miércoles, 6 de agosto de 2014

Diagnóstico apresurado

Recientemente, en el Foro "Privación injusta de la libertad: ¿Resultado de la política criminal o de la aplicación de la medida por los operadores" organizado por Publicaciones Semana, expertos de la Rama Judicial coincidieron en la importancia de que el Estado revise la política criminal en relación con la imposición de medidas cautelares que afectan la libertad del procesado dentro del proceso penal, con el fin de detener el perjuicio fiscal que se viene generando al erario, habida cuenta de la interposición masiva de demandas de reparación directa que buscan obtener la declaración de responsabilidad patrimonial del Estado derivada de la privación de la libertad de procesados que posteriormente resultaron exonerados por estos cargos.

Por parte de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, su Directora Adriana Guillén dirigió el debate hacia la necesidad de revisar la política criminal del país. Según la funcionaria "debemos replantear la medida cautelar de detención preventiva, su necesidad y el procedimiento para operarla sin que genere riesgo al Estado y al ciudadano". Por su parte, el Vicefiscal General de la Nación Jorge Perdomo aseguró que Colombia es un país carcelero lo cual conlleva a los operadores jurídicos a dictar medidas de aseguramiento sin los fundamentos y pruebas necesarias.

La imposición de la detención preventiva como instrumento cautelar dentro del proceso penal, es una medida que viene precedida de una serie de comprobaciones que de por sí exigen una profunda verificación de condiciones fácticas y jurídicas, por lo que su implementación en teoría, acarrea consigo un ponderado juicio de legalidad en cada caso concreto. Por ello, a mi juicio, tanto la Directora de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, como el Vicefiscal se equivocan en el diagnóstico de lo que supone que hoy el Estado tenga que responder por 18.565 procesos judiciales en donde se invoca la privación injusta de la libertad como el fundamento jurídico de la reparación, pues el problema no sólo proviene por la aplicación de estas medidas. Se trata de un fenómeno bastante más complejo.

El ámbito responsabilidad patrimonial del estado por la detención preventiva de personas que resultan absueltas dentro del proceso penal ha sido ampliamente debatido por la jurisdicción contencioso administrativa, y particularmente el Consejo de Estado ha presentado una evolución jurisprudencial desde hace décadas sobre este punto, lo que no convierte el tema en un debate nuevo. Más allá de si existe o no un régimen de responsabilidad generado por el hecho del juez, el problema de la responsabilidad patrimonial del Estado se ha agudizado pues las demandas de reparación por esta causa han encontrado eco en los fallos judiciales y en la orientación de la jurisprudencia contenciosa, la cual viene planteando que la responsabilidad del Estado por la detención preventiva de personas que resultan absueltas dentro de un proceso penal comporta un régimen objetivo. Hemos pasado de un régimen prácticamente objetivo, a uno, ciertamente objetivo.

Cualquier margen de duda sobre el particular quedó zanjado en el más reciente fallo de unificación que emitió esta corporación (Sentencia de 17 de octubre de 2013. Radicación 52001-23-31-000-1996-745901. Consejero Ponente: Mauricio Fajardo Gómez) en donde la Sala reiteró que el fundamento jurídico que desarrollaba el régimen de responsabilidad del Estado, por la privación injusta de la libertad, responde a la categoría del daño especial (régimen objetivo) y no a la categoría de la falla del servicio (régimen subjetivo) tal como se consideró anteriormente.

Entonces, la novedad que trae consigo el fallo aludido, es que al evaluar si hay lugar o no a determinar la responsabilidad del Estado por los daños y perjuicios causados a quien ha sido privado de la libertad de manera preventiva para ser posteriormente absuelto, no tiene ninguna consideración la legalidad en que se dictó la medida, los fundamentos fácticos o jurídicos que le sirvieron de respaldo, y mucho menos las pruebas que la sustentan. Así, quien ha soportado una medida de detención preventiva y resulta absuelto en el proceso, esta igual de legitimado para demandar al estado, si su detención se dictó bajo el más estricto apego a la ley, o si se hizo ante la más absurda arbitrariedad.

Por lo anterior, vale la pena cuestionarse si como lo afirma el Vicefiscal, ¿El problema de las condenas contra la Nación por privación injusta de la libertad se debe a que en los procesos penales se vienen dictando medidas de aseguramiento sin fundamentos o sin las pruebas necesarias? En un régimen objetivo de responsabilidad, aún habiendo sustento probatorio y normativo para dictar las medidas cautelares, la responsabilidad patrimonial del Estado se genera con la absolución del procesado. A la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado y a la Fiscalía General de la Nación, les conviene estudiar con detenimiento las implicaciones que trae consigo el fallo del Consejo de Estado con el fin de buscar un soluciones más operativas y menos rendundantes, llenas de obviedades y lugares comunes como proponer revisar intangibles como la política criminal. 

A propósito de soluciones prácticas, vale la pena ahondar el debate analizando el rol del Estado en las etapas de conciliación prejudicial en materia administrativa. Esta fase que se ha erigido como requisito obligatorio de procedibilidad y cuyo único resultado palpable ha sido la generación de obstáculos a la expectativa general de la ciudadanía de obtener justicia pronta, ha pasado inadvertida en el estudio de las posibles soluciones que se encuentran a la mano. Modificar esta tendencia, bien podría ser la clave en todo este asunto. 

Según las cifras presentadas por la ANDJE, si los 18.565 procesos judiciales que se adelantan contra la administración por este concepto, podrían costarle al Estado 22,9 billones de pesos. Bueno sería replantear el rol de la defensa jurídica de la nación en las audiencias de conciliación que se tramitan por estos mismos hechos ya que el fundamento normativo del derecho en cuestión es puramente objetivo. Una cuestión de simple aritmética: si se conciliara al 50% de las pretensiones, en el 50% de los procesos judiciales, el ahorro por ese sólo hecho podría alcanzar una suma cercana a los 6 billones de pesos. Si se tiene en cuenta que, de acuerdo con el Consejo Superior de la Judicatura, se requiere una suma cercana a 1 billón de pesos para inyectarle a la renovación de personal de la Rama Judicial para hacer frente al nuevo paro judicial que se parece avenir, hacer un uso efectivo de la conciliación como instrumento genera sin duda, un impacto altamente positivo en las finanzas públicas como en los indicadores de congestión judicial.

Es cierto que el fenómeno de la imposición de detenciones preventivas sin suficiente asidero no debe quedar a un lado del contexto, pues en realidad esta conducta irresponsable contribuye con la tormenta que se viene formando. Pero al menos convengamos en que éste no es el único epicentro de las demandas por privación injusta que se vienen incoando. Un diagnóstico sensato que estudie de fondo el problema de la repercusión fiscal de las condenas al Estado por privación injusta de la libertad, debe conducir a la identificación de problemas y proposición de soluciones a corto y a largo plazo para no cometer los errores de siempre. 

En el largo plazo, se requieren soluciones de mayor impacto que ameritan una intervención interdisciplinaria, que en cualquier caso benefician no solo la salud fiscal del país, sino la correcta administración de justicia. Entre ellos están: i) Mejorar la evidente integración y sinergia que existe entre la Fiscalía General de la Nación y las entidades que cumplen función de policía judicial, que se constituye en el hecho generador de que ante los jueces penales se presenten juicios sin sustento probatorio suficiente para presentar la teoría del caso, con el agravante de que el procesado se encuentra privado de la libertad, lo que trae como consecuencia las posteriores absoluciones. ii) Atender a través de la carrera judicial de la Fiscalía General de la Nación, la notoria falta de profesionalización y competencia de los operadores jurídicos en quienes recae la titularidad de la acción penal que es lo que en buena medida supone la emisión de fallos absolutorios, detonante que configura la responsabilidad del estado, y iii) emitir directrices desde las más altas esferas de la Rama e invertir en proceso de formación de los funcionarios judiciales para que racionalicen el uso de las medidas de aseguramiento.

Sin embargo, en el corto plazo, debe plantearse un debate nacional sobre el uso racional y efectivo que debe hacer el Estado en la etapa conciliatoria prejudicial de los procesos administrativos surtidos por este tipo de hecho generador, teniendo en consideración que se trata de procesos de responsabilidad objetiva en donde las posibilidades de vencer en juicio son francamente menores. Para esto se requiere voluntad política, el diseño de una estrategia concreta que permita al representante de la entidad demandada llegar a un acuerdo conciliatorio sin temor a ser llamado a responder penal y/o administrativamente por ese hecho más adelante, y un verdadero trabajo de evaluación de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, que permita identificar del universo de demandas, cuáles tienen un asidero razonable para calificar estos asuntos como conciliables, pues no se trata de pagar dinero inoperativamente por deshacerse del peso estadístico.  

martes, 6 de mayo de 2014

Carta a Silvia

Hola Silvi.

Cuando supe que su mamá cumplió con su vida en este mundo que conocemos, y el único que nuestros sentidos y la comprensión sensorial de nuestros cerebros primitivos parecen entender, pensé en llamarla a desearle mucho ánimo, mucha paz y muchísima fuerza.

Naturalmente, ahora que está viendo estas palabras, sabrá que el problema estuvo en la elección del verbo, ya que que preferí escribirle algo en vez de llamarla. Sin entrar en mayores discusiones -que no las hay-, pensé que llamarla podía ser inapropiado. Como remitente del mensaje, nunca sabré si el momento en que la llame es el oportuno. En cambio, la vieja usanza de las palabras no me enfrenta al predicamento de la pertinencia, por que esencialmente usted leerá esto cuando sienta que está dispuesta a leerlo. Mientras tanto, la oportunidad del mensaje no me distrae del contenido, que es lo que realmente me importa.

No se cuantos consejos buscó durante estos meses en que su mamá venía mal de salud y que finalmente la enfrentaron, a usted, a la posibilidad de vivir sin ella en este mundo. No lo se. Pero me sentí muy orgulloso de saber que buscó mi opinión sobre el tema. Así todo esto se deba a algo que no proviene de méritos personales, sino de una triste coincidencia ya que yo había pasado por esto, me alegra poder estar en una situación preferente respecto a muchos de los que pertenecemos a "esta" generación, por que enterado de la partida de su mamá, siento muchas cosas que quiero decirle y siento que la experiencia en estas lides me acreditan:

La primera, es que quiero darle un abrazo muy profundo y muy sentido. Un abrazo como lo dan las personas de verdad, cuando sienten de verdad, y cuando expresan sus sentimientos en verdad. Y así lo haré, ya habrá momentos oportunos para hacerlo. Pero nunca va a sobrar la promesa incondicional de un amigo que prefiere decirle que quiere abrazarla antes de hacerlo.

Lo segundo que quiero decirle, es que la vida es una maquinaria misteriosa que hace las cosas de una forma muy particular y generalmente muy lejana al raciocinio nuestro. Generalmente la vida no deja las cosas libradas al azar y con el paso del tiempo es que uno logra entender lo que parece caprichoso; uno comprende que son justamente las formas más obvias en que las cosas deben suceder, por inexplicable que parezca esto de perder a alguien. Por eso mismo, supongo que estos últimos meses, a raíz de los quebrantos de salud de su mamá, usted tuvo la posibilidad de acercarse a ella y reivindicar su lado más humano, el más cercano, el más gratificado. Estoy seguro que su mamá seguramente merecía esas manifestaciones que terminaron por sanar los lazos y por ordenar las cosas para que cada objeto, cada afecto y cada culpa quedara en el lugar en el que pertenece. Los bienes a la vista, el afecto dentro del corazón, y la culpa en un viejo baúl con llave y candado.

Cumplida la redención, queda el goce. No me quedan dudas que tuvo también el tiempo para vivir con su mamá unas semanas gratificantes, apenas necesarias para dejar los sentimientos amargos atrás y para consumirse en lo que las madres deberían sentir por las hijas, y las hijas por sus madres. Amores perpetuos. Dedicatorias infinitas. Modelos de vida para seguir adelante. Alimentar el espíritu. Desdoblarse de este mundo tan palpalble y tan corriente para creer en un más allá, para hacer una oración, para encomendarse a algo cercano.

Y ahora queda usted, sola en este mundo pero acompañada de la gran contradicción del significado del ciclo de la vida, con un ángel de la guarda en su bolsillo, y con la satisfacción del deber cumplido, de haberle dejado a su mamá cada una de sus fuerzas, en vida; a cambio de un pacto que a partir de hoy se firma para no romperse: ella la va a cuidar y no va a dejar que nada le pase. Hasta que se consuman sus días en este planeta, hasta que sea usted la que se vaya de este lugar de la tierra, se convierta abono de un cultivo, sus cenizas se hagan polvo, el polvo se haga árbol, el árbol florezca, la flor se haga polen y como polen, vuele por los cielos tiñiendo de colores el paisaje en alguna primavera, en algún lugar lejano, para cumplir otra vez su pacto con sus hijos, su esposo, su novio, sus seres queridos, yo que sé. Con algo, con alguien. Por que nadie en este mundo es una isla, y hoy, más que nunca en su vida, usted no divagará sola por ahí. En adelante, tendrá dos sombras.

Ojalá encuentre las fuerzas para romper ese caparazón mezquino con el que nacemos los que tenemos la condición humana. Ojalá logre comprender que lo que entendemos por vida trasciende más allá de las fronteras de lo palpable y lo tangible. Ojalá reconozca los caminos que la llevan a disfrutar de las personas que no son más personas. Estoy seguro que su cerebro proyectará imágenes a color, y disfrutará de los momentos, felices y tristes con su mamá, con un simple guiño que solo ustedes dos sabrán tener, como una clave de sol, como una mirada al cielo, como un cerrar de párpados acompañado de un suspiro.

Y después vendrán otras alegrías Silvi. La vida se hace llevadera, por esa misma bendita condición humana que tenemos. Los afanes, los novios, los proyectos, las preocupaciones. Todas las nociones mundanas se terminan de encargar de ir tapando el vacío que nos deja el que se ha ido, como si fueran ladrillos sobre la memoria. Y la memoria y el recuerdo por su madre, se sabrán hacer un camino y se filtrarán entre el muro de la cotidianidad cada rato, cada día, cada mes. Como el agua que se cola entre las superficies por robustas que parezcan. Yo a mi papá lo recuerdo cuando me como un gajo de limón y cuando le echo sal a las frutas como él me lo enseñó. Y me hincha la panza ir por una carretera y abrir la ventana, para asomar la cabeza y aspirar el olor de la tierra caliente como él lo hacía, por que en eso se convierte uno: en los recuerdos, en las memorias, en las mañas de nuestros padres. El infinito ciclo de la vida...

...La vida, que no premia, ni castiga. Que no le quita cuando le ponen. Que no te da cuando te han robado. Sino que simplemente hace las cosas de una forma tan extraña, que pareciera aleatoria, hasta que aprendemos a comprender sus usos, sus costumbres, sus peculiaridades hasta el punto que a cambio de la vida de su madre, usted recibe el confortable abrazo de sus amigos, y a cambio de un porrazo en la cara, recibe una cicatriz en la cara con la que años más tarde va a conquistar al amor de su vida; y a cambio de las lágrimas derramadas esta noche, usted redime sus culpas y las convierte en satisfacciones encontrando algo que llaman paz interior.

No preciso un manual para sobrevivir a una pérdida. Una cosa es recordar con regocijo a alguien tan especial y otra cosa es negar el dolor por su partida. Y no le pido que no haga lo último. Pero no renuncie a lo primero viviendo en armonía. No le van a hacer falta momentos sola para llorar como cuando nació. Pero tenga la seguridad que en ese proceso la van a acompañar otros ignorantes que no sabrán como explicarle el arte de vivir, por que quiéralo o no, se aprende por sus propios medios, que no es lo mismo que sola. Mientras lo hace, no me quedan dudas, sabrá estar acompañada. Muy bien acompañada, y su mamá será la primera que lo haga.

Lo tercero que quiero decirle es que la pensaré, que la estoy pensando -naturalmente- y que me siento orgulloso de ver la evolución de sus sentimientos y de la madurez que fue consolidando mientras la vida le ponía estas horribles pruebas. Ahora deje a su mamá descansando en paz, ella lo merece. No tenga la menor duda de que se fue, cuando estaba preparada para irse, y cuando supo que usted estaba preparada para dejarla ir.

Para que no pierda la capacidad de asombro, mire que la gran contradicción es que ahora, justo ahora que ella no está con usted, es cuando usted dejará de estar sola en este mundo...

Como se lo dije al comienzo de esta carta, le deseo mucho ánimo, mucha paz y muchísima fuerza Silvi.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Golpes de suerte


En la medida en que se apaciguan los tiempos de efervescencia, se termina de diluir la euforia y se desvanece la precaria cobertura que pudieron hacer los medios de comunicación –locales e internacionales- sobre las protestas sociales en Venezuela, la democracia Colombiana se enfrenta a una oportunidad inmejorable para tomar algunos apuntes sobre el desenlace que parecen tener los gobiernos de izquierda extrema en la región.

La suerte que tiene Colombia no puede ser mejor, al menos en términos cronológicos. Es que mientras desde este lado de la región vemos estupefactos la profundidad de la crisis social que estalla en el país vecino, el nuestro está a semanas de abrir tres debates de trascendencia enorme: las elecciones para el Congreso, las elecciones presidenciales, y si el andar cansino de la justicia, o, la lealtad procesal del más interesado lo permiten, la revocatoria del mandato al Alcalde de Bogotá Gustavo Petro.

Cuando afirmo que Colombia tiene suerte, lo digo por el hecho de que nuestra democracia puede aprender e informarse sobre el camino que tarde o temprano terminan recorriendo los modelos pseudo bolivarianos, sin necesidad de vivirlo en carne propia. Sin tener las vísceras en la mano, con hambre, llorando muertos propios y ajenos, o inmersos en la confusión de si existe tal cosa como la propiedad privada, como viene ocurriendo en la anarquía que reina en Venezuela.

Ahora que se avecinan tiempos de elecciones, serue la capital del país fuea sidodical, ones, ue comulgan con ideas izquierdas Venezuelara los fines pertinenteste y radicar un mía imperdonable subestimar el hecho de que la capital de este país fue funestamente gobernada durante 12 años –o tres gobiernos, que es peor- por funcionarios que esbozaron, desde lo moderado hasta lo más radical, ideas de izquierda con sus correspondientes discursos populistas, prometiendo subsidios para los más necesitados, llamando a las masas exacerbadas a la plaza pública y siguiendo un libreto de inclusión social bastante eufórico y muy poco eficiente. 

Cuando afirmo que Colombia tiene suerte, lo digo por el hecho de que en este país, lo más parecido a un caudillo aún encuentra contrapeso en instituciones serias que imponen la ley por encima del auto martirio, así el “Patriarca” insista en enrostrar la muerte de Pizarro, el cuerpo de Navarro, y su destitución para justificar los remaches que taladra con tal de amarrarse al balcón del Palacio Liévano.

Colombia es un país con mucha suerte, no duerme bajo una tiranía pero no debe despreocuparse: “Demócratas” como el Alcalde de Bogotá, insisten en proclamar la versión progresista del Estado de opinión para atornillarse al poder justificados en la hipotética voluntad popular. O sea, la masa aglomerada, por encima del Estado de derecho. Ese es el evangelio, según nuestra izquierda.

No se trata de entrar en cólera contra un modelo de gobierno, de cultura o de convicciones personales: es momento de que la democracia colombiana avance hacia un discurso de centro, que saque lo mejor de los modelos de izquierda y de derecha, y no lo peor de cada uno, como viene ocurriendo.

Para las próximas elecciones es necesario elegir gobernantes que propongan seriamente salir de la indiferencia vergonzosa con que muchos sectores de la clase alta y política se han comportado con la población más vulnerable de este país. Es necesario un cambio fundamental en las políticas públicas con que se viene comportando la administración de justicia, que no para de arrojar fallas dramáticas y que se toma lapsos de tiempo escandalosos para la resolución de un proceso. Es necesario cortar de un tajo la vertiginosa corrupción que mantiene en vilo cualquier proyecto: desde el más complejo plan de infraestructura hasta el más miserable contrato.

Colombia tiene más que la suerte, la oportunidad de que su pueblo aprenda de los vecinos y de sus propias experiencias. Por una buena vez, es hora de dejar de lado la retórica y los exabruptos verbales que proponen algunos dirigentes como Petro. Es el momento ideal para pasar a una democracia sensata que elige tecnócratas preparados y no charlatanes anacrónicos que a 2014 siguen hablando de lucha de clases.

viernes, 31 de enero de 2014

Se buscan ídolos



Han pasado 8 días desde que Falcao García se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha pero la euforia al rededor del tema no para. Al principio fueron los medios de comunicación, después fueron los mensajes de aliento en las redes sociales, los comentarios en los pasillos. No fue suficiente: campañas publicitarias, los socios estratégicos, las alianzas, los viejos patrocinadores, los que están por llegar. #FuerzaTigre, conmovidos, viudas, lamento, lloriqueo. Todos en la cadena de consumo suman un ladrillo. No es que el tema sea recurrente: es que zumba, exaspera y se repite, hasta el sacío. 

Y Falcao no es otra cosa que un buen jugador de fútbol. No tiene la culpa, él solo es eso: un jugador de fútbol. Común y corriente, como Leonard Vásquez que por la misma época quedó en coma tras un accidente de tránsito o como Belmer Aguilar que ahora es técnico de un equipo de la B. La única diferencia es que Falcao está sometido al delirante afán de estos tiempos en que todo es noticia de última hora y no tiene otra alternativa que ofrecer una rueda de prensa para dar la misma respuesta de 30 formas distintas. Falcao además es mercadeo, es empresa, es patrono, le paga a un manager y a un asesor de moda.

Y la verdad no tengo interés en discutir si Falcao realmente representa esa virtuosa grandeza, tan sensible como para mover las masas de la forma en que se han movido aclamando su regreso a las canchas y cantándole odas por su recuperación. Nada de esto es su culpa. Sólo pienso que la notoriedad y el drama generado al rededor de una lesión, demuestra que en estos tiempos la falta de liderazgo es la verdadera causa de esa creación masiva y absurda de celebridades. 

Desde que tengo noción de estos asuntos -y en verdad desconozco si todo tiempo pasado fue mejor- me parece que me tocó nacer en una época de cultos. En una sociedad dispuesta a magnificar lo corriente y en olvidar lo épico. Sólo en un mundo así de enfermo se explica que una cabeza hueca como Justin Bieber reciba 100 veces más prensa y más seguimiento, que la inminente desaparición de una verdadera leyenda como Michael Schumacher, quien posiblemente muera o se alimente a través de una sonda por el resto de sus días.

Y como en la vida deportiva, en la otra vida, que no es otra cosa que la vida misma, pasa lo mismo: como cuando miles de indignados sin entender muy bien por qué, reclaman por la continuidad de un alcalde brozno, chabacano, improvisador, pésimo administrador, autoritario, arbitrario y manipulador al que le quedó fácil hacerse mártir. Todo, por la falta de ídolos de verdad. 

Al mundo le sobran divinidades como Petro, como Falcao o Justin Bieber. Todos tipos corrientes pero sobrevalorados. Tal vez se necesiten más personas como el Papa cuya gran virtud es tener sentido común sin quererselo imponer a nadie, sin necedidad de ungir o de polarizar a los extremos.

Y no es que los primeros no tengan méritos, sino que me sorprenden más las mamás y papás que logran educar -y bien educados- 3 y 4 hijos con un salario mínimo en este país, sin que nadie les rinda el culto que en verdad se merecen por semejante proeza. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Algo está mal

Si se mira como un hecho aislado, la noticia del paro agrario que hoy lleva más de una semana es un persistente eco que va y viene. Los oídos parecen estarse acostumbrando cada mes a que un grupo de la población o un gremio, cualquiera que sea, se encuentra en paro. Pero si se apela a la memoria y se toma la noticia en el contexto que corresponde: algo esta muy mal en Colombia.

Confrontemos la memoria: la región del Catatumbo se sublevó masivamente en julio, y no se había terminado el mes cuando los transportadores de carga ya pensaban en separar agosto para unir sus protestas a las del paro nacional agrario. El de los papicultores fue en mayo. En marzo fueron los maestros y la comunidad educativa que incluyendo los estudiantes protestaban por la calidad de la educación, eso sin olvidar que los cafeteros habían protestado en marzo y en enero no había certeza sobre si la rama judicial seguía o no en huelga. Lo que pasa en Colombia es tan surreal que incluso las FARC se dieron el lujo de hacer un paro armado por febrero. Paneleros, taxistas, transportadores de carga, de pasajeros, jueces y fiscales, presos y presas, aquí o allá.  

Así que mientras alguna agrupación paraliza al país cada mes, los medios de comunicación se limitan a reportar la historia desde el siempre fácil punto de vista de la anécdota. Generalmente queda en evidencia la poca información con la que cuenta la opinión pública para formarse un criterio. Por esa razón son muchos los juicios de valor apresurados y son pocos los puntos de vista sesudos y mesurados. En el punto medio entre quienes exigen y el Gobierno, queda una gran masa, que sino se muestra indiferente, despreocupada o resignada, termina por jugar al revolucionario y protesta por contagio viral o extasiado por las ventajas del vandalismo anónimo.    

Personalmente no me he comprometido con ninguna protesta, pero eso no impide que sienta una liviana simpatía con cada erupción social. La gente de este país ha soportado en silencio demasiados abusos, por lo que se me hace increíble que no haya explotado antes una verdadera revolución ante semejantes injusticias: Según entiendo, en estas nobles tierras se paga el segundo precio más alto del planeta por fertilizantes, una big mac en Colombia es la segunda más cara del mundo; la gasolina, aunque este sea un país productor, es tan cara como si no hubiera un miserable pozo. Las tarifas en telefonía celular, desde que existen teléfonos móviles, están a merced de "Claro", la compañía más ineficiente jamás conocida por la humanidad, como ocurre en la costa, con la prestación de la energía eléctrica. Y como con la gasolina, los fertilizantes y las big macs, en Colombia pasan idioteces semejantes en todos los sectores: ¡se importa café y leche! el cemento es más caro comprarlo acá que traerlo de china, ver jugar a Millonarios puede costar $250.000 en finales, el 2x1000 que se creó para salvar al sistema financiero como medida temporal, va en 4x1000 y ya lleva 13 años vigente. Y cosas menos frívolas: En Bogotá, 500 millones de pesos no alcanzan para vivir en un apartamento del más extravagante lujo, sino en una ratonera de 40 mts2. 

Aunque siempre he dicho que no se puede gobernar al calor de la opinión popular, para ser francos,  en este tipo de asuntos la opinión pública es el reflejo de la verdadera percepción social, la que paga de su bolsillo, la que sufre cuando tres carajadas en Carulla cuestan medio salario mínimo. Algo tiene que estar mal.

Solo por hablar tímidamente del paro agrario, estoy seguro que hay un punto medio entre dos extremos igual de nocivos: la falta de competitividad, la falta de preparación y la falta de profesionalización industrial que nos ha hecho cómodos y poco innovadores, por un lado, y los tratados de libre comercio, impuestos a las patadas por cumplir la cuota de ese colombiano complaciente y servil con los "socios estratégicos". Antes de sentarse a definir la profunidad del conflicto y la necesidad de la solución, sería bueno comenzar con un acuerdo: la culpa no es toda del Presidente Santos, ni el Ex Presidente Uribe es nuestro único redentor.

jueves, 27 de junio de 2013

Un mundo preferencial


Me acuerdo que a los 18 años tomé una de esas decisiones que forman el caracter para toda la vida: abrí mi primera cuenta de ahorros. A partir de ese momento, toda mi información personal se abría de patas al sistema financiero y quedaba expuesta a ese poder invisible que comercializa con los datos de las personas y que crece en la medida en que adquieren más datos, de más personas, por irrelevantes que parezcan.

Al principio fue la cuenta de ahorros que fue abierta para recibir la mesada y no pasar las vergüenzas y desvergüenzas de ser un universitario pidiéndole plata a los papás. Si de pudonor se trataba, con el acné juvenil era suficiente. Después fue un contrato con una empresa de telefonía móvil. Más adelante, un plan pospago. Con el primer sueldo, empecé a cotizar para pensiones y salud. Así fue que mis datos personales empezaron a desfilar a través de las corrientes de información personal en bases de datos en fila india. Terminé haciendo parte de una especie de promiscuidad informática involuntaria donde se comercializa con todo aquello que se pueda saber acerca de un sujeto. Alejandro Mejía o Fulano de Tal, da igual. Para esa masa amorfa que algunos llaman 'El Establecimiento' uno es un activo, un signo peso, un número de talla, una fecha de cumpleaños, una estadística consolidada, un valor determinado.

Algún día recibí correspondencia de una organización llamada "Los Caballeros de la Virgen" en mi propia casa. Hasta ese momento dejé de sentirme orgulloso por tener sobres a mi nombre en los casilleros de la portería. Ya no solo llegaban mes a mes los extractos del banco al que le informé la dirección de mi residencia. Rifas, balotas, planes 'time share', lanzamientos, y cualquier cantidad de información sin sentido empezó a llegar y yo era el destinatario: ese es el costo de figurar en los sistemas de bases de datos.

Con el tiempo entendí que no todo es malo e intentar lo contrario es nadar contra la corriente. Se puede ser un sujeto sin privacidad pagando el precio de que los datos personales sean accesibles y como contraprestación se puede ser VIP, por que primero se figura en una tabla de excel, pero con el tiempo se puede llegar a ser 'un cliente muy especial para la empresa'. Y es que se puede ser VIP básicamente en todo y para todo. Incluso la organización con el objeto social más abyecto tiene el moderno vicio de segregar y subdividir sus miembros entre ocasionales, habituales y VIP. Posiblemente en la Asociación de Caballeros de la Virgen no tengan idea qué traducen las siglas VIP, pero con seguridad tienen un portafolio de caballeros con trato preferencial y para eso está el idioma: Se puede ser VIP, preferencial o cliente express. Incluso encima de ese añorado status hay otros tantos por los cuáles aspirar: Black, Silver, Gold, incluso hay uno, sólo para alquimistas: ¡Platinum!

Con la espeluznante muerte del agente de la DEA presuntamente a manos de una bandola dedicada a realizar paseos millonarios se confirma la regla: se puede ser VIP, incluso muerto. La celeridad con que la policía judicial y la Fiscalía hallaron los culpables del delito es digna de un servicio para miembros de un club elite pero pocos colombianos tienen ese privilegio. Como ocurre en los cines, los supermercados, los bancos o las discotecas, la justicia también tiene usuarios estelares. Ocurrió cuando pusieron a disposición de la investigación al mismísimo FBI para agarrar a Nicolás Castro, el ingenuo vegetariano que creó un grupo en facebook comprometiéndose a matar al hijo del entonces Presidente de Colombia y volvió a ocurrir con el hacker que infiltró las cuentas personales de Daniel Samper Ospina, quien casualmente escribía una columna semanal burlándose de los beneficios de los que gozaba el Presidente Uribe. Fue a parar a la cárcel el muy osado y en cuestión de horas.

Lamento sinceramente la muerte del agente Watson, por él y por su familia, pero es inevitable llegar a la conclusión de que en este mundo enfermo se adquire un status de persona muy importante, siempre que medie el poder, el apellido, los fondos de la cuenta o el valor mensual del extracto. Tal vez, lo único en lo que no tiene ningún valor agregado ser VIP es en Avianca, en donde las salas especiales para este tipo de clientes son aún más concurridas que aquellas dispuestas para los corrientes y ordinarios usuarios que portan la modesta tarjeta roja.


martes, 9 de abril de 2013

Diatriba

Advierto una cosa: no me gusta España. No me gustan los españoles; no me gusta su música, ni el rock, ni el pop, ni las nuevas promesas, ni las viejas glorias. Es que no me gusta su música, ni Julio Iglesias, ni Enrique, ni ninguno de sus 104 hijos. Me gustó Melendi, pero ya no me gusta. Joaquín Sabina está por encima del bien y el mal, tan encima, que sus devotos no lo deben catalogar como español. No me gusta como hablan, no me gusta su acento, no me gustan las palabras que sólo los españoles utilizan; no me gusta que digan "enhorabuena" ¿qué clase de mierda es esa?. Tampoco me gustan sus verbos, ni cómo los conjugan, ni como los pronuncian. No me gusta que digan "aúpa" ni me gusta que digan coche. No me gusta su aerolínea, ni Iberia ni ninguna otra de bajo costo, todas están hechas del mismo aserrín. No me gustan sus políticas, ni me gusta ver la TVE.  No me gusta que sea un país-rompecabezas roto y dividido en comunidades autónomas cada una con un idioma incomprensible, distinto al español, al español del que se jactan haber creado y unificado con su virreinato y su colonización mediocre. No me gustan sus juventudes, laxas, proliferándose y teniendo hijos como conejos mientras duermen la siesta, por que eso es lo que mejor saben hacer: la siesta. Cuando el resto del universo está trabajando. ¿Ya dije que no me gusta su colonización? pues no me gusta!, ni me gusta la colonización de los capitales emergentes con sus bancos cretinos con políticas irresponsables, ni me gusta la de hace 580 años en la que se dedicó desgarrar carnalmente a tanto indígena y a cristianizar al nuevo mundo. No me gusta que hagan siesta; no me gustan sus turrones, ni los de alicante ni los de ningún rincón de España. No me gustan los colores de su bandera, no soporto su liga de fútbol. Es un bostezo. No me aguanto su periodismo deportivo -Toda salvedad para el señor Rubén Uría- engendrado en Marca y parido en As. La cadena ser, el grupo Prisa, cualquiera sirve para ejemplificar a ese abominable basilisco de 7 cabezas y 8 brazos. No me gusta su suerte, la suerte que tienen de estar en el mejor barrio del planeta tierra, al rededor de vecinos ricos. No me gusta Zara. No me gusta su ropa super ajustada para que el individuo quede empacado al vacío dentro de una prenda cuya duración se mide en horas y no en posturas. No me gusta Joan Miró. Cretino con suerte pero sin ninguna sustancia. Como se atreven a llamarlo pintor. No me gusta el jamón serrano, cada vez me gusta más el prosciutto San Danielle. No me gusta la paella. No me gusta el Real Madrid, me gusta el Barcelona, pero sólo por que es tan Catalán, que no es español. No me gustan sus políticos, no me gusta el gordo pedazo de mierda que un día me acusó en un teatro. No me gusta que todas las películas que pasan en España sean dobladas y no tengan subtítulos. No me gusta que todo les suene con acento nasal, como si el lenguaje estuviera lleno de zetas. Me gustaba el Atlético de Madrid hasta que viví en persona la hinchada de mierda que se faja un equipo de mierda. Tan exigentes, como si hubieran sido un equipo de fútbol importante alguna vez.

Hay muchas excepciones, Rubén Uría, la comida vasca y la gallega, Joaquín Sabina, Alma y Noelia. Los más viejos, el señor Ventura que me llevó al aeropuerto y su buen humor, algunas calles, el mobiliario urbano de Madrid. Barcelona, todo Barcelona y San Sebastían. Me moría de risa viendo un programa que se llamaba "El Grand Prix del Verano".

Son muchas cosas que me gustan de los españoles, pero esta es una diatriba: un escrito generalmente injurioso, y soy consciente, injusto.