miércoles, 11 de enero de 2012

La revolución inconclusa

Para hablar del desarrollo en Colombia, el tráfico vehicular de su capital es el mejor ejemplo ilustrativo: las cosas marchan, lento, retroceden, se paran, avanzan, se traban, vuelven a avanzar, por un momento hay una franca mejoría, como si fuera un oasis, pero más adelante: todo ha de trancarse de nuevo.

"La revolución de las pequeñas cosas", como la llamó Alberto Casas, es un rótulo más acertado al que oficialmente postuló el gobierno: "Decreto ley que elimina, reforma y racionaliza trámites". Incluso, me atrevo a pensar que el mismo Presidente Santos no ha dimensionado la enorme importancia que tiene haber dado el paso que significa haber creado la ley. Él sólo hablaba de acabar con la "jartera que supone hacer un trámite engorroso" para mi es un hecho trascendental y tiene la mayor importancia, representada en eficiencia económica, calidad de vida, agilidad en los procesos o disminución de costos, solo por nombrar algunos beneficios.

Pero como el tráfico bogotano, nuestro símil, la noticia de un día es que entregan la calle 26 después de estar paralizada durante 4 años de obras inconclusas, como la sinfonía de Piero. Al día siguiente la noticia será que quien estrene calle 26 lo hará sobre una avenida nueva, pero incompleta. Avanza para retroceder más adelante. Igual va a pasar con la ley antitrámites. Con la revolución de las pequeñas cosas. Como las marchas contra las FARC. Como los sueños patrióticos. Como los efímeros éxitos deportivos. Como la carrera de Pambelé:

Sancionado el Decreto y en pleno vigor, imagino a un buen cristiano que irá a las oficinas de su EPS a solicitar una autorización para un procedimiento médico, le dirán que necesita autenticar el recetario médico que ordena el procedimiento. Al autenticar el documento y presentarlo de nuevo, le dirán que la huella debe ser horizontal y no vertical. Cuando reclame y enseñe clamoroso el imperio del Decreto Ley, le dirán que el sistema no permite validar la información si no es de esa forma. El funcionario se encogerá de brazos y atenderá al siguiente en la línea. Repetirá el libreto. Y así sucesivamente, las empresas pedirán a sus nuevos empleados el extinto pasado judicial. Los jubilados tendrán que certificar ante notarios que están vivos. Los impuestos habrán de ser pagados en el Súper Cade mas lejano a su domicilio...etcétera, etcétera. Si es que la eficacia de una ley sólo se constata en la ventanilla, con ficho en mano. Volviendo a Piero, esa es la revolución inconclusa.

Y es que no queda otra alternativa que someternos a ese orden caótico, zurdo y contrario al sentido común que impera en estas latitudes: es eso o pelear, y entre pelear con un funcionario/secretario de alguna entidad oficial y un portero, prefiero batirme a madres y groserías con el último....sabiendo incluso que está armado.

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