lunes, 3 de octubre de 2016
Anatomía de una reflexión
No eran todavía las 6 de la tarde cuando el escrutinio ya iba por el 70% y por primera vez decían que el "NO" tenía una leve ventaja de 30 mil votos sobre el "SI". El boletín anterior, 10 minutos antes, indicaba que el "SI" apenas tenía una ventaja del 1% que me generó mucha desesperanza, porque la decisión del Presidente de darle legitimidad democrática a los acuerdos con las FARC a través del plebiscito tendría sentido sólo con una mayoría aplastante. La mayoría simple, la mayoría por 60 mil votos a favor de los que preferíamos el "SI" no habría alcanzado a ser si quiera un premio de consolación. Habría una refrendación de los acuerdos desmoralizante que se tendría que hacer cargo responsablemente de tantos inconformes.
A mi entender, en ese grupo de inconformes caben de todos los tipos y los colores: hay inconformes por ignorancia supina. No son pocos. Otros, lo son porque su misión en la vida es hacer eco de lo que otros dicen y hacen. Vociferan de oficio, gritan por hábito y cumplieron con su labor. Pero no todos pertenecen a la misma especie. Votaron "NO" personas informadas, serias, cultas, incluso optimistas. Votaron "NO" también los que aprovecharon para desaprobar al Gobierno aunque no creo que fuera el espacio correcto para hacerlo. Votaron "NO" personas que quiero. El gran error, de mi parte, de parte del Gobierno, de parte de muchos de los que votamos "SI", fue estereotipar a los que votaban "NO", banalizarlos, no incluirlos en el diálogo.
Con el paso del tiempo y siendo un hecho la victoria del "NO" pasé de la desesperanza hacia otra sensación más compleja. La reflexión sobre lo que pasó en el país me llevó a pensar que lo que sucedió no es tan grave como lo ven otros, como lo ví inicialmente. Creo que la resaca tan aguda se explica por ese júbilo desmedido que nos caracteriza como cultura. Tanto entretenimiento y espectáculo al rededor de la firma del acuerdo me dio mal sabor de boca. No parecía prudente hacer semejante fiesta una semana antes de la refrendación, qué a propósito, ya era la tercera celebración en torno al mismo evento. Y no porque no fuera motivo de fiesta, sino porque el evento en Cartagena ya parecía un exceso de mercadotecnia para hacer a los votantes un consumidor de ilusiones, sumisos ante la cultura mainstream de embriaguez desmedida, cuando apenas estabamos poniendo el primer ladrillo de un plan de trabajo complejo y extenso.
Siguieron pasando los minutos y por las discusiones entre amigos y las publicaciones que leí en facebook y en twitter, entendí que es el momento de aprender las lecciones que nos deja este episodio crítico de la historia del país. Vienen enormes retos y trabajo de cara a la discusión de los nuevos acuerdos y su implementación para lograr la paz como concepción universal y no como reducción de un objeto de mercadeo. Vienen transformaciones muy profundas como para armar fiesta al son de conciertos. Las lecciones nos enseñan que celebramos antes de tiempo. Nos enseñan que hay una voluntad universal de paz, que tiene a los cuatro bandos, las FARC, el Gobierno, la comunidad internacional y la oposición hablando el mismo lenguaje. Nos enseñan que es entre todos o no vale.
Se debe aprender a avanzar sin soberbia. Los que votamos "SI" perdimos el rumbo al hablar con esa superioridad moral tan odiosa para generar consensos. Los acuerdos de paz con las FARC los deben suscribir las dos mitades de esta Colombia dividida, o una mayoría significativa, cuando menos. Se debe aprender que bajo ningún contexto tendríamos una paz "estable y duradera" suscribiendo acuerdos a espaldas del otro país que está inconforme.
En adelante, a los que votamos "SÍ" nos corresponde tener coherencia con el discurso que pregonamos, para no actuar más con esa arrogancia de la corrección política o del podio moral en el que creemos estar parados trivializando a los del "NO", sus opiniones y sus desencuentros. En adelante, a los que votaron "NO" y sus líderes, que tienen en manos un triunfo muy significativo en términos políticos, les corresponde administrarlo responsablemente, ejerciendo un liderazgo proactivo y buscando puntos de encuentro razonables para lograr un nuevo acuerdo de paz vinculante para toda la sociedad en el que quedemos satisfechos todos o la gran mayoría. La verdadera gran mayoría.
Se viene el gran reto de construir sobre lo construido sin caer en el reloj biológico de las FARC, que es tan anacrónico, donde el tiempo es un aspecto tan irrelevante. Seguramente se harán cambios sustanciales a lo ya acordado, pero es muy importante lograrlos pronto. Todos los sectores han dado declaraciones constructivas. Nadie ha salido a vender pánico. Esta vez hay que armar el rompecabezas bien.
Por último, me siento orgulloso de la democracia del país, donde gana la oposición sin derroches publicitarios, con medios limitados. Me enorgullece que no haya fraudes electorales. Me enorgullece que los resultados se escrutan en menos de 1 hora. Me enorgullece que el Presidente a la cabeza del Gobierno acate la voluntad del pueblo. Me enorgullecen estas muestras inequívocas de que la institucionalidad del país está vigente y tomamos distancia de la experiencia de otros vecinos. Espero que también sirva la reflexión para que la oposición deje de capitalizar el castro-chavismo y el discurso del miedo.
P.D. ¿Y la comunidad internacional? Hay que cargar con el oso y la vergüenza. Pero como en los divorcios, sólo la pareja sabe las razones de la intimidad que llevaron a la separación. Para los chismes, el tabloide. Para el análisis, los medios serios.
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