martes, 26 de octubre de 2010

Capítulo XVI - "Estupidez y Burocracia"

Incluso la evolución de la humanidad tenía límites. Debieron haberme advertido.

Un recorrido evolutivo que empezó hace millones cuando el platirrino mutó a homosapiens, asumió posición bípeda, manipuló objetos, prensó con el pulgar...se ha detenido hoy, cortesía de la más grande de las invenciones del ser humano, ese ser humano que alguna vez se escondió de los extintos dinosaurios y hoy juega a ser Dios para reinventarlos.

Cada expresión susceptible de un calificativo, tiene un equivalente en el lado contrario, un opuesto. Incluso la materia conoce de la antimateria: se anulan. El hombre tiene un equivalente en el otro bando, que no sabría cómo llamarlo, antihombre está bien para mí. Antihombre es ese ser repugnante uniformado, autómata, preso de los procedimientos que ejecuta vez tras vez, una y otra, hasta que se ampollan las yemas de sus dedos de tanto presionar el teclado, una vez más, sistemático, hasta que se convierte en una manifestación de la materia útil que no piensa, que sí ejecuta. Usa un uniforme y su piel lastimada por las arrugas y las ojeras apenas ve la luz del sol que entra por el rincón del vestíbulo. Si acaso diferencia entre la luz del sol y las varas de neón que iluminan su pantalla.

Antihombre y burócrata son sinónimos, en mi mundo, en el mundo en el que me tocó vivir, lo son. Burócrata es todo aquel que renunció a pensar a cambio de ejecutar un procedimiento de forma repetitiva. Sus manos apuñalan el teclado con gran destreza, pero no piensa: solo ejecuta. Claro, recibe como debida contraprestación, un salario de mierda que le alcanza para endeudarse, una identificación para aprovechar una caja de compensación de mierda, la afiliación a un seguro de salud, más mierda aún y una tiquetera con 30 vales para recibir un almuerzo diario, que no cocina la abuela o la tía de alguien. La ha de cocinar otra mujer presa de este sistema cíclico y parasitario de nunca acabar.

La burocracia es la expresión técnica y sofisticada que representa la estupidez humana, o lo que llamé hace unos párrafos: la detención de la evolución. Paul Tabori lo llamó "La estupidez del papeleo" o "la pérdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado crónico de estupidez" Y según he visto, ese estado de imbecilidad absoluta hecha un procedimiento, un diagrama de flujo, un conducto regular, no escapa a latitudes y longitudes: es, hermanos míos, hecho por el hombre para el hombre, donde quiera que esté.

La ejecuta un tarado maquinista, despreciable, ávido de cualquier capacidad de dirección y de distorsión del ciclo y se esparce como un virus que infecta al usuario, que sale frustrado, después de horas esperando turno con los tímpanos al borde del estallido después de oir la chicharra que llama a los dichosos que serán atendidos por un autómata pasmarote y alelado, para que al cabo de su diligencia haya perdido su tiempo y sepa que nada de esto ha servido.

Copia autenticada del RUT, registro civil de matrimonio, 3 copias y una de ellas plastificadas, 4 fotos 3x4 fondo azul, con las orejas visibles, sin usar aretes, las patillas no deben ser pobladas, sin gafas, sin cerrar los ojos, no importa la intensidad del flash, 3 resmas de papel Kimberly, un paquete de 3 rollos de papel higiénico así la única presentación sea en múltiplos de dos, certificado de existencia y representación de la sociedad, recibo de consignación del pago de los derechos para reconocimiento de la pensión de invalidez adelantada por el propio inválido en persona, certificado auténtico de pensión de jubilación adelantada por el mismo pensionado que deberá hacer una fila que comienza a 4 cuadras de la oficina y que conforman otro centenar de pobres e infelices hombres, cuya sumatoria de edades alcanza para cubrir el pasivo pensional de este país que se desbarata a pedazos entre tanta corrupción concentrada en los mismos asnos mamacallos de siempre.

La burocracia, el antihombre, el burócrata, son todos conceptos que materializan el fin de nuestros días, el detenimiento de la evolución del ser humano, el año 2012, el Y2K, la muerte del pulpo Paul, qué se yo. ¿Señora, qué más quiere que le diga?

Admiro a la señora Patricia que explotó en sus entrañas y mando a comer cantidades industriales de mierda al servidor sin autoridad, pero al fin y al cabo carnetizado y representante de la compañía de televisión por cable, ícono y propiedad del hombre más rico del planeta tierra. El bienestar que sintió cuando colgó el teléfono no debió hacerse esperar. Eso sí, tenga usted la absoluta seguridad de que al día siguiente de tremendo puteadón la señal no había sido reconectada.

De cada guerra mundial que ha dejado la humanidad al borde del colapso, han emergido más y más burócratas y más y más imbéciles automatizados, como usted y como yo. Paul Tabori insiste en que "ellos engordan con la escasez y prosperan en los momentos de crisis. La paz jamás puede ofrecerles tantas oportunidades de ejercer sus pequeñas tiranías, utilizando el papeleo para regimentar al individuo y amargando la vida de sus semejantes. Ninguna guerra fue ganada por funcionarios; varias estuvieron a punto de ser perdidas por ellos"

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Esta columna, subida en tono, es la única forma apta que encontré para desahogar la frustración que me da ver al ser que más quiero en la tierra, esperando sin esperanza una autorización de la EPS para que le practiquen un procedimiento. No se desilusionen, no es que no se la dieran. Después de meses de espera, le dieron la autorización... equivocada.

lunes, 11 de octubre de 2010

Capítulo XV - "Rock en coma"

El Rock -n- Roll es el género que por exelencia vincula los términos "música" y "concierto". Fue éste genero quien se encargó de desarrollar toda una industria al rededor de las presentaciones en vivo, lo cual permitió ir más allá de los toques en bares underground del Reino Unido. El Rock dispuso un brazo armado alimentado por los ingresos que representaba la venta de long plays para que algo más de 80 personas quedaran satisfechas. Naturalmente, este número rebosaba el aforo de los pubs donde tocaban esas bandas emergentes de los años 60. A finales de los 70's ya se hablaban de miles y miles de espectadores y así aumentó progresivamente.

Hace algo así como 2 años, el escenario del entretenimiento en Colombia comenzó a vivir lo que hace 30 venían viviendo los países desarrollados en materia de música. Pasamos de las esporádicas presentaciones de una que otra gran banda, a una sana sobresaturación de tradicionales, vigentes y futuros grupos, en múltiples géneros. Se ha logrado dar gusto a una fila de paladares que reclamaban el último acto en la cadena alimenticia de la música: Ver en vivo, y poder palpar al oído a los ídolos del Rock.

Tal ha sido el boom desmesurado, que el mismo día, dos bandas 'top' se presentarán en esta ciudad que está harta de recibir a Vicente Fernández anualmente. En el telón estarán los Smashing Pumpkins, que se sacudieron del reinante grunge de los 90's para crear un rock artesanal de explosiones estridentes y repentinos sonidos melancólicos, y Hot Chip, una estructurada banda de música dance con influencia de rock británico, que ciertamente pone a bailar a cualquiera, pero con mucho más picante que el que deja ese lánguido electro-pop pegajoso impulsado por las disqueras. Receta desalmada pero exitosa, repetible una y otra vez.

Una amiga me preguntó a cual iría yo. Ante el dilema y después de pensarlo varias veces, decidí decirle que no iría a ver a los pumpkins...aunque soy defensor del Rock ante cualquier confrontación de géneros muscales. Lo cierto es que estos han caído en un naufragio musical. Hace rato que cayeron. No solo no se volvió a saber de ellos. Intentando oir lo más reciente, solo se perciben síntomas del rock de antaño del "Mellon Collie and the Infinite Sadness", la voz sin igual del calvo Corgan sigue, pero la banda está en coma inducido, ya no es lo mismo.

Y es que los Pumpkins representan el estado actual de buena parte del rock que llega gateando a nuestro país. Hoy, ante la melancolía de no volver a retomar el camino de los éxitos radiales a punta de singles contundentes, a muchas bandas no les queda de otra, sino conquistar mercados nunca conquistados en épocas cuando el éxito rebosaba. Para reinventar la inspiración o para llenar sus bolsillos, no es justo que América sea la tierra fértil que nunca conquistaron cuando debieron conquistarla.

Qué otro motivo podría justificar la terrible coincidencia de que hoy, en los últimos dos años, hayan desembarcado o han de desembarcar a estas humildes y nobles tierras, bandas de rock de cementerio como Stone Temple Pilots, R.E.M., Limp Bizkit, The Cramberries, The Offspring, Korn y ahora Smashing Pumpkins, por decir algunas. Nadie les arrebatará un pasado glorioso, pero nadie les niega un presente incierto, ni que decir de augurios para el futuro. Por eso es que estas bandas solo aparecen cuando iTunes desempolva en 'aleatorio', una vieja y buena canción de su autoría, o cuando suenan en programas geriátricos de Clásicos del Rock en algunas emisoras especializadas.

Buena parte de estos grupos que han venido o que vendrán (calma, no hago generalizaciones injustas) tienen algo en común: su cuarto de hora ya pasó. Yo no puedo dejar de sentirme como segundo plato, como destino para tomar un segundo aire, siento que ya desafinaron, ya no serán lo mismo. Tal vez por eso mismo no fui a ver la exhibición Sampras-Agassi. Me hubiera gustado verlos en su mejor momento, como verdaderos tenistas y no hoy, cuando son la cara visible de una marca de carros. El Rock and Roll al fin y al cabo, más que un género de música es un estado de ánimo.

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Esta entrada hace parte de una terapia personal de desahogo en la que
asumo mea culpa por no haber ido a ver a Coldplay en Bogotá en un
momento en que su madurez musical ha llegado al tope.
Solo espero poder desquitarme en algún momento.
Con ver Arcade Fire o Stereophonics la balanza
creo que quedaría equilibrada.