miércoles, 13 de julio de 2016
...
Carola, farola, molcajete, carete, panderete, cacahuete.
Caro, my friend. Yo sé y tu lo sabes también. Vengo aplazando en el tiempo una manifestación, pero quiero comenzar aclarando que no es ni por vergüenza ni por cobardía. También le podría echar la culpa al tiempo, pero la verdad es que he tenido tiempo, al menos para pensarte. Para pensarlos, a ti, a Mauro y a Mateo. No es falta de tiempo. Tiempo he tenido para pensarlos, también tendría para escribirte, para escribirles. El problema ha sido más bien organizar las ideas y saber qué decir en estos casos tan complejos. Y viendo en retrospectiva, las amistades van perdurando en el tiempo y además de los abrazos, los buenos deseos y esas cosas, uno se va haciendo viejo junto con sus amistades y pasa de hablar banalidades a desear pésames por cosas que pasan, como pasó cuando tu abuela se fue. ¿Y ahora? y ahora pues esto que está pasando a Mateo, y también a ustedes.
¿Pero sabes de qué me di cuenta? Me di cuenta, cuando por fin me decidí a ordenar los pensamientos y a no dejar llevarme por la corriente del sentimiento más primero, del fusilamiento de decir lo primero que se me viene a la cabeza, me di cuenta que no debía comenzar diciendo que lo siento mucho, que la vida es así y que ánimo y para adelante. No debía comenzar diciendo esas cosas, como tampoco debía decirlas. Es que no hace falta enunciarlas por que ya habrás oído demasiados consejos místicos y consuelos sonsos sobre el más allá, que el mío, desde mi escasa sabiduría sobre el oficio de ser papá, tendría muy poco valor.
Es decir. Consejos no te puedo dar por que no tengo experiencia en nada de lo que estás viviendo. Pero te puedo decir que te he sentido, que te he pensado y te he admirado en este par de meses. A tí y a tu familia. Te he leído en silencio. Le he pedido a mari que me cuente de Mateo. De como combate y se bate. De cómo no se deja. He visto como pedalea y cuando los caprichos de esta vida incomprensible le quieren arrebatar un logro, él vuelve y se las arregla. Y su mamá, ahí. Pendiente y al lado como si fuera su sombra. Por instinto, no por esfuerzo, sino por hábito biológico de ser mamá y de ser la persona que eres. Y yo que nada te he dicho por que tengo una boca, dos ojos y dos oídos, he tratado de poner atención a lo que pasa antes de sentarme a hablar. Y te he observado y he visto fotos de tu chiquitin con la cabeza trasquilada soportando pruebas como si fuera un viejo pirata con las patas de palo conquistando anécdotas y cazando experiencias con apenas meses de vida, como quien caza mariposas con una atarraya. Y lo que he visto es que el bueno de Mateo, en eso, nos va sacando una tremenda ventaja a los mortales, porque el buenazo que has parido ya puede presumir de sus dotes, y la enfermedad con todas las ventajas arbitrarias con que cuenta, nada que gana, nada que le gana, nada que te gana. Pierde cada vez que Mateo conquista un nuevo minuto de vida, un nuevo día de luz.
Algo muy grande estás aprendiendo. Lo que no podrás entender todavía es la perspectiva de las cosas y el big picture del asunto. Hoy que todo parece tan confuso y desolador eres sólo un megapixel en una infinidad que se pierde, como un punto en un lienzo. Pero Caro. Calma. Ya verás que las cosas irán adquiriendo forma y en la medida en que te desdoblas y te alejas de la lupa que te concentra en esa baldosa que hoy eres, vas a poder entender el mosaico, la Gioconda, la escena completa, el gran formato que es la vida. Claro que has sido tan genuinamente fuerte, madura y compasiva que no me extrañaría que ya tuvieras en el almacén un montón de conclusiones y experiencias a raíz de todo esto que está sucediendo, pero si no es así y nada de esto parece tener sentido, calma, calma amiga que el tiempo nos dará la razón.
De vuelta al tercio: Caro. Mi Caro adorada. Mi admiración está contigo y con tu familia. Mis pensamientos también. Mis ganas de abrazarte con fuerza para que sepas que tu batalla es mía, y me enternecen las buenas noticias, y me derrumbo cuando a la historia le sale un nuevo nudo. Como me derrumba oirte hablar sin aliento, cuando te expresas con cansancio. No lo hagas. No bajes los brazos ni sueltes la guardia. Sigue ahí al acecho que en algún momento viene la pelota justa para hacerle swing. Eres muy fuerte, y estás saliendo más fuerte de esta situación. Injusto o no, la vida no nos manda pruebas que no podamos soportar. Está a tu alcance salir adelante cualquiera que sea el outcome. Y no me preguntes qué pienso del outcome por que me he vuelto optimista por afición, así que me jugaría la lotería por el tipejo que es Mateo, por lo que vales tu. Por el molde del que saliste en esta prueba de vida. La lotería y la argolla de matrimonio. Me juego el pellejo querida.
No serán consejos, y podrán no ser alientos. Pero esto que te digo es la manifestación más pura que encontré. Para desearte ánimo, para profesarte admiración. Para decirte que siento orgullo de ti, de tu chiquitolín. Cumplo con el deber de expresarme y no guardarme carito. Estamos aprendiendo todos los días de este placer de estar vivos, con todos sus horribles riesgos. Sigue ahí con la cabeza arriba, verraquita y valiente. Carola mía.
Te quiero, te admiro y te deseo que ese espíritu de acero no te deje de acompañar.
Alejo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario