martes, 9 de abril de 2013

Diatriba

Advierto una cosa: no me gusta España. No me gustan los españoles; no me gusta su música, ni el rock, ni el pop, ni las nuevas promesas, ni las viejas glorias. Es que no me gusta su música, ni Julio Iglesias, ni Enrique, ni ninguno de sus 104 hijos. Me gustó Melendi, pero ya no me gusta. Joaquín Sabina está por encima del bien y el mal, tan encima, que sus devotos no lo deben catalogar como español. No me gusta como hablan, no me gusta su acento, no me gustan las palabras que sólo los españoles utilizan; no me gusta que digan "enhorabuena" ¿qué clase de mierda es esa?. Tampoco me gustan sus verbos, ni cómo los conjugan, ni como los pronuncian. No me gusta que digan "aúpa" ni me gusta que digan coche. No me gusta su aerolínea, ni Iberia ni ninguna otra de bajo costo, todas están hechas del mismo aserrín. No me gustan sus políticas, ni me gusta ver la TVE.  No me gusta que sea un país-rompecabezas roto y dividido en comunidades autónomas cada una con un idioma incomprensible, distinto al español, al español del que se jactan haber creado y unificado con su virreinato y su colonización mediocre. No me gustan sus juventudes, laxas, proliferándose y teniendo hijos como conejos mientras duermen la siesta, por que eso es lo que mejor saben hacer: la siesta. Cuando el resto del universo está trabajando. ¿Ya dije que no me gusta su colonización? pues no me gusta!, ni me gusta la colonización de los capitales emergentes con sus bancos cretinos con políticas irresponsables, ni me gusta la de hace 580 años en la que se dedicó desgarrar carnalmente a tanto indígena y a cristianizar al nuevo mundo. No me gusta que hagan siesta; no me gustan sus turrones, ni los de alicante ni los de ningún rincón de España. No me gustan los colores de su bandera, no soporto su liga de fútbol. Es un bostezo. No me aguanto su periodismo deportivo -Toda salvedad para el señor Rubén Uría- engendrado en Marca y parido en As. La cadena ser, el grupo Prisa, cualquiera sirve para ejemplificar a ese abominable basilisco de 7 cabezas y 8 brazos. No me gusta su suerte, la suerte que tienen de estar en el mejor barrio del planeta tierra, al rededor de vecinos ricos. No me gusta Zara. No me gusta su ropa super ajustada para que el individuo quede empacado al vacío dentro de una prenda cuya duración se mide en horas y no en posturas. No me gusta Joan Miró. Cretino con suerte pero sin ninguna sustancia. Como se atreven a llamarlo pintor. No me gusta el jamón serrano, cada vez me gusta más el prosciutto San Danielle. No me gusta la paella. No me gusta el Real Madrid, me gusta el Barcelona, pero sólo por que es tan Catalán, que no es español. No me gustan sus políticos, no me gusta el gordo pedazo de mierda que un día me acusó en un teatro. No me gusta que todas las películas que pasan en España sean dobladas y no tengan subtítulos. No me gusta que todo les suene con acento nasal, como si el lenguaje estuviera lleno de zetas. Me gustaba el Atlético de Madrid hasta que viví en persona la hinchada de mierda que se faja un equipo de mierda. Tan exigentes, como si hubieran sido un equipo de fútbol importante alguna vez.

Hay muchas excepciones, Rubén Uría, la comida vasca y la gallega, Joaquín Sabina, Alma y Noelia. Los más viejos, el señor Ventura que me llevó al aeropuerto y su buen humor, algunas calles, el mobiliario urbano de Madrid. Barcelona, todo Barcelona y San Sebastían. Me moría de risa viendo un programa que se llamaba "El Grand Prix del Verano".

Son muchas cosas que me gustan de los españoles, pero esta es una diatriba: un escrito generalmente injurioso, y soy consciente, injusto.

lunes, 21 de enero de 2013

La congestión y los seguros

Columna publicada en el Diario La República.
Viernes 20 de Enero 2013. 

La dinámica es la siguiente: Piénsese en un conductor que por una falta de atención atropella a un peatón, y este sufre unas lesiones de consideración. La ley penal ordena la apertura de un proceso contra el conductor del vehículo debido a la existencia de lesiones personales. En la mayoría de los casos, el conductor está amparado por una póliza de seguro de automóviles que ofrece cobertura por daños a terceros y asesoría jurídica para atender el proceso correspondiente. Esta representación del conductor, como ocurre en realidad, será asumida por un abogado externo de la aseguradora y no uno de su confianza.

Abierta la investigación, de nuevo por mandato de la ley, el proceso penal pasa por una fase conciliatoria previa que acerca a las partes a discutir el resarcimiento de los perjuicios causados. En caso de producirse la indemnización integral de la víctima, el proceso penal culminaría, quedando el conductor liberado del tormento que implica atender un proceso de este tipo y la víctima, compensada en los perjuicios que le fueron causados con el accidente. Solución rápida, eficiente y justa.

El principal obstáculo que se opone a este panorama armónico en que podrían terminar la gran mayoría de los procesos penales que se adelantan por homicidio o lesiones personales culposas ocasionadas en accidentes de tránsito, surge de las condiciones que las aseguradoras imponen al tomador de la póliza y que desnaturaliza el rol de los sujetos procesales. No es una muletilla accidental que para hacer efectivo el amparo por responsabilidad civil extracontractual, la aseguradora exija una sentencia condenatoria ejecutoriada en contra del conductor asegurado.

Esta imposición, que puede aparentar la defensa de los intereses del conductor procesado, verdaderamente se opone a sus aspiraciones, y algo aún peor: se enfrenta al sentido para el que el sistema penal acusatorio fue concebido, pues buena parte de la salud de éste, depende de que al menos una tercera parte de los procesos ahí ventilados finalicen a través de alguna de las figuras de terminación anticipada que faculta la ley, como es la conciliación. Así es que la administración de justicia, como el conductor asegurado, e incluso, como la víctima del accidente, aspiran a la conciliación. La aseguradora, en cambio, supedita el desembolso del valor del amparo a lo opuesto: una sentencia condenatoria.

La experiencia ha demostrado que aunque no en todos los casos las aseguradoras rechazan el interés de conciliar, su estudio hace todo más engorroso: un comité analiza las circunstancias en que aconteció el accidente, mientras se suspende la audiencia de conciliación. Hecho el estudio, la aseguradora se pronunciará sobre si ofrece o no una suma de dinero, que en ningún caso equivale al tope del amparo de responsabilidad civil extracontractual, pues se está en fase conciliatoria. En este caso el obstáculo es que el que asiste a la audiencia de conciliación es solo un emisario y no un con potestad o vocación conciliatoria. Esto aplaza la audiencia, retrasa los términos, congela la continuación del proceso y distancia las aspiraciones de una justicia pronta, gracias al poder económico de una industria que se puede dar esa clase de lujos. Así, en una extraña desnaturalización de las cosas, víctima y victimario terminan suplicando por el mismo interés jurídico: el pago de la aseguradora.

Esta es solo una muy breve exposición de un panorama que aún pasa inadvertido por quienes tienen interlocución en el asunto y que amerita una franca discusión entre ellos, con miras a diseñar cambios estructurales, al menos en relación con el rol que los sujetos procesales cumplen dentro del proceso penal de este tipo. Su evidencia queda al descubierto pues hablamos del tercer delito más frecuente en los despachos judiciales y una de las fuentes de mortalidad más alta de los colombianos.

La mesa está servida

martes, 20 de noviembre de 2012

Treguas e ironías

Entre la sorprendente y desconsoladora lectura del fallo de la Corte Internacional de Justicia que reconoció la soberanía colombiana sobre los archipiélagos de San Andrés, Providencia y Santa Catalina a costa de una nueva delimitación marítima de la frontera con Nicaragua, una noticia de gran valor se colaba por los televisores como una escurridiza nota al pie: "Última Hora: las FARC acaban de declarar una tregua de dos meses"

Naturalmente, el peso de la primera noticia era mayor al de la segunda. Así lo demuestran el cubrimiento mediático, la movilización de la opinión pública e incluso la alocución presidencial en la que no se tocó ni siquiera tangencialmente el anuncio de la tregua unilateral de las FARC.

Entre las razones que pueden justificar lo inadvertido que pasó semejante noticia en la opinión pública, está la formalidad y circunspección con que el Magistrado Peter Tomka leía el fallo, en contraposición a la trivialidad con que Iván Márquez leía en una hoja arrugada el anuncio. O las buenas maneras que asignaba la imponente Corte Internacional junto con el frío de noviembre a los asistentes, en comparación con el calor tropical de La Habana, folclórica, caribeña y quienes cubrían el evento en sandalias y guayaberas, sudando a cántaros.

Pero las razones por las que pocos advirtieron el anuncio también pueden hallarse de esa incredulidad que ya ha calado y echado raíz en la memoria de los colombianos cada vez que las FARC asumen una postura política, con independencia del valor que el anuncio pueda tener. Muchos veían la escurridiza pestaña que anunciaba el cese de hostilidades e interrumpía el primer plano de la transmisión en La Haya y se preguntaban, como yo, qué implicaciones tendría una tregua del 'ejército de liberación del pueblo'.

Lo traigo a colación por que según su secretariado, las FARC no atenta en contra de la población civil, no tiene participación en la actividad del narcotráfico, hace decenas de meses que no practica el secuestro extorsivo, no tiene incidencia en la minería ilegal que contamina frenéticamente el ecosistema, no recluta menores de edad para usarlos en combate, no tiene incidencia en el desplazamiento de poblaciones enteras.   

Si es así, ¿De qué se trata la tregua entonces? Iván Márquez nos dio una palomita, se trata "del cese de toda clase de operaciones militares ofensivas contra la Fuerza Pública, y de los actos de sabotaje contra la infraestructura pública o privada" ¡Un alivio! No estaría de más discutir en la mesa de negociaciones los verdaderos alcances de la tregua anunciada por las FARC ya que, según Caracol Radio desde el 26 de agosto, día en el que el Presidente Santos anunció la existencia de diálogos de paz entre el Gobierno y las FARC, la guerrilla ha perpetrado 48 atentados que le han costado la vida a 30 soldados y 17 civiles y le han causado heridas a 43 miembros de la Fuerza Pública y 40 civiles.

Si se trataba de dar una tregua navideña al pueblo colombiano, las FARC bien podrían empezar por la liberación inmediata de todos los secuestrados, el desarme inminente de todos los niños y niñas que están activos en sus filas, la indicación exacta de cada campo minado que han tendido en el terreno colombiano y un verdadero cese de operaciones militares contra la población civil. 

No hace falta que el excéntrico Jesús Santrich se disfrace de Papá Noel. Que sea casi invidente es un cosa, pero que se hagan los huevones es otra.

 







jueves, 18 de octubre de 2012

Borges y yo.

         "Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
         No sé cuál de los dos escribe esta página."

domingo, 30 de septiembre de 2012

Lista de encargos

Soundtrack

Sus ojos grandes, como dos hoyos negros que tragan la luz,
Y los pelos sueltos que fueron a parar en la cojinería de mi carro
Como ponía la mano en forma de coquita para tomar agua de la llave
La manchita de la espalda
Cómo sabía picar los dos ojos
Y su piel siempre lisa
Le decía que ella estaba hecha del mismo material de las nubes
Algodón de azucar
Oir cómo se aprendía una canción en minutos
Y la voz desafinada
Igual a la mía
Los únicos lunares que toleraba eran los suyos
moría por verlos
Diminutos, escasos.
Y las caras que hacía al comer
Y la cara que ponía cuando le daba el sol
Sólo sabe ser fotogénica
Un huequito entre los dientes
Dos dientes blancos de conejo
Enormes los desgraciados,
los amo,
a ella
y a su terquedad por las cosas sin importancia:
-Que por aquí
-Que por allá mejor
-Que arriba cuando yo abajo
-Que abajo cuando yo arriba
¿Quién me va a llevar ahora la contraria?
Si no va a ser ella,
que no sea nadie más en este planeta
Cuando comía poco
Cuando se atragantaba conmigo al lado
Mi cómplice para atacar la nevera
y para hablar mal de las señoras
para reirnos de todo
yo más que ella
por que con su sonrisa va a conquistar el mundo
no abusa de ella
Por eso verla reir es una bendición
Y verla irse es tan amargo
Sólo oigo que un año pasa rápido
y nos dijimos adios hace minutos
rápido se descose el alma
esto es una eternidad
sin sus ojos grandes, como hoyos negros
sin los pelos sueltos que van a parar en la cojinería de mi carro
sin siquiera la esperanza
Qué bueno que es ser pesimista por elección
pero que horrible es serlo por falta de alternativas...  
....me queda la voz, las ganas qué.



jueves, 6 de septiembre de 2012

Los escépticos


A mediados de la década de los 70, la etnia de los Tamiles, originaria de Sri Lanka, se constituyó en un grupo armado insurgente y separatista denominado "Los Tigres de Liberación Eelam Tamil" que buscó el establecimiento de un Estado Tamil independiente de Sri Lanka. La guerra civil de liberación entre el ejército y el grupo insurgente duró más de 4 décadas, dejando como saldo la muerte de más de 100.000 ciudadanos incluyendo combatientes de ambos bandos, y particularmente la población civil que falleció en medio de la ejecución de los métodos utilizados por el grupo armado: Inmolación, carros bomba, actos terroristas en masa. El gobierno de Sri Lanka también fue denunciado por los Tigres Tamiles y por algunas ONG's por ejecutar actos de terrorismo de Estado, desaparición forzada y actos de tortura.

Desde entonces, han fracasado 4 intentos de negociación entre las partes combatientes, hasta que en 2001 un acuerdo bilateral de cese al fuego llevó a los representantes a una mesa de negociación en la que se firmó un acuerdo parcial de paz que sólo duró hasta enero del 2008 cuando el gobierno de Sri Lanka anunció su retiro del cese de hostilidades. Para el año 2009 después de múltiples incursiones militares, los Tigres de Tamil admitieron su derrota militar, en lo que se conoce como el primer y único caso en la era moderna, en que una nación logra 'erradicar' el terrorismo en su propio suelo a través de las armas. Hoy, los brotes de violencia no cesan, y van en aumento.

Hoy, Colombia se enfrenta a una nueva posibilidad de explorar un acuerdo de paz negociado con las FARC y llama la atención que en contraste con la unanimidad con la que la comunidad internacional se ha manifestado positivamente frente a las negociaciones, sectores de la población y del gobierno saliente muestren su franca oposición con la posibilidad de que el conflicto armado interno cese a través del diálogo. 

Pero de este último grupo de pesimistas, a mi juicio existen dos subtipos de escépticos: unos, que nacieron en medio del conflicto y que por elemental desconfianza alimentada por el pasado, ven que la voluntad de la guerrilla en verdad persigue una vitrina internacional para el reconocimiento político, y que actúa cínicamente desconociendo su responsabilidad histórica. Hay otros escépticos, que por vanidad y narcisismo, de consolidarse un acuerdo de paz, no podrán reclamar derechos de autor sobre el fin del conflicto.  

La verdad es que el argumento central de los escépticos de la paz es supremamente facilista. Afirmar que "la paz no se negocia con criminales, terroristas o secuestradores" casi que tira por la borda la posibilidad de negociar un acuerdo de paz con cualquier grupo armado insurgente. La humanidad, por desgracia aún no conoce conflictos ni procesos de paz entre almas bondadosas, caritativas y llenas de piedad que empuñan un fusil. 

Por eso es que la complejidad de nuestro conflicto armado trasciende más allá de la versión simplista con la que muchos comulgan sin digestión ni análisis. Nuestra guerra, la que viene madurando desde hace casi 60 años no es una novela de policías y ladrones ni de buenos y malos. Las generaciones que hoy tenemos la oportunidad histórica de asistir y opinar sobre la salida negociada, tenemos como mínimo, la obligación de revisar conceptos, ser autocríticos y asimilar que la criminalidad del actuar de la guerrilla -en ningún caso justificable- como mínimo, tiene origen en la desigualdad social que de antaño le es señalable a la indiferencia social de los gobiernos, el sector privado y nosotros, los auto proclamados "ciudadanos de bien".

La sociedad colombiana, sobre todo la que usa corbata y opina detrás de un escritorio, no se puede dar el lujo de rechazar por simple inercia y simpatía ideológica, la posibilidad de construir un acuerdo de paz que le ponga fin al conflicto interno a través del diálogo. Menos aún, cuando de manera cíclica, los muertos, las viudas, los huérfanos y los desamparados, los ha puesto la otra Colombia: la anónima, la remota, la campesina, la solitaria.

Al parecer tenía razón Shlomo Ben Ami -ex canciller y ex Ministro de Defensa israelí- al decir que “después de todo, tanto en Colombia como en cualquier otro rincón del mundo, la guerra une más a los pueblos, mientras que la paz los divide”

lunes, 6 de agosto de 2012

Ser adulto



Ser adulto es la culminación de un horrible estado dentro del proceso de crecimiento del ser humano al que se accede de forma paulatina en fases progresivas, de modo tal que la llegada a cada una de estas etapas, es más dolorosa y miserable que la anterior.

Así, a los 18 años se es jurídicamente adulto, lo que abarca entre otras, el acceso a los casinos y el consumo libre de bebidas alcohólicas, pero detrás, trae consigo consecuencias horrendas como la imputabilidad penal, la emancipación y otros castigos terrenales. Es decir, el hombre contemporáneo al ser adulto, no solo se puede dedicar a beber y a despilfarrar la plata en un frenesí de apuestas, sino que también debe responder penalmente por sus hechos en una prisión común y silvestre, y ya que también está en edad legal de independizarse de sus padres, lo está en la obligación de tener que sudar con el lomo la plata que ha de dilapidar en las cantinas, prenderías y peñas de apuestas. Si es que le da por irse de la casa. Las reglas de ser adulto

Semejante golpe a la inmadurez innata con la que nace y se reproduce el ser humano (por que reproducirse es el acto de inmadurez por excelencia), es sólo el más tierno de los porrazos. Luego van y vienen, de manera progresiva, otros cambios habituales por ser adulto. El consumo de medicamentos, la aparición de canas, la decoloración de los dientes, leer a Paulo Coelho, la intolerancia a la lactosa, la acidez estomacal… todos por ser adulto
                                  
Al fin y al cabo, todos son sopetones de alguna forma tolerables. Inconscientemente se busca en la esposa, la extensión de la figura de la madre, y a los hijos y a los sobrinos se los malcriará como habría gustado ser malcriado, cosa que ya no se puede por ostentar la condición de adulto. Y ya que madurar no es una opción, sino una condena, con la adultez viene la mesura de ese hombre mundano, que adquiere bienes y servicios, paga sus cuentas, aspira a tener un carro y ya piensa en el nombre de sus hijos varones. La cosa es llevadera…

…hasta que llega la DIAN y te cobra impuesto de renta.

Ese día, marca un antes y un después del hombre contemporáneo. Ese día, se abre la temporada hacia la intolerancia a los bebés, la alopecia y uno se convierte en un ser repulsivo y cascarrabias. Ese día que la DIAN te cobra el impuesto de renta, ese día ver las noticias sobre corrupción equivalen a un examen de próstata, por que ahí sí, es la plata de uno, por la que uno se ha sabido quebrar el culo, como adulto, la que el hampa se está pasando por la baranda.

La parte perversa es que la DIAN interpreta el papel de Robin Hood hecho institución, recoge la riqueza para redistribuirla entre todos con la diferencia de que este remake hace parte de un engranaje institucional donde todo sale mal: las calles se hunden y los edificios aledaños se inclinan; la salud es una aspiración y las pensiones son una utopía; hay nueva troncal de Transmilenio por la avenida el dorado, pero no llega hasta el aeropuerto sino que la estación quedó 1km atrás. Y así…

El próximo 30 de septiembre tendré que pagar sin excusa, el 10% de lo que tengo ahorrado en mi cuenta de ahorros, por que soy adulto. Mientras junto la plata, pienso en qué pude haber hecho con ella, ahora que se gastará subsidiando la gasolina de algún Congresista, o en el próximo desfalco pensional. Pero como soy adulto, y sé que no tengo alternativa, también tendré que trabajar más para compensar el costo de ser ciudadano, únicamente con la siguiente duda: si trabajo más, para ganar más, para pagar más, por ganar más. ¿Para qué ganar más?

Ya que hablaba del impuesto a la renta, ser adulto no es rentable.
ble recoge la riqueza para redistribuirla entre todos, con la diferencia que nuestro Robin Hood, si bien es verde, es un intang