(Soundtrack aquí)
A fin de cuentas y después de todos estos años he podido ver que el ser humano es una gran pila. Una batería cargada de energía que se transforma pero que no se agota, y si se agotare, su fuente de recarga es una sola: el dinero o todo lo que implique o represente riqueza. Al concluirlo, sentí la misma decepción que se siente cuando el martillo de la burocracia frustra mis minutos, mis colas de banco, mis intentos fallidos por radicar documentos, cuando el sistema está caído y todo colapsa.
La milagrosa historia de la conquista de Las Américas, es en sí la mas absurda y estúpida aventura que emprendió el hombre europeo continental con el fin de adquirir riqueza, representada en cualquier bien escazo o peculiar, en ese entonces. No podría ser el hierro, que abundaba en la región y en la época, pero si podría ser oro fundido o en forma de candongas, una arroba de tomates, pimienta de colores, o vasijas atiborradas de curry en polvo. Hoy, "superadas" las fases del hombre primitivo, siguen existiendo los mismos deseos afanosos del hombre, por acumular la opulencia, pero a tiempo presente la búsqueda tiene otros nombres, pero todos equivalentes, todo sea por la plata, esté reflejada en lo que esté para los tiempos del siglo XXI: apartamentos, carros, acciones en el Club el Nogal, acumulación de millas por sonarse la nariz, o incluso, la sola potestad de hacer lobby y cabildeo a cambio de recibir un favor, ante cualquier estamento. Eso es riqueza.
La afamada lucha de clases llamada "el motor de la historia" por el marxismo no es más que una discusión económica por como debería ser ejercida la distribución de la riqueza. El dinero, en cualquiera de sus manifestaciones, es el comienzo y el fin del ser humano. Sólo así se explicaría que por culpa del dinero dependa la clínica en la que nacemos y la calidad del ataúd en que se pudren nuestros cuerpos. Baterías de larga vida alimentadas por la codicia.
Algún día, cuando mi papá estaba en lo más avanzado de su enfermedad, todavía se discutía si podía salir adelante. Él era pesimista, siempre me corrigió diciéndome que lo único que sostenía esas historias heroicas de quienes pudieron sobresalir en casos como el suyo, y que yo le traía a colación para motivarlo, era la absurda obsesión por seguir viviendo...para seguir produciendo. La codicia hecha entrañas, sangre, enfisema y cáncer. No se si voy a conocer a alguien que se logre parar en la otra orilla, tan lejos de nuestra motivación avara por seguir respirando, con tal de producir.
La mala fortuna de los que nacimos a este lado del atlántico es que llevamos la codificación genética de las reses que representaron la colonia. Lo más podrido de Europa emprendiendo un viaje experimental que tuvo un golpe de suerte cuando divisaron tierra firme. Hoy somos eso: naciones sumergidas en una fábula, muy parecida a los libros de superación personal, llamada economías emergentes. Y seguimos siendo baterías que acumulan riqueza para no perder nunca la fuente de energía.
"Ríos de sangre...y todo por un sueño que ni siquiera era eso. "El dorado" fue sólo el más notable ejemplo de las innumerables leyendas nacidas en torno del oro y de sus desequilibrados y absurdos perseguidores. ¡Piénsese en el dinero y las vidas sacrificadas al galeón Tobermory, hundido en las proximidades de la isla Mull, que ha resistido los intentos realizados durante tres siglos para recuperar el supuesto tesoro de la Armada! ¡Piénsese en las expediciones a la isla de Cocos, en búsqueda del tesoro de los piratas! Súmese el costo en vidas humanas y en esfuerzo -échese la cuenta en dinero, si se prefiere- y el balance será índice de la estupidez humana, eternamente dispuesta a ganar el premio que la tontería merece siempre" Escribió Paul Tabori.
Solo espero que mi casa no quede hecha pedazos después de la estupidez y la codicia que ha venido a visitarnos.
A fin de cuentas y después de todos estos años he podido ver que el ser humano es una gran pila. Una batería cargada de energía que se transforma pero que no se agota, y si se agotare, su fuente de recarga es una sola: el dinero o todo lo que implique o represente riqueza. Al concluirlo, sentí la misma decepción que se siente cuando el martillo de la burocracia frustra mis minutos, mis colas de banco, mis intentos fallidos por radicar documentos, cuando el sistema está caído y todo colapsa.
La milagrosa historia de la conquista de Las Américas, es en sí la mas absurda y estúpida aventura que emprendió el hombre europeo continental con el fin de adquirir riqueza, representada en cualquier bien escazo o peculiar, en ese entonces. No podría ser el hierro, que abundaba en la región y en la época, pero si podría ser oro fundido o en forma de candongas, una arroba de tomates, pimienta de colores, o vasijas atiborradas de curry en polvo. Hoy, "superadas" las fases del hombre primitivo, siguen existiendo los mismos deseos afanosos del hombre, por acumular la opulencia, pero a tiempo presente la búsqueda tiene otros nombres, pero todos equivalentes, todo sea por la plata, esté reflejada en lo que esté para los tiempos del siglo XXI: apartamentos, carros, acciones en el Club el Nogal, acumulación de millas por sonarse la nariz, o incluso, la sola potestad de hacer lobby y cabildeo a cambio de recibir un favor, ante cualquier estamento. Eso es riqueza.
La afamada lucha de clases llamada "el motor de la historia" por el marxismo no es más que una discusión económica por como debería ser ejercida la distribución de la riqueza. El dinero, en cualquiera de sus manifestaciones, es el comienzo y el fin del ser humano. Sólo así se explicaría que por culpa del dinero dependa la clínica en la que nacemos y la calidad del ataúd en que se pudren nuestros cuerpos. Baterías de larga vida alimentadas por la codicia.
Algún día, cuando mi papá estaba en lo más avanzado de su enfermedad, todavía se discutía si podía salir adelante. Él era pesimista, siempre me corrigió diciéndome que lo único que sostenía esas historias heroicas de quienes pudieron sobresalir en casos como el suyo, y que yo le traía a colación para motivarlo, era la absurda obsesión por seguir viviendo...para seguir produciendo. La codicia hecha entrañas, sangre, enfisema y cáncer. No se si voy a conocer a alguien que se logre parar en la otra orilla, tan lejos de nuestra motivación avara por seguir respirando, con tal de producir.
La mala fortuna de los que nacimos a este lado del atlántico es que llevamos la codificación genética de las reses que representaron la colonia. Lo más podrido de Europa emprendiendo un viaje experimental que tuvo un golpe de suerte cuando divisaron tierra firme. Hoy somos eso: naciones sumergidas en una fábula, muy parecida a los libros de superación personal, llamada economías emergentes. Y seguimos siendo baterías que acumulan riqueza para no perder nunca la fuente de energía.
"Ríos de sangre...y todo por un sueño que ni siquiera era eso. "El dorado" fue sólo el más notable ejemplo de las innumerables leyendas nacidas en torno del oro y de sus desequilibrados y absurdos perseguidores. ¡Piénsese en el dinero y las vidas sacrificadas al galeón Tobermory, hundido en las proximidades de la isla Mull, que ha resistido los intentos realizados durante tres siglos para recuperar el supuesto tesoro de la Armada! ¡Piénsese en las expediciones a la isla de Cocos, en búsqueda del tesoro de los piratas! Súmese el costo en vidas humanas y en esfuerzo -échese la cuenta en dinero, si se prefiere- y el balance será índice de la estupidez humana, eternamente dispuesta a ganar el premio que la tontería merece siempre" Escribió Paul Tabori.
Solo espero que mi casa no quede hecha pedazos después de la estupidez y la codicia que ha venido a visitarnos.