lunes, 25 de julio de 2011

Cuento de hadas

(Soundtrack aquí)

Lo poco que queda del equilibrio de este país está apoyado sobre los hombros de aquellos colombianos abnegados que se dedican a hacer los oficios que otros colombianos con más dinero simplemente no somos capaces de hacer. Muchos nos ahogaríamos en los oceanos de las autoestimas y los egos en el momento en que algún buen día, la vida y su justicia selectiva, buena para nada, decidieran que es hora de que carguemos un trapero en una mano y un destapador de inodoros en la otra.

Precisamente a aquellos me refiero, a los que entre el desprendimiento y la resignación lavan baños y calzoncillos de un grupo familiar de extraños, desatoran la basura que queda entre las tuberías, abren y cierran mecánicamente las puertas para que los inquilinos no se molesten en empujarlas. Los que entre la infelicidad y la simpleza, limpian las joyas de plata de otro, joyas que nunca llegarán a tener. También los que cortan el césped de jardines que son más grandes que la pieza en la que habitan. Los que lustran los zapatos de un millar de desconocidos mientras compran a cambio, unas monedas y un lumbago insoportable.

Este país es pesado como el acero. Igual, sobre los hombros de estos buenos muchachos reposa todo ese peso. Si este fuera un lugar decente un plomero cobraría un ojo de la cara. Solo verdaderas celebridades se darían el lujo de tener una empleada encargada del aseo. En algunos hogares de Colombia trabajan de a pares y aún así no dan abasto. Sus hombros igual son anchos y firmes, soportan ese peso y el mío, que con los años gano kilos. Me hago cada vez más pesado porque para ser honestos, aspiro a ese estilo de vida, de empleadas, conductores y sirvientes. Esas son las cosas que detesto de mi, pero esa es otra discusión.

Otro rasgo de la relación gamonal-jornaleros que un genio logró mitigar usando las expresiones "empleador" y "trabajador", es que además de verse beneficiado por sus manos ampolladas y por sus labores de mierda, uno suele descalificar la labor de estas personas cuando no se llega al punto de satisfacción, que sea dicho de paso, es inalcanzable. Eso me pasó con el nuevo celador que llegó a mi edificio: le cargo bronca por que no saluda con una sonrisa, apenas saluda. Un auténtico hijo de puta en mi idioma.

Ese mismo individuo que apenas musita entre los dientes el "buenos días" que yo exijo oir al atravesar la puerta, me abordó esta tarde. Me preguntó que si era abogado. Yo asentí. Me contó su caso. Sigo conmovido. Se trata de uno de esos "heroes de la patria" voluntarios del ejército. Terminó calando en algún chiquero en el orto del Caquetá. Como contraprestación a su servicio y como muestra de gratitud, el Ejército Nacional lo echó por que contrajo Lesimhaniasis sirviéndole a la patria que defendió durante 8 años. A esa patria que no roba a Luis Carlos Sarmiento Angulo sino a las víctimas del invierno y a los contribuyentes que pagan a tiempo sus obligaciones fiscales.

Para mi, el celador seguirá siendo un vergajo sin buenos modales: al final de la consulta casi que no me da las gracias. Pensándolo bien, el hombre tiene la razón en no estar agradecido del todo: me contó su caso y yo solo pude encogerme de hombros; fruncí el ceño y le expliqué que si lograba hacer esfuerzos para contratar un abogado, con seguridad tendría un proceso judicial tan incierto como ganarse el baloto, y cuya única garantía es que la sentencia saldría en mínimo ocho años.

No hay final feliz...

domingo, 17 de julio de 2011

¡Maldito Deporte!

Soundtrack aquí

Para el momento en que estoy escribiendo esto, el partido entre Brasil y Paraguay de la Copa América 2011 me dio una vez más la razón. Maldito, mil veces maldito sea el fútbol.


Esta historia nos remite a una histórica comparación entre las invenciones atribuibles al pragmatismo de los Estados Unidos y la sicótica manía de los ingleses por crear las formas más complejas para todo, incluídos los palos de golf, el timón del interior de los carros a la derecha, el naipe con sus A's, K's, Q's picas (¿picas? ¿quién carajos ha visto las picas?). Por supuesto, mi amado fútbol hace parte de este análisis.

Temporada 2010-2011 de la NFL: Los Green Bay Packers venían jugando una temporada sólida en cada departamento. Al mando, un joven pero experimentado Quarterback, Aaron Rodgers, lleno de experiencia y un maletín de vivencias y aprendizaje al lado de Brett Favre. Durante toda la temporada fueron consistentes, apenas perdieron 6 partidos. En la postemporada jugaron a otro precio y no hubo un equipo que los superara, ni en yardas logradas ni en yardas permitidas: la esencia del fútbol americano. Justos campeones ante los Pittsburgh Steelers.

Temporada 2010-2011 de la NBA: Dallas Mavericks fue consolidando su equipo a lo largo de la temporada regular. Sin llegar con el mejor currículo, cuando se trató de los playoffs no tuvieron rival. No fueron los Lakers a quienes trituraron en cada partido que jugaron, no fue el Heat de Miami, con Bosch, James y Wade en las finales. Dirk Nowitzki dio cátedra de precisión en sus tiros bajo presión. Terry y Barea jugaron un Basketball memorable. Fueron justos campeones.

En la ATP, van corrido del año 7 meses y 17 días y hasta ahora Novak Djokovic ha sabido perder un solo partido, frente a Roger Federer en Semifinales de Roland Garros. De resto, nada ni nadie ha sabido detenerlo. Nada ni nadie ha jugado mejor tenis que él. Consistencia en sus golpes, movilidad de piernas, concentración máxima. Una máquina que golpea en los momentos cruciales que ha llevado su juego al máximo nivel. Actual No. 1 del mundo después de la hegemonía irrompible del tándem Federer-Nadal.

Y así...el mundo deportivo está lleno de ejemplos sobre como los campeones son: sí, y solo sí, los mejores.

El fútbol, estoy convencido, es el deporte más lindo del mundo. Pero reconozco que cuando lo afirmo con la euforia con que lo hago, represento a esa mujer cobarde, incapaz de sacudirse de su pareja. Ese que la maltrata, la confunde, la golpea, la humilla y cuando todo está a punto de irse para el carajo, ella, piadosa, vuelve y acepta a su consorte, lo perdona, lo consiente. El ciclo se repite sin misericordia.

¡Maldito deporte! es el único en el que mejor no tiene asegurado nada, ni siquiera ganar. El fútbol es un deporte lleno de metafísica y de intangibles de mierda que hacen que todo y nada sea predecible, que todo y nada sea posible de explicar. Por eso no importa nada que seas el mejor en lo que haces en el fútbol: juegas contra un equipo de obreros con orden y oficio que desbordan un tal concepto que llaman 'garra' y te trituran al minuto 93 del segundo tiempo.

En el partido de cuartos de final de la Copa América, Colombia pegó 3 tiros al palo, desperdició un penalty, arrasó en la posesión del balón. No fue su mejor partido, de hecho jugó mal en comparación con sus otras presentaciones, pero sin duda pasó por encima de Perú. Bastó un mal rechazo de Neco Martínez, Lobatón dispara fuera del área, y gol. Mis nervios hechos trizas, mis ilusiones rotas y mi fe en el fútbol quedó tan lejos como ese lugar geográfico que ocupa 'la mierda'. Reto al señor Lobatón, autor de esa delicia de gol, a que repita ese tiro en 10 ocasiones. Solo habría entrado ese día, a esa hora, en Córdoba y contra Colombia. ¡Maldito deporte!

Luego salieron los resultadistas, furibundos. Otros pidieron la renuncia del Director Técnico, nada es su culpa a mi juicio. La intolerancia se justifica cuando se derrama la primera gota. Los argumentos poco importan. Pareciera que la sola existencia de Bolillo Gómez emitiera una radiación de intolerancia en su contra. ¿Y si Falcao hubiera anotado el penalty...?

El fútbol es un deporte del que solo pueden opinar con propiedad quienes lo han practicado, y se han jugado algo, pequeño o grande pero algo. Ellos saben lo impredecible que es todo, los demás, llenarán las páginas infructuosos. No hay más análisis más allá del encogimiento de hombros, suele ser la mejor respuesta cuando se habla de fútbol.

Ha concluido el partido entre Chile y Venezuela. No bastó la eliminación de Brasil sin anotar un solo penalty. No bastó la eliminación de Colombia...A esta hora, Venezuela ganó 2-1. Chile, como consuelo, ha jugado realmente mejor. ¡Maldito deporte!

jueves, 7 de julio de 2011

Qué lindo es el fútbol. Qué raro es el hombre

Ese día mi viejo estaba ahí, estampado en un sofá de la oficina tomando café, discutiendo cualquier cosa. Era increíble presenciar esos momentos en que al tipo le llegaba una idea. Se emocionaba, la desarrollaba, cambiaba su postura, tensionaba los hombros, arqueaba la espalda y hablaba y hablaba, coherente, impaciente, hablaba, acertaba, hablaba y volvía a acertar, una vez más. Verlo agarrar una idea era un placer. Era una máquina de generar pensamientos. Ese día, estabamos hablando de fútbol.

"Vos no te imaginás lo raro que es el fútbol, lo raro que es uno" -decía- Yo me incliné a oirlo, le puse atención, no lo interrumpí, solo me dediqué a oirlo pensar y a verlo hablar. Se me guardó eso que hablamos. Hoy, por los santos menesteres del derecho, por ser su sucesor legítimo y por tener la suerte de haber estado ahí con él, voy a escribir en mi blog: Por qué el fútbol es tan raro. Por qué a los que nos gusta el fútbol somos tan raros. Parafraseando la Biblia, esta es la palabra de Carlos Mejía según Alejandro. (Todos de pie)

Todavía no he conocido el primer fenómeno social que genere -como lo genera el fútbol- una reacción tan absolutamente irracional en el comportamiento del ser humano. Hecha la afirmación, confieso que yo también contribuyo activamente con ese comportamiento de chimpancé que analizaba alguna vez mi viejo.

...Es la víspera del partido de fútbol más esperado. Unos días antes, uno, que es un apasionado por este deporte absurdo se prende de las noticias, oye el análisis de los comentaristas expertos, los ve discutir entre sí, discute con ellos. Cuando empieza la novela, apaga el TV y prende el radio, sigue oyéndolos disctuir. 4-4-2. Que no, que 4-1-4-1. Puede ser, mejor 3-4-3. De acuerdo. Mejor atacar, mejor defender. Atacar defendiendo o defender atacando. ¡Vaya melodrama! Pasan los días, se acerca la noche del partido, el bagaje, el análisis, el patriotismo.

...En el estadio, en el partido de fútbol más esperado. Uno, que es un apasionado, lleva un radio AM/FM sintoniza la cadena radial, llega con 2 horas de anticipación, empieza a oir a los periodistas, leen la nómina que inicia. Los oye analizar, los oye teorizar, especulan, debaten, se rasgan las vestiduras. El patriotismo se asoma, se cantan los himnos, me pongo de pie, la mano al pecho como enseñaban en el colegio. Termina el himno, aplaudo, puteo. Los más introvertidos gritan "¡Vamos Colombia carajo!" Vuelvo al radio, la pelota rueda...

...Termina el primer tiempo, vuelvo al radio, los oigo hablar, analizan la primera mitad, invitan a otro experto, se habla de fútbol, todo es fútbol. Uno le habla a un desconocido que tiene a la derecha, lo oye dar su versión del juego con pasión, de golpe uno recuerda que en ninguna otra circunstancia habría hablado con ese señor de la cicatriz que le atravieza la frente y el ojo izquierdo. Termina la charla, vuelvo al radio, cambio de emisora.

...Segundo tiempo. Uno, que es apasionado al fútbol sigue prendido de la radio. Los oye gritar, los oye gemir, los oye especular. Termina el partido, prendo la tele, los oigo hablar, los oigo analizar, que por qué ganamos, que por qué perdimos, los 3 puntos sirven, la conferencia de prensa, habla el Técnico, se para, habla el capitán. Uno, que es apasionado al fútbol pone el canal argentino, "oigamos que dicen los muy hijos de puta" los oye hablar, ellos analizan, ellos hablan de por qué perdieron, "Colombia hizo ver mal a la Argentina" uno sonríe. Uno se desvive por este fátal accidente que se llama fútbol.

Pasan las horas y los días y uno sigue leyendo portales, análisis, blogs. Y uno, que es apasionado al fútbol, pareciera que a fin de cuentas se dedica únicamente a ver, leer, escuchar, y comprender lo que todo el miserable mundo tiene qué decirle a uno sobre el fútbol, nada más parece importar. Eso decía mi viejo.

Con razón Albert Camus decía: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol" Yo también.