Dos buenos y viejos amigos tienen en común entradas en su blog sobre la absurda vida del asalariado, de quien pide permisos y de quien los concede sólo cuando se le viene en gana. Son preciosas diatribas de la afanosa vida esclavizada por el salario. Les sugerí leer mi versión, desde la independencia, la relativa independencia que cominezo a vivir. Solo pido que no se tome como un escrito desesperanzador, solo creo que la humanidad no tiene cura, aún así procuro y creo estar más cerca de la felicidad de este rincón de la vida.
Los blogs de mis amigos acá:
http://leccionesdepataleta.wordpress.com/2010/11/29/72/#comment-123
http://in-version.blogspot.com/2009/03/oficiniando.html
El mío aquí:
Empieza el año a mediados de enero y termina a mediados de diciembre. Nadie llega de vacaciones colectivas, son simplemente vacaciones, no hay colectivos, ni ejecutivos, ni toda esta retahíla de palabrillas empresariales que se inventó el mismo creador de conceptos como el DOFA, la Misión, la Visión y estas tonterías que nunca cambiarán el mundo.
Todo transcurre en la misma normalidad de las horas desapacibles. Es febrero y es raro ver que la oficina esté copada al máximo aforo. Acá somos 3, a lo sumo 4. Los horarios no coinciden, cuando unos van, otro vuelve, cuando otros vuelven el uno va y vino. Los meses pasan y cuando ya es marzo se está pensando en cual buen destino visitar durante la semana santa.
Llega abril, no hubo mucho que hacer en Semana Santa, hay que volver a consignar plata para la papelería de la oficina que se ha agotado. Aún no llegan casos, y los que están vigentes y caminando se mueven afanosamente. Generan desgaste y trabajo, pero el cliente aún no ha pagado la cuota que le corresponde: -"Un tratamiento de conductos cuesta 10 millones, usted entenderá doctor"- Yo lo entiendo, pero usted no me entiende a mi. Paso saliva y abro el sobre donde viene el extracto de la tarjeta de crédito. La cuota llega más alta de lo que calculé.
Vamos en junio, ha habido gastos innecesarios, no hay primas ni bonificaciones, el cliente sigue con su tratamiento de conductos y yo corriendo con su caso. Honestamente el semestre ha sido malo. No habrá vacaciones en junio, y si habrá que seguir trabajando, preparando audiencias y recursos. Mamá cumple y mi suegra también, mi hermano llega a su primer aniversario de casado, me propongo ofrecerle una "tregua de no regalo" que se hará valedera el día en que yo me case y dure el primer año bajo el vínculo sagrado del matrimonio. Él accede, pero a mi suegra y a mi mamá no las puedo transar con nada. La tarjeta de crédito volverá a pasar entre la ranura magnética.
Julio 5, es hora de consignar pensiones y cesantías, me sigo preguntando cuándo se darán cuenta de que reporto sobre el mínimo pero no se en verdad ni cuánto gano, ni cuánto devengo, ni cómo devengo, ni siquiera se qué devengo y hasta cuando lo haré. Solo vuelvo a consignar sobre la base de un mínimo y paso de agache un mes más. Mañana veremos, mañana veremos...
Llega un caso nuevo, dios es grande, la plata vuelve a dibujar una sonrisa en las caras largas de esta oficina que parecía de paredes gigantes y deshabitada. Ahora todos coinciden en sus horarios, se reúnen y departen, hacen planes de cómo partir los nuevos honorarios, en qué invertirlos y cómo disfrutarlos. Agosto es nuestro mes favorito.
Odioso y largo septiembre, no hay que lidiar con ningún amigo secreto, somos 3, a lo sumo 4, no hay secretos tampoco amigos, somos socios independientes dueños de nada, dueños de nuestro propio tiempo eterno. Disminuye la carga laboral, se agotan los casos y ha disminuido el trajín del año. También disminuyen los extras, aumentan los costos. La plata que llegó hay que depositarla en otra cuenta, calcular los gastos mensuales, sabrá dios cuánto gasto al mes en promedio, y dividirlos en el número de meses aproximado que tomará recibir otro caso, sabrá dios cuándo pase eso.
Ha sido un mes largo, empieza octubre y en los corredores del edificio se ven las calabazas y las brujas gritando pero acá nada cambia, las mismas puertas en madera y el mismo olor a café en las mañanas. Sería un poco infantil y otro poco corporativo disfrazar el recinto donde vienen los clientes a preguntar cada vez que se les ocurre alguna idea brillante, a consultar sus posibilidades, a proponer ideas con las que uno difiere.
Noviembre. La misma rutina, pensiones y salud los días 5, los servicios de la oficina entre el 10 y el 15, pagarle a la secretaria y recaudar de los otros socios (somos 4 o 3) su correspondiente cuota, pagar la administración no despues de los días 20 para no perder el descuento por pronto pago. Lo único que no es rutina son los fondos y la plata parece que llegara y saliera espantada por donde vino.
Mañana comienza diciembre y no hay plata para hacer planes, solo alcanza para los regalos, depronto tiempo si queda libre, tiempo que sobra y que podría invertir en algo, pero los ahorros son para eso, para el día a día. Hubo gastos desmesurados y no puedo repetir el mismo chiste. ¿Cuáles? yo qué se. Solo se que los hubo, no llevo cuenta de nada. No habrá fiesta de fin de año, intercambiaremos libros antes de la navidad y nos daremos un abrazo, nos veremos en Enero..a mediados de enero empieza el próximo año, nadie llega de vacaciones colectivas, simplemente son vacaciones.
Los blogs de mis amigos acá:
http://leccionesdepataleta.wordpress.com/2010/11/29/72/#comment-123
http://in-version.blogspot.com/2009/03/oficiniando.html
El mío aquí:
Empieza el año a mediados de enero y termina a mediados de diciembre. Nadie llega de vacaciones colectivas, son simplemente vacaciones, no hay colectivos, ni ejecutivos, ni toda esta retahíla de palabrillas empresariales que se inventó el mismo creador de conceptos como el DOFA, la Misión, la Visión y estas tonterías que nunca cambiarán el mundo.
Todo transcurre en la misma normalidad de las horas desapacibles. Es febrero y es raro ver que la oficina esté copada al máximo aforo. Acá somos 3, a lo sumo 4. Los horarios no coinciden, cuando unos van, otro vuelve, cuando otros vuelven el uno va y vino. Los meses pasan y cuando ya es marzo se está pensando en cual buen destino visitar durante la semana santa.
Llega abril, no hubo mucho que hacer en Semana Santa, hay que volver a consignar plata para la papelería de la oficina que se ha agotado. Aún no llegan casos, y los que están vigentes y caminando se mueven afanosamente. Generan desgaste y trabajo, pero el cliente aún no ha pagado la cuota que le corresponde: -"Un tratamiento de conductos cuesta 10 millones, usted entenderá doctor"- Yo lo entiendo, pero usted no me entiende a mi. Paso saliva y abro el sobre donde viene el extracto de la tarjeta de crédito. La cuota llega más alta de lo que calculé.
Vamos en junio, ha habido gastos innecesarios, no hay primas ni bonificaciones, el cliente sigue con su tratamiento de conductos y yo corriendo con su caso. Honestamente el semestre ha sido malo. No habrá vacaciones en junio, y si habrá que seguir trabajando, preparando audiencias y recursos. Mamá cumple y mi suegra también, mi hermano llega a su primer aniversario de casado, me propongo ofrecerle una "tregua de no regalo" que se hará valedera el día en que yo me case y dure el primer año bajo el vínculo sagrado del matrimonio. Él accede, pero a mi suegra y a mi mamá no las puedo transar con nada. La tarjeta de crédito volverá a pasar entre la ranura magnética.
Julio 5, es hora de consignar pensiones y cesantías, me sigo preguntando cuándo se darán cuenta de que reporto sobre el mínimo pero no se en verdad ni cuánto gano, ni cuánto devengo, ni cómo devengo, ni siquiera se qué devengo y hasta cuando lo haré. Solo vuelvo a consignar sobre la base de un mínimo y paso de agache un mes más. Mañana veremos, mañana veremos...
Llega un caso nuevo, dios es grande, la plata vuelve a dibujar una sonrisa en las caras largas de esta oficina que parecía de paredes gigantes y deshabitada. Ahora todos coinciden en sus horarios, se reúnen y departen, hacen planes de cómo partir los nuevos honorarios, en qué invertirlos y cómo disfrutarlos. Agosto es nuestro mes favorito.
Odioso y largo septiembre, no hay que lidiar con ningún amigo secreto, somos 3, a lo sumo 4, no hay secretos tampoco amigos, somos socios independientes dueños de nada, dueños de nuestro propio tiempo eterno. Disminuye la carga laboral, se agotan los casos y ha disminuido el trajín del año. También disminuyen los extras, aumentan los costos. La plata que llegó hay que depositarla en otra cuenta, calcular los gastos mensuales, sabrá dios cuánto gasto al mes en promedio, y dividirlos en el número de meses aproximado que tomará recibir otro caso, sabrá dios cuándo pase eso.
Ha sido un mes largo, empieza octubre y en los corredores del edificio se ven las calabazas y las brujas gritando pero acá nada cambia, las mismas puertas en madera y el mismo olor a café en las mañanas. Sería un poco infantil y otro poco corporativo disfrazar el recinto donde vienen los clientes a preguntar cada vez que se les ocurre alguna idea brillante, a consultar sus posibilidades, a proponer ideas con las que uno difiere.
Noviembre. La misma rutina, pensiones y salud los días 5, los servicios de la oficina entre el 10 y el 15, pagarle a la secretaria y recaudar de los otros socios (somos 4 o 3) su correspondiente cuota, pagar la administración no despues de los días 20 para no perder el descuento por pronto pago. Lo único que no es rutina son los fondos y la plata parece que llegara y saliera espantada por donde vino.
Mañana comienza diciembre y no hay plata para hacer planes, solo alcanza para los regalos, depronto tiempo si queda libre, tiempo que sobra y que podría invertir en algo, pero los ahorros son para eso, para el día a día. Hubo gastos desmesurados y no puedo repetir el mismo chiste. ¿Cuáles? yo qué se. Solo se que los hubo, no llevo cuenta de nada. No habrá fiesta de fin de año, intercambiaremos libros antes de la navidad y nos daremos un abrazo, nos veremos en Enero..a mediados de enero empieza el próximo año, nadie llega de vacaciones colectivas, simplemente son vacaciones.
Una de las cosas que más me ha impactado en la vida profesional, es la perpetua insatisfacción que demuestran en todo momento los asalariados. NUNCA ganan suficiente, NUNCA pueden tener todo lo que quieren, SIEMPRE son infelices en sus trabajos... Y esto es especialmente notorio con los empleados judiciales.
ResponderEliminarLo cual resulta ser especialmente simpático porque (y esto lo digo con conocimiento de causa porque fui empleada judicial durante mis años de universidad), dentro del rango de los empleados del mundo, estos son los que menos esfuerzo físico y, especialmente, intelectual tienen que desarrollar en su vida.
Como independiente no dejo de sentir cierta piquiña molesta cada vez que me acerco a un estrado judicial después de las cuatro de la tarde (no porque no suceda a otras horas del día) y sea el vacío quien me atienda. Esa piquiña es sensiblemente mayor en mi bolsillo del cual, haya o no haya fondos, salen los sueldos de estos "sacrificados" esclavos del Estado.
El día a día es una lucha incesante; es casi una batalla de proporciones épicas ganarle a la falta de ingresos; pero es infinitamente más gratificante cuando lo que te llega es lo que, en franca lid, te has ganado!
No cejes!!! Vivan los miserables independientes!!!
Jajajaja! está bien dramático y concentrado en los gastos (que si es verdad son una gran parte) pero tiene sus dichas y sus diferencias con la vida de empleados. Ud no tiene un jefe que se adueñe de sus ideas, ni tiene necesidad de pedir permisos para programar su tiempo. Los resultados son suyos, las glorias de los buenos meses tambien y ese crédito es lo que hace que uno siga trabajando como un negro sin hacerse un peso pero pensando claramente que algún día va a dormir tranquilo y va a tener un equipo impresionante de (en mi caso manos) mentes habiles que haran que lo suyo crezca. La vida independiente es lo máximo!
ResponderEliminarQuiero llorar. EStoy en el limbo de la independencia y la dependencia. Tengo jefe pero soy socia... y todo se mezcla y todo es un sancocho y la representación legal me obliga a sufrir, hacer cuentas y ser la sombra que ante la feliz independencia de mi jefe sigue como homiguita, fungiendo de empleada sin serlo.
ResponderEliminarLo peor de las dos situaciones. ¡compañero, compañero, compañero!