martes, 30 de noviembre de 2010

Capítulo XVIII - "Ser independiente no significa independencia"

Dos buenos y viejos amigos tienen en común entradas en su blog sobre la absurda vida del asalariado, de quien pide permisos y de quien los concede sólo cuando se le viene en gana. Son preciosas diatribas de la afanosa vida esclavizada por el salario. Les sugerí leer mi versión, desde la independencia, la relativa independencia que cominezo a vivir. Solo pido que no se tome como un escrito desesperanzador, solo creo que la humanidad no tiene cura, aún así procuro y creo estar más cerca de la felicidad de este rincón de la vida.

Los blogs de mis amigos acá:

http://leccionesdepataleta.wordpress.com/2010/11/29/72/#comment-123
http://in-version.blogspot.com/2009/03/oficiniando.html

El mío aquí:


Empieza el año a mediados de enero y termina a mediados de diciembre. Nadie llega de vacaciones colectivas, son simplemente vacaciones, no hay colectivos, ni ejecutivos, ni toda esta retahíla de palabrillas empresariales que se inventó el mismo creador de conceptos como el DOFA, la Misión, la Visión y estas tonterías que nunca cambiarán el mundo.

Todo transcurre en la misma normalidad de las horas desapacibles. Es febrero y es raro ver que la oficina esté copada al máximo aforo. Acá somos 3, a lo sumo 4. Los horarios no coinciden, cuando unos van, otro vuelve, cuando otros vuelven el uno va y vino. Los meses pasan y cuando ya es marzo se está pensando en cual buen destino visitar durante la semana santa.

Llega abril, no hubo mucho que hacer en Semana Santa, hay que volver a consignar plata para la papelería de la oficina que se ha agotado. Aún no llegan casos, y los que están vigentes y caminando se mueven afanosamente. Generan desgaste y trabajo, pero el cliente aún no ha pagado la cuota que le corresponde: -"Un tratamiento de conductos cuesta 10 millones, usted entenderá doctor"- Yo lo entiendo, pero usted no me entiende a mi. Paso saliva y abro el sobre donde viene el extracto de la tarjeta de crédito. La cuota llega más alta de lo que calculé.

Vamos en junio, ha habido gastos innecesarios, no hay primas ni bonificaciones, el cliente sigue con su tratamiento de conductos y yo corriendo con su caso. Honestamente el semestre ha sido malo. No habrá vacaciones en junio, y si habrá que seguir trabajando, preparando audiencias y recursos. Mamá cumple y mi suegra también, mi hermano llega a su primer aniversario de casado, me propongo ofrecerle una "tregua de no regalo" que se hará valedera el día en que yo me case y dure el primer año bajo el vínculo sagrado del matrimonio. Él accede, pero a mi suegra y a mi mamá no las puedo transar con nada. La tarjeta de crédito volverá a pasar entre la ranura magnética.

Julio 5, es hora de consignar pensiones y cesantías, me sigo preguntando cuándo se darán cuenta de que reporto sobre el mínimo pero no se en verdad ni cuánto gano, ni cuánto devengo, ni cómo devengo, ni siquiera se qué devengo y hasta cuando lo haré. Solo vuelvo a consignar sobre la base de un mínimo y paso de agache un mes más. Mañana veremos, mañana veremos...

Llega un caso nuevo, dios es grande, la plata vuelve a dibujar una sonrisa en las caras largas de esta oficina que parecía de paredes gigantes y deshabitada. Ahora todos coinciden en sus horarios, se reúnen y departen, hacen planes de cómo partir los nuevos honorarios, en qué invertirlos y cómo disfrutarlos. Agosto es nuestro mes favorito.

Odioso y largo septiembre, no hay que lidiar con ningún amigo secreto, somos 3, a lo sumo 4, no hay secretos tampoco amigos, somos socios independientes dueños de nada, dueños de nuestro propio tiempo eterno. Disminuye la carga laboral, se agotan los casos y ha disminuido el trajín del año. También disminuyen los extras, aumentan los costos. La plata que llegó hay que depositarla en otra cuenta, calcular los gastos mensuales, sabrá dios cuánto gasto al mes en promedio, y dividirlos en el número de meses aproximado que tomará recibir otro caso, sabrá dios cuándo pase eso.

Ha sido un mes largo, empieza octubre y en los corredores del edificio se ven las calabazas y las brujas gritando pero acá nada cambia, las mismas puertas en madera y el mismo olor a café en las mañanas. Sería un poco infantil y otro poco corporativo disfrazar el recinto donde vienen los clientes a preguntar cada vez que se les ocurre alguna idea brillante, a consultar sus posibilidades, a proponer ideas con las que uno difiere.

Noviembre. La misma rutina, pensiones y salud los días 5, los servicios de la oficina entre el 10 y el 15, pagarle a la secretaria y recaudar de los otros socios (somos 4 o 3) su correspondiente cuota, pagar la administración no despues de los días 20 para no perder el descuento por pronto pago. Lo único que no es rutina son los fondos y la plata parece que llegara y saliera espantada por donde vino.

Mañana comienza diciembre y no hay plata para hacer planes, solo alcanza para los regalos, depronto tiempo si queda libre, tiempo que sobra y que podría invertir en algo, pero los ahorros son para eso, para el día a día. Hubo gastos desmesurados y no puedo repetir el mismo chiste. ¿Cuáles? yo qué se. Solo se que los hubo, no llevo cuenta de nada. No habrá fiesta de fin de año, intercambiaremos libros antes de la navidad y nos daremos un abrazo, nos veremos en Enero..a mediados de enero empieza el próximo año, nadie llega de vacaciones colectivas, simplemente son vacaciones.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Serie de cuentos cortos - "Romper el hielo"

La lectura injustamente ha carecido de música y fondo. Yo me tomé la licencia para poner un velo musical de paisaje que facilitaría la exploración de los sentimientos mientras se lee. Recomiendo oir estas dos canciones, durante la lectura:

Bebe - "Tu silencio"
Prince - "Purple rain"
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Quedaba un puñado de viajeros en la estación de trenes de Zaragoza. El pavimento ya olía a primavera y era un buen momento para pasar el fin de semana en Madrid, sabrán lo que es Madrid durante la primavera y no me lo perdería este año por nada del mundo.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Al frente mío yacía la más delicada figura que haya visto alguna vez. Era una mujer sutil, parecía pintada por un pincel de cerdas finas, milimétricas. Un periódico le tapaba la cara por completo pero lo poco que se asomaba por fuera del diario abierto me dejó la mirada clavada ahí, atornillada, esperando para verle.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. La impaciencia me estrangulaba cada vez que pasaba la página y su cara detrás de la página de clasificados seguía sin aparecer. Finalmente bajó el diario para concentrarse en algún artículo. Al agachar la mirada apenas pude verle un poco más claro. Era aún más hermosa de lo que me pude imaginar.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Entre ellos, ésta mujer, sin duda varios años más que yo, empacada en un traje seductor. Su cara en absoluta armonía, con los rasgos bien marcados, afilados, y sus pestañas eran enormes. Persianas de los ojos profundos y oscuros.

Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza cuando la gallardía me retó a seguir mirándola, y así lo hice mientras esperaba a que mi tren partiera. Tenía tiempo de sobra, incluso para ir ante el ministerio de cualquier iglesia y casarme con ella para siempre y en nombre de cualquier Dios.

Finalmente ella desatendió el maldito diario. Un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza cuando finalmente alzó la mirada y se fijó en mi. Al cabo, no había mucho más que mirar al rededor, la estación estaba casi vacía.

Su mirada era arrogante. Tan arrogante era, que se quedó mirándome desafiante cuando supo que yo la miraba con tanta atención. No sonreía, solo me miraba y me digería en un duelo de ¡qué se yo! Apenas pude salir del impacto agaché mi cabeza, no pude seguir contemplando la cara más misteriosa que aún 20 años después de esa primavera del 91 haya podido ver. Solo un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza.

Recuperé el aliento y la volví a adorar, ya era hora que supiera que no era un hombre cualquiera. Me dispuse a contener la mirada hasta que ella cediera, no sería yo el derrotado, así que la miré de nuevo y me concentré en sus ojos. Ella seguía haciendo lo mismo, únicamente desfijó la vista para poner el diario en un puesto vacío y volvió a mirarme. Seguro lo hizo para tomar un nuevo impulso. Casi nadie quedaba en la estación de trenes, solo un puñado de viajeros y esto podía tomarnos horas y días enteros.

Juro que podía sentir cómo me sudaban las manos, ya estaba dispuesto a dar el salto final, me iba a parar para hablarle cualquier tontería. No me importaba ya a dónde viajase ella, allá iría yo. Iba a pararme dispuesto a besarla, el plan estaba firmado por mi cabeza y mi cuerpo, solo faltaba ponerlo en marcha. Total, solo un puñado de viajeros quedaban en la estación de trenes de Zaragoza. Nos seguíamos mirando...

El parlante pegó un grito, rompió el silencio y llamó a abordar a los pasajeros con destino a Barcelona. Lo ignoré, yo iba a Madrid y ella iría conmigo o yo con ella, daba lo mismo. Me paré, ella se paró, me acerqué, ella se acercó. Quedaba un puñado de personas en la estación de trenes de Zaragoza, yo abrí la boca cuando la tenía justo en frente para decirle algo, cuando ella me interrumpió:

-"De lo que te perdiste chaval..."-

Suspiró y subió al tren que iba a Barcelona. Yo permanecí petrificado un rato más...Solo quedaba un puñado de viajeros en la estación de trenes de Zaragoza.

martes, 9 de noviembre de 2010

Capítulo XVII - "Abogado...no leguleyo"

Cuando recibí el diploma de abogado cerré los ojos y me ví, antes que todo, como un abogado con un futuro promisorio, con un ímpetu más grande que el suspiro de fe con el que salí a hacer las cosas, lleno de ilusiones, armado de principios y franqueza, comprometido a cambiar al mundo. El paso del tiempo, al cabo, termina por apretar su cuña y se lleva todos esos bonitos anhelos al inodoro, luego descarga.

Los abogados, parece que estamos hechos de la misma extraña materia gris, a pesar de la enorme biodiversidad reptil que nos rodea. Hablamos y escribimos llenos de adornos, cada intervención es un viaje sin regreso al purgatorio, cada palabra tiene a su lado un séquito de adjetivos que la acompañan. Para su comprensión: somos creadores del arte de no hacernos entender.

Esa descripción es la estampa de aquél que se conoce en las calles como el 'leguleyo'. Es otro ser abominable, viste corbatas color bocadillo y vestidos color oliva, operador del derecho, hace todo lo posible por confundir a pesar de que su único objeto es argumentar para hacer clara una postura. Al contrario, en medio del galimatías* (ya ven por qué lo digo) de sus argumentos, simula hacerse entender y no lo consigue. Solo lo entienden sus colegas enrazados, hijos de la misma rareza lingüística que a todos despista...La mayoría de las veces los entiendo, y cuando lo hago me compadezco. Llevo su ADN.

Desde aquel momento en que recibí el título, hasta hoy que tengo la posibilidad real de representar los intereses de quien generalmente no entiende las oscuras artes del derecho, han cambiado mis anhelos. Gracias al contagiaoso pesimismo propio de la profesión, mis ilusiones tienen menor dimensión: hoy en día aspiro a cosas más modestas pero más edificantes. Eso es seguro. Hoy quiero ser un abogado distinto, que escriba y hable corto, que sea claro, que no aderece inutilmente las palabras. Prefiero pasar por insulso y desaliñado que por meticuloso, palabrero y enredador.

Y con el tiempo, he visto que estos sobrios anhelos en verdad representan un cambio significante. Si los abogados dejaran las artimañas de aprovecharse del monopolio de las leyes y comenzaran a hacerse entender, seguro las sentencias, los memoriales y las audiencias no necesitarían intérpretes. Las declaraciones de los políticos serían comprendidas por los ciudadanos, y cuando la respuesta es desconocida, probablemente ese leguleyo diría: "no lo se"

Para cambiar el mundo se necesita sumar granos de arena, para la desesperanza se necesitan ideas simples, para ejercer el derecho se necesita contenido y no esta falsa elocuencia que me aturde. Este es un buen momento para que las generaciones de abogados que vienen, erradiquen del repertorio estas espantosas costumbres que tienen los abogados de hoy.

Ya mismo comenzó mi cambio, termino esta entrada con una última precisión: La próxima vez que me pregunten por mi profesión aclararé: Abogado...no leguleyo.

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*m. coloq. Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas.

martes, 26 de octubre de 2010

Capítulo XVI - "Estupidez y Burocracia"

Incluso la evolución de la humanidad tenía límites. Debieron haberme advertido.

Un recorrido evolutivo que empezó hace millones cuando el platirrino mutó a homosapiens, asumió posición bípeda, manipuló objetos, prensó con el pulgar...se ha detenido hoy, cortesía de la más grande de las invenciones del ser humano, ese ser humano que alguna vez se escondió de los extintos dinosaurios y hoy juega a ser Dios para reinventarlos.

Cada expresión susceptible de un calificativo, tiene un equivalente en el lado contrario, un opuesto. Incluso la materia conoce de la antimateria: se anulan. El hombre tiene un equivalente en el otro bando, que no sabría cómo llamarlo, antihombre está bien para mí. Antihombre es ese ser repugnante uniformado, autómata, preso de los procedimientos que ejecuta vez tras vez, una y otra, hasta que se ampollan las yemas de sus dedos de tanto presionar el teclado, una vez más, sistemático, hasta que se convierte en una manifestación de la materia útil que no piensa, que sí ejecuta. Usa un uniforme y su piel lastimada por las arrugas y las ojeras apenas ve la luz del sol que entra por el rincón del vestíbulo. Si acaso diferencia entre la luz del sol y las varas de neón que iluminan su pantalla.

Antihombre y burócrata son sinónimos, en mi mundo, en el mundo en el que me tocó vivir, lo son. Burócrata es todo aquel que renunció a pensar a cambio de ejecutar un procedimiento de forma repetitiva. Sus manos apuñalan el teclado con gran destreza, pero no piensa: solo ejecuta. Claro, recibe como debida contraprestación, un salario de mierda que le alcanza para endeudarse, una identificación para aprovechar una caja de compensación de mierda, la afiliación a un seguro de salud, más mierda aún y una tiquetera con 30 vales para recibir un almuerzo diario, que no cocina la abuela o la tía de alguien. La ha de cocinar otra mujer presa de este sistema cíclico y parasitario de nunca acabar.

La burocracia es la expresión técnica y sofisticada que representa la estupidez humana, o lo que llamé hace unos párrafos: la detención de la evolución. Paul Tabori lo llamó "La estupidez del papeleo" o "la pérdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado crónico de estupidez" Y según he visto, ese estado de imbecilidad absoluta hecha un procedimiento, un diagrama de flujo, un conducto regular, no escapa a latitudes y longitudes: es, hermanos míos, hecho por el hombre para el hombre, donde quiera que esté.

La ejecuta un tarado maquinista, despreciable, ávido de cualquier capacidad de dirección y de distorsión del ciclo y se esparce como un virus que infecta al usuario, que sale frustrado, después de horas esperando turno con los tímpanos al borde del estallido después de oir la chicharra que llama a los dichosos que serán atendidos por un autómata pasmarote y alelado, para que al cabo de su diligencia haya perdido su tiempo y sepa que nada de esto ha servido.

Copia autenticada del RUT, registro civil de matrimonio, 3 copias y una de ellas plastificadas, 4 fotos 3x4 fondo azul, con las orejas visibles, sin usar aretes, las patillas no deben ser pobladas, sin gafas, sin cerrar los ojos, no importa la intensidad del flash, 3 resmas de papel Kimberly, un paquete de 3 rollos de papel higiénico así la única presentación sea en múltiplos de dos, certificado de existencia y representación de la sociedad, recibo de consignación del pago de los derechos para reconocimiento de la pensión de invalidez adelantada por el propio inválido en persona, certificado auténtico de pensión de jubilación adelantada por el mismo pensionado que deberá hacer una fila que comienza a 4 cuadras de la oficina y que conforman otro centenar de pobres e infelices hombres, cuya sumatoria de edades alcanza para cubrir el pasivo pensional de este país que se desbarata a pedazos entre tanta corrupción concentrada en los mismos asnos mamacallos de siempre.

La burocracia, el antihombre, el burócrata, son todos conceptos que materializan el fin de nuestros días, el detenimiento de la evolución del ser humano, el año 2012, el Y2K, la muerte del pulpo Paul, qué se yo. ¿Señora, qué más quiere que le diga?

Admiro a la señora Patricia que explotó en sus entrañas y mando a comer cantidades industriales de mierda al servidor sin autoridad, pero al fin y al cabo carnetizado y representante de la compañía de televisión por cable, ícono y propiedad del hombre más rico del planeta tierra. El bienestar que sintió cuando colgó el teléfono no debió hacerse esperar. Eso sí, tenga usted la absoluta seguridad de que al día siguiente de tremendo puteadón la señal no había sido reconectada.

De cada guerra mundial que ha dejado la humanidad al borde del colapso, han emergido más y más burócratas y más y más imbéciles automatizados, como usted y como yo. Paul Tabori insiste en que "ellos engordan con la escasez y prosperan en los momentos de crisis. La paz jamás puede ofrecerles tantas oportunidades de ejercer sus pequeñas tiranías, utilizando el papeleo para regimentar al individuo y amargando la vida de sus semejantes. Ninguna guerra fue ganada por funcionarios; varias estuvieron a punto de ser perdidas por ellos"

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Esta columna, subida en tono, es la única forma apta que encontré para desahogar la frustración que me da ver al ser que más quiero en la tierra, esperando sin esperanza una autorización de la EPS para que le practiquen un procedimiento. No se desilusionen, no es que no se la dieran. Después de meses de espera, le dieron la autorización... equivocada.

lunes, 11 de octubre de 2010

Capítulo XV - "Rock en coma"

El Rock -n- Roll es el género que por exelencia vincula los términos "música" y "concierto". Fue éste genero quien se encargó de desarrollar toda una industria al rededor de las presentaciones en vivo, lo cual permitió ir más allá de los toques en bares underground del Reino Unido. El Rock dispuso un brazo armado alimentado por los ingresos que representaba la venta de long plays para que algo más de 80 personas quedaran satisfechas. Naturalmente, este número rebosaba el aforo de los pubs donde tocaban esas bandas emergentes de los años 60. A finales de los 70's ya se hablaban de miles y miles de espectadores y así aumentó progresivamente.

Hace algo así como 2 años, el escenario del entretenimiento en Colombia comenzó a vivir lo que hace 30 venían viviendo los países desarrollados en materia de música. Pasamos de las esporádicas presentaciones de una que otra gran banda, a una sana sobresaturación de tradicionales, vigentes y futuros grupos, en múltiples géneros. Se ha logrado dar gusto a una fila de paladares que reclamaban el último acto en la cadena alimenticia de la música: Ver en vivo, y poder palpar al oído a los ídolos del Rock.

Tal ha sido el boom desmesurado, que el mismo día, dos bandas 'top' se presentarán en esta ciudad que está harta de recibir a Vicente Fernández anualmente. En el telón estarán los Smashing Pumpkins, que se sacudieron del reinante grunge de los 90's para crear un rock artesanal de explosiones estridentes y repentinos sonidos melancólicos, y Hot Chip, una estructurada banda de música dance con influencia de rock británico, que ciertamente pone a bailar a cualquiera, pero con mucho más picante que el que deja ese lánguido electro-pop pegajoso impulsado por las disqueras. Receta desalmada pero exitosa, repetible una y otra vez.

Una amiga me preguntó a cual iría yo. Ante el dilema y después de pensarlo varias veces, decidí decirle que no iría a ver a los pumpkins...aunque soy defensor del Rock ante cualquier confrontación de géneros muscales. Lo cierto es que estos han caído en un naufragio musical. Hace rato que cayeron. No solo no se volvió a saber de ellos. Intentando oir lo más reciente, solo se perciben síntomas del rock de antaño del "Mellon Collie and the Infinite Sadness", la voz sin igual del calvo Corgan sigue, pero la banda está en coma inducido, ya no es lo mismo.

Y es que los Pumpkins representan el estado actual de buena parte del rock que llega gateando a nuestro país. Hoy, ante la melancolía de no volver a retomar el camino de los éxitos radiales a punta de singles contundentes, a muchas bandas no les queda de otra, sino conquistar mercados nunca conquistados en épocas cuando el éxito rebosaba. Para reinventar la inspiración o para llenar sus bolsillos, no es justo que América sea la tierra fértil que nunca conquistaron cuando debieron conquistarla.

Qué otro motivo podría justificar la terrible coincidencia de que hoy, en los últimos dos años, hayan desembarcado o han de desembarcar a estas humildes y nobles tierras, bandas de rock de cementerio como Stone Temple Pilots, R.E.M., Limp Bizkit, The Cramberries, The Offspring, Korn y ahora Smashing Pumpkins, por decir algunas. Nadie les arrebatará un pasado glorioso, pero nadie les niega un presente incierto, ni que decir de augurios para el futuro. Por eso es que estas bandas solo aparecen cuando iTunes desempolva en 'aleatorio', una vieja y buena canción de su autoría, o cuando suenan en programas geriátricos de Clásicos del Rock en algunas emisoras especializadas.

Buena parte de estos grupos que han venido o que vendrán (calma, no hago generalizaciones injustas) tienen algo en común: su cuarto de hora ya pasó. Yo no puedo dejar de sentirme como segundo plato, como destino para tomar un segundo aire, siento que ya desafinaron, ya no serán lo mismo. Tal vez por eso mismo no fui a ver la exhibición Sampras-Agassi. Me hubiera gustado verlos en su mejor momento, como verdaderos tenistas y no hoy, cuando son la cara visible de una marca de carros. El Rock and Roll al fin y al cabo, más que un género de música es un estado de ánimo.

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Esta entrada hace parte de una terapia personal de desahogo en la que
asumo mea culpa por no haber ido a ver a Coldplay en Bogotá en un
momento en que su madurez musical ha llegado al tope.
Solo espero poder desquitarme en algún momento.
Con ver Arcade Fire o Stereophonics la balanza
creo que quedaría equilibrada.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Capítulo XIV - "Radio y buenos modales"

En el último programa radial "Cinema W", Mario Alcalá, conductor del programa, entrevistó a Rubén Mendoza, director de la película "La sociedad del semáforo" buscando una aparente discusión e intercambio de opiniones sobre la más reciente obra del invitado. Lejos de una amigable controversia, Alcalá terminó enseñando su escarapela de periodista de W Radio y confrontó altanero y con grosería los pormenores de la película. Los oyentes terminaron atónitos y las críticas no se hicieron esperar.

Si bien el objetivo de esta columna no es cuestionar los pergaminos que reúne el señor Alcalá para reprochar la patanería que mostró a lo largo de la 'entrevista', lo cierto es que el programa que conduce no es precisamente un referente en materia de cine, y su nombre tampoco encarna verdaderas autoridades de la crítica especializada como ocurre por ejemplo con Mauricio Laurens -a quien respetuosamente le hicimos comentarios en "De críticas, broncas y caldos, en este espacio-

La ordinaria forma en que el señor Alcalá entrevistó a Rubén Mendoza, en el fondo descubre un problema crónico que viene cocinándose en los medios radiales colombianos. Parecería que en los programas de opinión como en el que trabaja Alcalá, se gesta una nueva escuela de periodismo que confunde la confrontación del entrevistado con fines investigativos, con un arrinconamiento en vivo, en el que el 'invitado' no tiene derecho a réplica y que cada vez que quiere infirmar algo, es bruscamente interrumpido.

La audiencia espera que estos medios informen, investiguen y pongan al descubierto ciertas evidencias que han pasado por alto las autoridades, en aquellos casos de investigación periodística y generen opinión a conciencia en casos menos trascendentales. Pero lo anterior no exime al periodista del respeto y las buenas maneras con el entrevistado, bien sea el gestor de una política de gobierno corrupta disfrazada en subsidios agrónomos para los pobres, bien sea el director de cine de una película abucheada, bien sea Carlos Calero, bien sea Ingrid Betancourt y su libro.

No podría ser otro el desenlace, si finalmente quienes están detrás del micrófono, son jóvenes autócratas, acomplejados, sin trayectoria, abrumados por la popularidad y el poder que concentran los medios de comunicación con credibilidad, que a diferencia de los poderes públicos, no están sometidos a contrapesos ni controles efectivos. Según parece su única regulación yace en el raiting.

De ahí que los oyentes deberíamos cuestionarnos más el contenido de estos programas, que parecen cantar verdades absolutas, lapidando al 'invitado' ante la exposición al público sin que haya igualdad de armas. Es bueno mencionar que no todas las confrontaciones de la investigación periodística han sido exitosas o tienen buen recaudo. Recordemos muchos inocentes que también han sido descabezados, sin derecho a la réplica o al silencio. Los medios de comunicación también persiguen provechos particulares y son sociedades con ánimo de lucro, sujetas al vaivén de los intereses, políticos, económicos y sociales. O ¿quien niega que los juicios paralelos que aquí se adelantan no han justificando alguna vez un provecho individual que desvía el fin de informar veraz e imparcialmente?

Prácticas como ésta de adelantar juicios paralelos en los medios y el oficio de las oficinas de cobro al servicio del narcotráfico o el paramilitarismo, a pesar de las infinitas diferencias, cargan una peligrosa herencia común: son formas de hacer justicia por propia cuenta y como siempre pasa, el método termina pecando por cuenta de los excesos.



miércoles, 22 de septiembre de 2010

Capítulo XIII - "Premio Nobel de Reggaeton"

Juan Esteban Aristizabal, también conocido como 'Juanes' convenció el pasado 21 de septiembre de 2010 a gran mayoría de los habitantes de la comuna 13 de Medellín a asistir a un denominado 'concierto por la paz'. El propósito era, a través de la música, generar un espacio de tolerancia, respeto y paz con el fin de que crear espacios de dialogo y convivencia entre sectores rivales que han desatado una guerra absurda, las últimas semanas.

Aunque nadie cuestiona la voluntad de Juanes por aportar soluciones al conflicto, creo que vale la pena cuestionar estas campañas y tomarlas con beneficio de inventario. No por que sea un viejo ácido y desconfiado, ni porque me crea capaz de desafiar los buenos oficios del hombre más bacán del mundo, sino por que lograr la paz en una sociedad tan poco cohesionada, requiere de un proceso bastante más complejo que poner a los habitantes de la comuna a bailar rock y reggaeton en medio de un concierto.

Un ejemplo: La paz entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, ha venido dando muestras de mejoría -porque todo hay que decirlo- pero con el perdón de Juanes y sus fervorosos adherentes, el concierto de la frontera no fue la receta mágica de paz que puso en estado de acercamiento las insolubles posturas de los gobernantes. Se requirió tiempo, mediación, lobby, diplomacia y ceder en algunos puntos precisos.

De la misma forma, este último auspicioso acto liderado por Juanes para aportar al conflicto de las comunas en Medellín, tuvo un innecesario despliegue y cubrimiento mediático y es que justamente el problema es ese. Los medios no pueden seguir magnificando estos eventos, sacrificando la realidad que hoy, después del concierto, sigue rigiendo.

Los buenos oficios del artista para aportar a algo tan complejo como la paz y la armonía de una sociedad desbaratada, significa el comienzo del rompecabezas, mas no significa haber puesto la última ficha. Los medios y la sociedad deberían evitar caer en episodios de euforia desmedida afirmando que llegó la paz a la comuna 13 al son de rock y reggaeton. Menos aún, si en cada cable de noticias en el que aparecían imágenes del concierto por la paz, el público estaba en tremendo pogo*

Por un lado, conociendo los problemas que le trae a la sociedad colombiana sobredimensionar y magnificar detalles menores (reinados de belleza, hinchas que se hacen matar por el color de una camiseta, etc.) y por otro, sabiendo de antemano la indolencia con la que realmente asumimos hechos y situaciones inaceptables en cualquier sociedad ('falsos positivos', 'chuzadas', AIS) espero generar en el lector y en el consumidor de medios de información una opinión crítica, para que no proyecte en un sujeto que quiere aportar a la cohesión social desde las posibilidades que su medio ofrece, un Ghandi que no es.

Ruego a los medios para que no santifiquen los buenos oficios de estos personajes, me basta con que informen "veraz e imparcialmente" como afirman hacerlo. También espero que tipos como este, no actúen con falsa modestia aspirando al Nóbel de Paz, tema que ha llegado al absurdo de tener por candidata a Ingrid Betancourt recién liberada y a Barack Obama recién elegido. Si le van a dar un Nóbel a alguien por el concierto de la paz, J-Balvín merece el premio Nobel de Reggaeton.

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*Según el diccionario latinoamericano, pogo significa "moverse de forma brutal, dando vueltas, empujando y dando golpes sin querer dañar a nadie, divirtiéndose al pie del escenario en conciertos cuyo género generalmente es Punk, Hardcore o Rock"