Incluso la evolución de la humanidad tenía límites. Debieron haberme advertido.
Un recorrido evolutivo que empezó hace millones cuando el platirrino mutó a homosapiens, asumió posición bípeda, manipuló objetos, prensó con el pulgar...se ha detenido hoy, cortesía de la más grande de las invenciones del ser humano, ese ser humano que alguna vez se escondió de los extintos dinosaurios y hoy juega a ser Dios para reinventarlos.
Cada expresión susceptible de un calificativo, tiene un equivalente en el lado contrario, un opuesto. Incluso la materia conoce de la antimateria: se anulan. El hombre tiene un equivalente en el otro bando, que no sabría cómo llamarlo, antihombre está bien para mí. Antihombre es ese ser repugnante uniformado, autómata, preso de los procedimientos que ejecuta vez tras vez, una y otra, hasta que se ampollan las yemas de sus dedos de tanto presionar el teclado, una vez más, sistemático, hasta que se convierte en una manifestación de la materia útil que no piensa, que sí ejecuta. Usa un uniforme y su piel lastimada por las arrugas y las ojeras apenas ve la luz del sol que entra por el rincón del vestíbulo. Si acaso diferencia entre la luz del sol y las varas de neón que iluminan su pantalla.
Antihombre y burócrata son sinónimos, en mi mundo, en el mundo en el que me tocó vivir, lo son. Burócrata es todo aquel que renunció a pensar a cambio de ejecutar un procedimiento de forma repetitiva. Sus manos apuñalan el teclado con gran destreza, pero no piensa: solo ejecuta. Claro, recibe como debida contraprestación, un salario de mierda que le alcanza para endeudarse, una identificación para aprovechar una caja de compensación de mierda, la afiliación a un seguro de salud, más mierda aún y una tiquetera con 30 vales para recibir un almuerzo diario, que no cocina la abuela o la tía de alguien. La ha de cocinar otra mujer presa de este sistema cíclico y parasitario de nunca acabar.
La burocracia es la expresión técnica y sofisticada que representa la estupidez humana, o lo que llamé hace unos párrafos: la detención de la evolución. Paul Tabori lo llamó "La estupidez del papeleo" o "la pérdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado crónico de estupidez" Y según he visto, ese estado de imbecilidad absoluta hecha un procedimiento, un diagrama de flujo, un conducto regular, no escapa a latitudes y longitudes: es, hermanos míos, hecho por el hombre para el hombre, donde quiera que esté.
La ejecuta un tarado maquinista, despreciable, ávido de cualquier capacidad de dirección y de distorsión del ciclo y se esparce como un virus que infecta al usuario, que sale frustrado, después de horas esperando turno con los tímpanos al borde del estallido después de oir la chicharra que llama a los dichosos que serán atendidos por un autómata pasmarote y alelado, para que al cabo de su diligencia haya perdido su tiempo y sepa que nada de esto ha servido.
Copia autenticada del RUT, registro civil de matrimonio, 3 copias y una de ellas plastificadas, 4 fotos 3x4 fondo azul, con las orejas visibles, sin usar aretes, las patillas no deben ser pobladas, sin gafas, sin cerrar los ojos, no importa la intensidad del flash, 3 resmas de papel Kimberly, un paquete de 3 rollos de papel higiénico así la única presentación sea en múltiplos de dos, certificado de existencia y representación de la sociedad, recibo de consignación del pago de los derechos para reconocimiento de la pensión de invalidez adelantada por el propio inválido en persona, certificado auténtico de pensión de jubilación adelantada por el mismo pensionado que deberá hacer una fila que comienza a 4 cuadras de la oficina y que conforman otro centenar de pobres e infelices hombres, cuya sumatoria de edades alcanza para cubrir el pasivo pensional de este país que se desbarata a pedazos entre tanta corrupción concentrada en los mismos asnos mamacallos de siempre.
La burocracia, el antihombre, el burócrata, son todos conceptos que materializan el fin de nuestros días, el detenimiento de la evolución del ser humano, el año 2012, el Y2K, la muerte del pulpo Paul, qué se yo. ¿Señora, qué más quiere que le diga?
Admiro a la señora Patricia que explotó en sus entrañas y mando a comer cantidades industriales de mierda al servidor sin autoridad, pero al fin y al cabo carnetizado y representante de la compañía de televisión por cable, ícono y propiedad del hombre más rico del planeta tierra. El bienestar que sintió cuando colgó el teléfono no debió hacerse esperar. Eso sí, tenga usted la absoluta seguridad de que al día siguiente de tremendo puteadón la señal no había sido reconectada.
De cada guerra mundial que ha dejado la humanidad al borde del colapso, han emergido más y más burócratas y más y más imbéciles automatizados, como usted y como yo. Paul Tabori insiste en que "ellos engordan con la escasez y prosperan en los momentos de crisis. La paz jamás puede ofrecerles tantas oportunidades de ejercer sus pequeñas tiranías, utilizando el papeleo para regimentar al individuo y amargando la vida de sus semejantes. Ninguna guerra fue ganada por funcionarios; varias estuvieron a punto de ser perdidas por ellos"
Un recorrido evolutivo que empezó hace millones cuando el platirrino mutó a homosapiens, asumió posición bípeda, manipuló objetos, prensó con el pulgar...se ha detenido hoy, cortesía de la más grande de las invenciones del ser humano, ese ser humano que alguna vez se escondió de los extintos dinosaurios y hoy juega a ser Dios para reinventarlos.
Cada expresión susceptible de un calificativo, tiene un equivalente en el lado contrario, un opuesto. Incluso la materia conoce de la antimateria: se anulan. El hombre tiene un equivalente en el otro bando, que no sabría cómo llamarlo, antihombre está bien para mí. Antihombre es ese ser repugnante uniformado, autómata, preso de los procedimientos que ejecuta vez tras vez, una y otra, hasta que se ampollan las yemas de sus dedos de tanto presionar el teclado, una vez más, sistemático, hasta que se convierte en una manifestación de la materia útil que no piensa, que sí ejecuta. Usa un uniforme y su piel lastimada por las arrugas y las ojeras apenas ve la luz del sol que entra por el rincón del vestíbulo. Si acaso diferencia entre la luz del sol y las varas de neón que iluminan su pantalla.
Antihombre y burócrata son sinónimos, en mi mundo, en el mundo en el que me tocó vivir, lo son. Burócrata es todo aquel que renunció a pensar a cambio de ejecutar un procedimiento de forma repetitiva. Sus manos apuñalan el teclado con gran destreza, pero no piensa: solo ejecuta. Claro, recibe como debida contraprestación, un salario de mierda que le alcanza para endeudarse, una identificación para aprovechar una caja de compensación de mierda, la afiliación a un seguro de salud, más mierda aún y una tiquetera con 30 vales para recibir un almuerzo diario, que no cocina la abuela o la tía de alguien. La ha de cocinar otra mujer presa de este sistema cíclico y parasitario de nunca acabar.
La burocracia es la expresión técnica y sofisticada que representa la estupidez humana, o lo que llamé hace unos párrafos: la detención de la evolución. Paul Tabori lo llamó "La estupidez del papeleo" o "la pérdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado crónico de estupidez" Y según he visto, ese estado de imbecilidad absoluta hecha un procedimiento, un diagrama de flujo, un conducto regular, no escapa a latitudes y longitudes: es, hermanos míos, hecho por el hombre para el hombre, donde quiera que esté.
La ejecuta un tarado maquinista, despreciable, ávido de cualquier capacidad de dirección y de distorsión del ciclo y se esparce como un virus que infecta al usuario, que sale frustrado, después de horas esperando turno con los tímpanos al borde del estallido después de oir la chicharra que llama a los dichosos que serán atendidos por un autómata pasmarote y alelado, para que al cabo de su diligencia haya perdido su tiempo y sepa que nada de esto ha servido.
Copia autenticada del RUT, registro civil de matrimonio, 3 copias y una de ellas plastificadas, 4 fotos 3x4 fondo azul, con las orejas visibles, sin usar aretes, las patillas no deben ser pobladas, sin gafas, sin cerrar los ojos, no importa la intensidad del flash, 3 resmas de papel Kimberly, un paquete de 3 rollos de papel higiénico así la única presentación sea en múltiplos de dos, certificado de existencia y representación de la sociedad, recibo de consignación del pago de los derechos para reconocimiento de la pensión de invalidez adelantada por el propio inválido en persona, certificado auténtico de pensión de jubilación adelantada por el mismo pensionado que deberá hacer una fila que comienza a 4 cuadras de la oficina y que conforman otro centenar de pobres e infelices hombres, cuya sumatoria de edades alcanza para cubrir el pasivo pensional de este país que se desbarata a pedazos entre tanta corrupción concentrada en los mismos asnos mamacallos de siempre.
La burocracia, el antihombre, el burócrata, son todos conceptos que materializan el fin de nuestros días, el detenimiento de la evolución del ser humano, el año 2012, el Y2K, la muerte del pulpo Paul, qué se yo. ¿Señora, qué más quiere que le diga?
Admiro a la señora Patricia que explotó en sus entrañas y mando a comer cantidades industriales de mierda al servidor sin autoridad, pero al fin y al cabo carnetizado y representante de la compañía de televisión por cable, ícono y propiedad del hombre más rico del planeta tierra. El bienestar que sintió cuando colgó el teléfono no debió hacerse esperar. Eso sí, tenga usted la absoluta seguridad de que al día siguiente de tremendo puteadón la señal no había sido reconectada.
De cada guerra mundial que ha dejado la humanidad al borde del colapso, han emergido más y más burócratas y más y más imbéciles automatizados, como usted y como yo. Paul Tabori insiste en que "ellos engordan con la escasez y prosperan en los momentos de crisis. La paz jamás puede ofrecerles tantas oportunidades de ejercer sus pequeñas tiranías, utilizando el papeleo para regimentar al individuo y amargando la vida de sus semejantes. Ninguna guerra fue ganada por funcionarios; varias estuvieron a punto de ser perdidas por ellos"
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Esta columna, subida en tono, es la única forma apta que encontré para desahogar la frustración que me da ver al ser que más quiero en la tierra, esperando sin esperanza una autorización de la EPS para que le practiquen un procedimiento. No se desilusionen, no es que no se la dieran. Después de meses de espera, le dieron la autorización... equivocada.
Excelente, varias cositas:
ResponderEliminarpapel Kimberly, con mayúsculas, pulpo Paul igualmente y: "Eso sí, tenga usted la absoluta seguridad DE que al día siguiente de tremendo puteadón la señal no había sido reconectada."
Muy interesante
Al niño mimao me lo trato mal un funcionario publico???? pobesito, andate pa suiza mijo. Esto va cambiar pero medido en epocas, ya estamos terminando la prehistorica....
ResponderEliminarEse anónimo de arriba seguirá siendo un "anónimo" para la sociedad el resto de su vida por bruto y resentido. El artículo claramente es bueno y tiene un estudio previo que merece reconocimiento, al menos respeto. Claro, el respeto y analisis de una crítica es inexistente cuando previamente ha habido una "pérdida de la inteligencia".
ResponderEliminarVivida por la mayoría de nosotros en sus varias dimensiones. Desde la compra de un Bic tinta azul y un punzón en la Panamericana hasta el papeleo necesario, muchas veces inútil, en el glorioso sistema de salud. Por algo la fiebre creciente de las tutelas y el aumento acelerado en los departamentos legales especializados en "servicio al cliente" de las grandes farmacéuticas. Aún más burocracia.
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