Entre la sorprendente y desconsoladora lectura del fallo de la Corte Internacional de Justicia que reconoció la soberanía colombiana sobre los archipiélagos de San Andrés, Providencia y Santa Catalina a costa de una nueva delimitación marítima de la frontera con Nicaragua, una noticia de gran valor se colaba por los televisores como una escurridiza nota al pie: "Última Hora: las FARC acaban de declarar una tregua de dos meses"
Naturalmente, el peso de la primera noticia era mayor al de la segunda. Así lo demuestran el cubrimiento mediático, la movilización de la opinión pública e incluso la alocución presidencial en la que no se tocó ni siquiera tangencialmente el anuncio de la tregua unilateral de las FARC.
Entre las razones que pueden justificar lo inadvertido que pasó semejante noticia en la opinión pública, está la formalidad y circunspección con que el Magistrado Peter Tomka leía el fallo, en contraposición a la trivialidad con que Iván Márquez leía en una hoja arrugada el anuncio. O las buenas maneras que asignaba la imponente Corte Internacional junto con el frío de noviembre a los asistentes, en comparación con el calor tropical de La Habana, folclórica, caribeña y quienes cubrían el evento en sandalias y guayaberas, sudando a cántaros.
Pero las razones por las que pocos advirtieron el anuncio también pueden hallarse de esa incredulidad que ya ha calado y echado raíz en la memoria de los colombianos cada vez que las FARC asumen una postura política, con independencia del valor que el anuncio pueda tener. Muchos veían la escurridiza pestaña que anunciaba el cese de hostilidades e interrumpía el primer plano de la transmisión en La Haya y se preguntaban, como yo, qué implicaciones tendría una tregua del 'ejército de liberación del pueblo'.
Lo traigo a colación por que según su secretariado, las FARC no atenta en contra de la población civil, no tiene participación en la actividad del narcotráfico, hace decenas de meses que no practica el secuestro extorsivo, no tiene incidencia en la minería ilegal que contamina frenéticamente el ecosistema, no recluta menores de edad para usarlos en combate, no tiene incidencia en el desplazamiento de poblaciones enteras.
Si es así, ¿De qué se trata la tregua entonces? Iván Márquez nos dio una palomita, se trata "del cese de toda clase de operaciones militares ofensivas contra la
Fuerza Pública, y de los actos de sabotaje contra la infraestructura
pública o privada" ¡Un alivio! No estaría de más discutir en la mesa de negociaciones los verdaderos alcances de la tregua anunciada por las FARC ya que, según Caracol Radio desde el 26 de agosto, día en el que el Presidente Santos anunció la existencia de
diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC, la guerrilla ha perpetrado
48 atentados que le han costado la vida a 30 soldados y 17 civiles y
le han causado heridas a 43 miembros de la Fuerza Pública y 40 civiles.
Si se trataba de dar una tregua navideña al pueblo colombiano, las FARC bien podrían empezar por la liberación inmediata de todos los secuestrados, el desarme inminente de todos los niños y niñas que están activos en sus filas, la indicación exacta de cada campo minado que han tendido en el terreno colombiano y un verdadero cese de operaciones militares contra la población civil.
No hace falta que el excéntrico Jesús Santrich se disfrace de Papá Noel. Que sea casi invidente es un cosa, pero que se hagan los huevones es otra.