A mediados
de la década de los 70, la etnia de los Tamiles, originaria de Sri Lanka, se
constituyó en un grupo armado insurgente y separatista denominado "Los
Tigres de Liberación Eelam Tamil" que buscó el establecimiento de un Estado
Tamil independiente de Sri Lanka. La guerra civil de liberación entre el
ejército y el grupo insurgente duró más de 4 décadas, dejando como saldo la
muerte de más de 100.000 ciudadanos incluyendo combatientes de ambos bandos, y
particularmente la población civil que falleció en medio de la ejecución de los
métodos utilizados por el grupo armado: Inmolación, carros bomba, actos
terroristas en masa. El gobierno de Sri Lanka también fue denunciado por los
Tigres Tamiles y por algunas ONG's por ejecutar actos de terrorismo de Estado,
desaparición forzada y actos de tortura.
Desde
entonces, han fracasado 4 intentos de negociación entre las partes
combatientes, hasta que en 2001 un acuerdo bilateral de cese al fuego llevó a
los representantes a una mesa de negociación en la que se firmó un acuerdo
parcial de paz que sólo duró hasta enero del 2008 cuando el gobierno de Sri
Lanka anunció su retiro del cese de hostilidades. Para el año 2009 después de
múltiples incursiones militares, los Tigres de Tamil admitieron su derrota
militar, en lo que se conoce como el primer y único caso en la era moderna, en
que una nación logra 'erradicar' el terrorismo en su propio suelo a través de
las armas. Hoy, los brotes de violencia no cesan, y van en aumento.
Hoy,
Colombia se enfrenta a una nueva posibilidad de explorar un acuerdo de paz
negociado con las FARC y llama la atención que en contraste con la unanimidad
con la que la comunidad internacional se ha manifestado positivamente frente a
las negociaciones, sectores de la población y del gobierno saliente muestren su
franca oposición con la posibilidad de que el conflicto armado interno cese a
través del diálogo.
Pero de
este último grupo de pesimistas, a mi juicio existen dos subtipos de
escépticos: unos, que nacieron en medio del conflicto y que por elemental
desconfianza alimentada por el pasado, ven que la voluntad de la guerrilla en
verdad persigue una vitrina internacional para el reconocimiento político, y
que actúa cínicamente desconociendo su responsabilidad histórica. Hay otros
escépticos, que por vanidad y narcisismo, de consolidarse un acuerdo de paz, no
podrán reclamar derechos de autor sobre el fin del conflicto.
La
verdad es que el argumento central de los escépticos de la paz es supremamente
facilista. Afirmar que "la paz no se negocia con criminales, terroristas o
secuestradores" casi que tira por la borda la posibilidad de negociar un
acuerdo de paz con cualquier grupo armado insurgente. La humanidad, por
desgracia aún no conoce conflictos ni procesos de paz entre almas bondadosas,
caritativas y llenas de piedad que empuñan un fusil.
Por eso
es que la complejidad de nuestro conflicto armado trasciende más allá de la
versión simplista con la que muchos comulgan sin digestión ni análisis. Nuestra
guerra, la que viene madurando desde hace casi 60 años no es una novela de
policías y ladrones ni de buenos y malos. Las generaciones que hoy tenemos la
oportunidad histórica de asistir y opinar sobre la salida negociada, tenemos
como mínimo, la obligación de revisar conceptos, ser autocríticos y asimilar
que la criminalidad del actuar de la guerrilla -en ningún caso justificable-
como mínimo, tiene origen en la desigualdad social que de antaño le es
señalable a la indiferencia social de los gobiernos, el sector privado y
nosotros, los auto proclamados "ciudadanos de bien".
La
sociedad colombiana, sobre todo la que usa corbata y opina detrás de un
escritorio, no se puede dar el lujo de rechazar por simple inercia y simpatía
ideológica, la posibilidad de construir un acuerdo de paz que le ponga fin al
conflicto interno a través del diálogo. Menos aún, cuando de manera cíclica,
los muertos, las viudas, los huérfanos y los desamparados, los ha puesto la
otra Colombia: la anónima, la remota, la campesina, la solitaria.
Al
parecer tenía razón Shlomo Ben Ami -ex canciller y ex Ministro de Defensa
israelí- al decir que “después de todo, tanto en Colombia como en cualquier
otro rincón del mundo, la guerra une más a los pueblos, mientras que la paz los
divide”
Ver la polarización que produce la posibilidad de un acuerdo me descorazona.
ResponderEliminarPero quiero creer. Hace años que se demostró que la violencia no sirve para nada.
Esa última frase es berracamente triste y cierta.
Saludos.
Buen blog. Parcialmente en desacuerdo.
ResponderEliminarCreo que lo pudo haber complementado con dos elementos que a mi juicio son fundamentales:
Lo primero es que las negociaciones históricamente se han logrado, cuando una de las dos partes está sometida o siente que puede perder el conflicto. Eso significa que el momento de proponer la paz no es solo cuestión de voluntad, sino de estrategia. Entiendo que la guerrilla ha bajado de 35,000 hombres armados a 8,000, mientras que el ejército suma más de medio millón de hombres hoy en día. Les han quitado terreno, cabecillas, facilidad de lucrarse, popularidad y validez internacional, además de una fuerte incertidumbre en su sede matriz (Venezuela). Habría que estudiar si tienen una actitud derrotista, porque solo así lograrán sentar el acuerdo.
Lo segundo es que aunque los “de corbata” no hayamos vivido el conflicto tan cerca como “el resto”, eso no significa que todos seamos ajenos. En mi caso el conflicto fue cercano, más de lo que me hubiese gustado. Esto creo, que me da a mi y a muchos otros el derecho a opinar y sobre todo, a no ser ingenuos sobre el pasado. Sin embargo, el precio de la paz es demasiado alto y para alcanzarlo, hasta los que hemos estado directamente afectados por el conflicto, debemos estar en capacidad de hacer el famoso “borrón y cuenta nueva” que tanto nos cuesta.
Saludos Meji,
Este tipo de cosas es de las que más bonitas me parecen de la "oportunidad histórica" como tú has dicho; que a pesar de la polarización, las opiniones pontificadoras y absolutistas y las verdades cargadas de juicios de valor, existan reflexiones sin juicios de valor que admitan la complejidad de un proceso de paz EN CUALQUIER PARTE.
ResponderEliminarPd: Amé el último párrafo
Mi querido amigo de la adolescencia, qué lindo encontrarte escribiendo y debatiendo estos temas. Tenés una excelente pluma y es un placer leerte.
ResponderEliminarBasta de masturbadas intelectuales y vamos al tema en cuestión:
Estoy distanciado del conflicto Colombiano tanto geográfica como intelectualmente ya que no sigo paso a paso el proceso, pero conozco de la resolución de conflictos que nos trae la increíble historia de Irlanda, así como también la del conflicto Palestino-Israelí:
La paz no sólo no se logra con sometimiento o en contexto de sometimiento(sabemos todos lo que pasó en Alemania post WW1, Palestina, y un largo etc.), sino tampoco se logra con grandilocuentes tratados y convenciones internacionales que repudian todo y no hablan de nada desde estrados que revisten de legitimadad de las elites y no de los pueblos autogobernados.
Creo que la ruta negociada entre IGUALES en términos de derechos (aunque las FARC están claramente y repudiablemente por fuera de la Ley) es lo que marcó un antes y un después en la negociación de la IRA con Irlanda a través del liderazgo de Tony Blair. Ese punto de partida puede sonar trivial pero es lo que él mismo destaca en su biografía como el puntapié para un proceso que terminó exitosamente.
Creo, empero, que las variables en el conflicto Colombiano son diferentes y por ende la táctica/estrategia de negociación cambia. No hay conflictos religiosos que dividan a la opinión pública: en Colombia hay un amplio rechazo popular a las FARC. Éste, creo, es la variable independiente que terminará explicando la derrota de las FARC en la mesa de negociación.
Sin legitimidad, no hay poder.
Si el pueblo se mantiene firme en sus convicciones y no se dejan llevar por estos "pesimistas", el resultado no tengo dudas será exitoso.
Ahora bien, resta ver cómo es la geografía de los medios de comunicación en Colombia y qué monopolio maneja la información del conflicto.. pero ese es otro tema.
Abrazo grande.