1. Los uniformes. Cada semestre el dolor de ojos se repite. Los jugadores salen vestidos con monstruosidades en tela, capaces de combinar colores incombinables. Una exótica predominancia del color amarillo y el verde fluorescente traída de una etapa freudiana no resuelta. Ninguna liga de fútbol de otro país tiene tantos amarillos y verdes como la colombiana. Real Cartagena, Bucaramanga, Huila, sumados a la atroz mezcla de naranja y verde del Envigado, y otro par de gemelos de rojo y amarillo: Pereira y Tolima. He ahí la abundancia cromática. Por sanidad mental preferí no escarbar los uniformes y colores de la B, pero con facilidad recuerdo Centauros de Villavicencio y su color azul bebé, de pies a cabeza.

2. Los patrocinadores. Como una solución química, a la antiestética mezcla de colores se suman los patrocinadores: deportivos y comerciales. Pocos clubes han logrado atraer la mirada de un sponsor internacional de prestigio. De ahí para abajo, empresas con nombres impronunciables, dueños del absoluto anonimato visten los equipos nacionales, lo cual aumenta exponencialmente el potencial de fealdad del uniforme. Se suma a la horrorosa combinación, el odioso hábito de colonizar cada centímetro cuadrado de la prenda con una estampa de alguna empresa local. Cada una con su color llamativo propio, lo que le da picante extra al frenesí cromático. Lo mas grave es que los patrocinadores ya no discriminan únicamente la camiseta, la publicidad figura por doquier, cola o gónadas da lo mismo, como corredores de bolsa: venda, venda, venda.

3. Las transmisiones. Las transmisiones de los partidos hacen una mayúscula contribución a la poca nobleza del fútbol colombiano. Camarógrafos perdidos que apenas logran enfocar un plano amplio de donde acontece la acción, enviando su señal a través de un formato amateur, como del extinto video 8, condensados en una imagen con el verde acentuado, como cuando los televisores de nuestros abuelos se les graduaba el 'tinte'. Pero además de que todos los jugadores parecen extraterrestres por el entorno verde de la transmisión, narrador y comentarista se fajan faenas que dejan sordo el oído. Comentaristas improvisados, dueños de la sabiduría de la obviedad, utilizando tonos paternalistas y llamando "mijo" al jugador, apodándolos como les viene en gana, como si no bastaran sus nombres de antaño, ahora, hacen un uso indiscriminado y en ráfaga del diminutivo como sufijo del apellido, siempre que el jugador sea menor de 26 años.

4. Los estadios. Moles de hormigón, todas parecidas a un polideportivo de un penitenciario. Llevan el nombre de un prócer o un libertador local, y en su vientre, donde se supone va el césped, viene un 'paño' conquistado por los topos y las fallas geológicas. Agrietado de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro. Reúne en sus gradas tres tipos de población: los malandrines que se toman tan en serio el deporte que se hacen acuchillar como si no hubiera otro motivo por qué morir; los que van sin clemencia a ver un espectáculo de entretenimiento y a disfrutar en tranquilidad; y la fealdad regional, siempre escotada que es enfocada, mientras enseña sus fauces comiendo perro caliente, por el camarógrafo morboso durante el medio tiempo. Obvio, antecede la imagen un comentario viríl y picaresco de algún integrante de la transmisión

5. Las celebraciones. La nueva enfermedad que padecen nuestros clubes es que sus jugadores se están dedicando a ensayar coreografías patéticas en vez de revisar conceptos tácticos o a practicar en la definición que no tenemos. El día en que el jugador colombiano tenga el arco al frente y defina con un sombrerito exquisito a cambio del riendazo emulador de home-run, me sentaré en paz a verlos celebrar como les venga en gana. Pero nuestras nuevas generaciones cambiaron la gloriosa celebración de antaño del puño cerrado y el salto desgarrador del desahogo, por el baile de moda en coreografía y con pirámide humana. Bochornoso.

Ajustes de tuercas pequeñas, para no ir a las complejidades de la discusión que nos pueden llevar a concluir que el problema de nuestro fútbol mediocre radica en una configuración genética de ADN primitivo para el gol, prefiero que se tomen estas puntuales críticas. De golpe, los cambios pequeños generan los significativos. Al menos así podríamos ver nuestro fútbol mezquino en Alta definición, eso ya sería un avance.

martes, 11 de enero de 2011

Capítulo XXV - "Guerras perdidas"

Y yo que llegué a estar preocupado por que no aparecía la inspiración por ningún lado y ya se consumaban 11 días del año. Cuando supe la noticia, lo primero que se me vino a la cabeza fue una maraña de sentimientos horribles empacados al vacío, después si pensé en escribir para desahogarme. Todavía no decido si lo haré público.

Sin duda Colombia es un país desconsolado que no para de lamentar la muerte de sus hijos, que han ido muriendo por ahí, algunos razonable, otros increíble y otros inexplicablemente. Todavía no entiendo como los dolientes dan declaraciones ante una cámara y salen en los noticieros. Y lo cierto es que muchos siguen muriendo por razones miserables: ambulancias que dan vueltas hasta no parar, disparos anónimos, otros con nombre y apellido, atracadores a veces frustrados a veces nerviosos, ebrios que manejan, paramilitares con complejos de poder...Y así, los tipos que uno cree buenos se van muriendo por camadas y ninguna muerte deja la sensación de que ocurrió por un buen motivo, todas las muertes ¡maldita sea! son en vano.

¿Cómo convencerla a ella de que la vida no es mitad imbécil mitad miserable cuando la vida de su hermano se escapó como arena entre las manos, cuando un anónimo pegotero de mierda decidió jugar a los pistoleros y apretar el gatillo del más mezquino de los inventos que ha parido la humanidad?

La vida en estos países tan desarticulados y tan caóticos se ha vuelto un tanto más frágil. Tal vez, la vida se ha vuelto tanto más frágil cuanto el imbécil que porta el arma lo decida. Habrá que rezarle los 'padre nuestros' a ellos, a los paramilitares de las discotecas, a los guerrilleros que viven y mueren en su ley, a los atracadores que se drogan para calmar los nervios, a los traquetos que uno cierra accidentalmente para que en su sorda conciencia no desenfunden el revolver o empuñen el puñal.

Supongo que algún día terminará de formarse un callo justo ahí, donde se alojan los sentimientos de compasión y dolor, por las tragedias propias y las de los que uno quiere. Después de tanta insistencia, algún día espero superar la cobardía que me aleja de los velorios y los pésames. Por teléfono o en persona, da lo mismo, la mediocridad y la impotencia de mis palabras hace que se las lleve un simple soplo de llanto de quien padece todas estas cosas.

Yo intentaré redactar un manual para comportarse en un velorio, uno que sea de mi autoría, que resulte más fácil de aplicar que el que redactó Cortazar...mientras eso pasa, lo volveré a leer a ver si logro aliviar sentirme como el culpable, como la víctima, como el victimario.

¡Es que es tan absurdo esto!

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A la memoria de Mateo Matamala y al consuelo de su familia. No supe cómo más contribuir, sino desahogándome.