En la esquina azul, quien tendría hoy 67 años, prócer, persona de primera distinción, caudillo del entonces notable y distinguido Partido Liberal...Luis Carlos Galán!!
En la esquina roja, con más de 500 años de existencia, reino, imperio, ciudad mágica dueña del más precioso de los metales. El Dorado!!.
Se viene calando en los medios de comunicación una controversia irrelevante para muchos, trascendental para algunos otros. ¿Debe el aeropuerto de Bogotá conservar el nombre que ha tenido desde que se inauguró como el primer aeropuerto de Latinoamérica? o de la reconstrucción, ¿Debe aprovecharse la ocasión para darle santo ungüento y rebautizarlo con el nombre del adalid de los 80?
Las redes sociales dieron su aporte al debate, han opinado expertos sobre la inconveniencia de redenominar el aeropuerto debido a los cambios que implica para los softwares el nuevo nombre, las reinas del concurso nacional de belleza ya preparan sus respuestas por si el jurado les pregunta en la fase de las 5 finalistas, fue tema del día en la W, seguirá movien-do-se en la "Cosa Política", todos hablan, está en boca de todos y yo he sido descortés y no le he ofrecido una sola letra en mi blog: pues acá está mi opinión!
Para su sorpresa, mi veredicto es que ni "El Dorado" ni "Luis Carlos Galán". Se me hace agua la boca cuando cierro los ojos y pienso en esto: "...Señoras y señores hemos comenzado el descenso, favor abróchense sus cinturones, inclinen el espaldar de su silla...hemos aterrizado en el Aeropuerto Internacional Felipe Uriel Nule de la ciudad de Bogotá, ha sido un placer para la tripulación haberles servido en este vuelo..."
Denominar el Aeropuerto de Bogotá con el nombre de Felipe (por Andrés FELIPE Arias) Uriel (por Andrés URIEL Gallego) Nule (por el grupo NULE) es la oportunidad que la sociedad colombiana ha estado esperando para rendirle un homenaje de vuelo bajo a tres magnánimos íconos de la patria.
El nombre que propongo representa la unión insoluble, por un lado, del ex ministro de agricultura, quien con su gestión permitió que desde que el avión sobrevuela tierra colombiana, el pasajero vea con claridad los verdes y las praderas de nuestro país, vacías, radiantes, sin campesinos que las aren, adornadas eso sí, por los apellidos de recatada entonación internacional que las dominan, Lacouture, Vives, Dangond. Por otro lado, la del ministro de transporte, quien con su gestión gastó millones redecorando y readecuando la actual terminal del aeropuerto para después tener que demolerla, por no hablar del actual estado de la infraestructura vial del país. Y por último, y no menos importante, el austero grupo Nule, dueño de decenas de licitaciones detenidas, reasignadas, paralizadas, sobre todo, la de la construcción de la troncal de Transmilenio que conecta la ciudad que babea a cántaros esperando por un sistema de transporte digno con el Aeropuerto que a mi juicio, debería llevar su apellido.
Lástima que la tradición universal aeroportuaria solo permita dos nombres y un apellido. Se me quedan por fuera del tributo, el Alcalde Samuel Moreno y algunos otros apellidos que han desfilado por el IDU, poco eficiente desde hace varios años, quienes con su impecable gestión también se han hecho acreedores de una honorífica mención. Tal vez la historia los recompense y tengan desquite en un capítulo aparte, cuando reciban de acuerdo al método propuesto, la reinaguración de la terminal de transportes, o quien quita, el nuevo puerto fluvial del rio Bogotá, que rima con já já já
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