lunes, 22 de noviembre de 2010

Serie de cuentos cortos - "Romper el hielo"

La lectura injustamente ha carecido de música y fondo. Yo me tomé la licencia para poner un velo musical de paisaje que facilitaría la exploración de los sentimientos mientras se lee. Recomiendo oir estas dos canciones, durante la lectura:

Bebe - "Tu silencio"
Prince - "Purple rain"
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Quedaba un puñado de viajeros en la estación de trenes de Zaragoza. El pavimento ya olía a primavera y era un buen momento para pasar el fin de semana en Madrid, sabrán lo que es Madrid durante la primavera y no me lo perdería este año por nada del mundo.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Al frente mío yacía la más delicada figura que haya visto alguna vez. Era una mujer sutil, parecía pintada por un pincel de cerdas finas, milimétricas. Un periódico le tapaba la cara por completo pero lo poco que se asomaba por fuera del diario abierto me dejó la mirada clavada ahí, atornillada, esperando para verle.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. La impaciencia me estrangulaba cada vez que pasaba la página y su cara detrás de la página de clasificados seguía sin aparecer. Finalmente bajó el diario para concentrarse en algún artículo. Al agachar la mirada apenas pude verle un poco más claro. Era aún más hermosa de lo que me pude imaginar.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Entre ellos, ésta mujer, sin duda varios años más que yo, empacada en un traje seductor. Su cara en absoluta armonía, con los rasgos bien marcados, afilados, y sus pestañas eran enormes. Persianas de los ojos profundos y oscuros.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza cuando la gallardía me retó a seguir mirándola, y así lo hice mientras esperaba a que mi tren partiera. Tenía tiempo de sobra, incluso para ir ante el ministerio de cualquier iglesia y casarme con ella para siempre y en nombre de cualquier Dios.

Finalmente ella desatendió el maldito diario. Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza cuando finalmente alzó la mirada y se fijó en mi. Al cabo, no había mucho más que mirar al rededor, la estación estaba casi vacía.

Su mirada era arrogante. Tan arrogante era, que se quedó mirándome desafiante cuando supo que yo la miraba con tanta atención. No sonreía, solo me miraba y me digería en un duelo de ¡qué se yo! Apenas pude salir del impacto agaché mi cabeza, no pude seguir contemplando la cara más misteriosa que aún 20 años después de esa primavera del 91 haya podido ver. Solo un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza.

Recuperé el aliento y la volví a adorar, ya era hora que supiera que no era un hombre cualquiera. Me dispuse a contener la mirada hasta que ella cediera, no sería yo el derrotado, así que la miré de nuevo y me concentré en sus ojos. Ella seguía haciendo lo mismo, únicamente desfijó la vista para poner el diario en un puesto vacío y volvió a mirarme. Seguro lo hizo para tomar un nuevo impulso. Casi nadie quedaba en la estación de trenes, solo un puñado de viajeros y esto podía tomarnos horas y días enteros.

Juro que podía sentir cómo me sudaban las manos, ya estaba dispuesto a dar el salto final, me iba a parar para hablarle cualquier tontería. No me importaba ya a dónde viajase ella, allá iría yo. Iba a pararme dispuesto a besarla, el plan estaba firmado por mi cabeza y mi cuerpo, solo faltaba ponerlo en marcha. Total, solo un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Nos seguíamos mirando...

El parlante pegó un grito, rompió el silencio y llamó a abordar a los pasajeros con destino a Barcelona. Lo ignoré, yo iba a Madrid y ella iría conmigo o yo con ella, daba lo mismo. Me paré, ella se paró, me acerqué, ella se acercó. Quedaba un puñado de personas en la estación de trenes de Zaragoza, yo abrí la boca cuando la tenía justo en frente para decirle algo, cuando ella me interrumpió:

-"De lo que te perdiste chaval..."-

Suspiró y subió al tren que iba a Barcelona. Yo permanecí petrificado un rato más...Solo quedaba un puñado de viajeros en la estación de trenes de Zaragoza.

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