Mi buen amigo Rodrigo Salazar, me invitó a escribir una columna abierta sobre carros. Ésto, en desarrollo de un proyecto para su Universidad en el que él desarrollaría una revista especializada en el tema llamada "Íconos". Siempre me gustó la idea de escribir sobre carros. No tanto por mi conocimiento prolijo sobre el tema, sino por compartir una pasión simple que me roba tiempo. Ante el interrogante ¿sobre qué escribir? decidí manifestar públicamente lo poco que me gusta la marca Renault. Despertará ampollas seguro,;es el carro amado por los colombianos. De hecho más de un desprevenido creerá que es marca colombiana. Yo por lo pronto, les presento lo que escribí.
A Rodrigo, Gracias por la invitación fue un experimento bien interesante después de venir escribiendo tanta bobada sobre política.
Renault ha sido, por excelencia, el ícono del automóvil en Colombia desde que tengo memoria. No hace falta nombrar el mítico R4 como el carro con el que soñaron generaciones enteras, eso es un hecho notorio y no requiere prueba.
Desde entonces la marca Renault ha invadido nuestras calles con sus modelos, a pesar de aquellas profundas crisis de antaño causadas por algunos prototipos defectuosos como el 21 “Etoile”, lleno de fallas en la correa de repartición, o las consabidas fallas eléctricas del Renault “Nevada”. Total, la inmortalidad no le pertenece a los humanos y Renault a pesar de algunos fiascos, ha consolidado una imagen corporativa positiva, una clientela absolutamente fiel, y más importante aún, lo que se conoce en el vanguardista mundo de los administradores de empresas: tiene un real posicionamiento de marca.
Todo lo anterior es y ha sido cierto, pero aún así, el éxito de Renault como fabricante de vehículos ha conservado un asterisco enorme, que hasta la fecha nadie ha querido salir a resaltar enérgicamente, y yo naturalmente, me aprovecho de este espacio para hacerlo: los vehículos Renault son realmente feos. Antes lo eran y hoy lo son más que nunca.
El señor Patrick Le Quément estuvo como diseñador en jefe de Renault durante 22 años. A su portafolio de invenciones se le adjudican adefesios monumentales como el “Twingo”, aquel carro de farolas oji-caídas que daba la impresión de tener el gesto de quien ha fumado opio oyendo Bob Marley; carro insignia de la generación nacida en los 80s. El que más se repetía en los parqueaderos de nuestras universidades. Al señor Le Quément también se le deben adjudicar otros monstruos polivalentes y exitosos como el “Espace II” que no aterrizó en América Latina, pero que al cabo se consolidó como un verdadero monovolumen lleno de novedades y servicios magníficos para escribir una nueva tendencia en los vehículos familiares. Ideal para la familia de Herman Monster.
En últimas monsieur Le Quément ha sido el gestor de un amplio número de feos prácticos. A él se le atribuyen también otros prototipos espantosos como el “Vel Satis”, una especie de coche fúnebre de uso particular, o el “Avantime”, una cápsula espacial disfrazada de carro más apropiado para la época de los Supersónicos que para la nuestra.
La buena noticia –por cierto, un poco nostálgica– es que el señor Le Quément tendrá un merecido descanso y ha entrado en la nómina de pensionados a sus 64 años. Junto con su nueva vida irán al baúl de los recuerdos los reconocimientos merecidos y mis abucheos por haber creado horrores y esperpentos bastante funcionales. La mala –para sus intereses, no para los míos– es que en su reemplazo fue nombrado Laurens Van der Acker, un joven holandés, cuyo ‘pase’ pertenecía a la Mazda y ahora será el encargado de continuar o cambiar el legado del señor Le Quément.
La novedad es que Le Quément debe estar revolcándose entre las sábanas en estos mismos instantes, pues la herencia que le dejó a Van der Acker ha sido renovada a través de nuevos diseños, menos pretenciosos, menos futuristas y más prácticos. Renault ha intentado virar hacia un linaje más cauteloso con sus formas y sus figuras y lo ha venido haciendo paulatinamente: primero en Europa, Asia y África, luego lo hará en nuestras nobles tierras.
Por lo pronto, la orden mayor en Renault ha sido cambiar el timón del diseño “de avanzada”, que venía en franca reversa y agotar el stock, entre otros, del Rumano –eso ya dice mucho– Dacia, ese hueso exitoso recién adquirido, que está detrás de otros horripilantes modelos como el “Logan”. Con estos frentes, Renault pretende completar la purga interna de carros andantes, muy bien equipados, pero especialmente mamarrachudos.
Solo queda esperar a que aterricen en el continente los nuevos, modestos, sobrios, y gustosos modelos que reinventó Van der Acker, ese tipo valiente que se atrevió a retocar adalides como el Clio y el Twingo, que hoy son dignos de admirar por su diseño, además de sus prestaciones.
Mientras tanto yo espero echar para atrás un refrán que se me ocurrió cuando discutía estos asuntos con un amigo: “el primer carro de nuestros papás fue un Renault…ese sería el último carro que yo me compraría”
¿Sabe qué es lo mejor? ¡Tengo un Twingo! jajaja
ResponderEliminarAlgun dia los senores de sofasa lograran ensamblar un modelo realmente reciente (90s, si no es mucho pedir) a un precio razonable. es el mismo problema de las marcas con ensambladoras en argentina (peugeot, citroen...) que nos tienen a punta de modelos de hace 10 anos sin siquiera bajar los precios. ie el "nuevo y renovado" 207 compact que es como descrestarse con la creatividad de un sandero gt
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