martes, 6 de mayo de 2014

Carta a Silvia

Hola Silvi.

Cuando supe que su mamá cumplió con su vida en este mundo que conocemos, y el único que nuestros sentidos y la comprensión sensorial de nuestros cerebros primitivos parecen entender, pensé en llamarla a desearle mucho ánimo, mucha paz y muchísima fuerza.

Naturalmente, ahora que está viendo estas palabras, sabrá que el problema estuvo en la elección del verbo, ya que que preferí escribirle algo en vez de llamarla. Sin entrar en mayores discusiones -que no las hay-, pensé que llamarla podía ser inapropiado. Como remitente del mensaje, nunca sabré si el momento en que la llame es el oportuno. En cambio, la vieja usanza de las palabras no me enfrenta al predicamento de la pertinencia, por que esencialmente usted leerá esto cuando sienta que está dispuesta a leerlo. Mientras tanto, la oportunidad del mensaje no me distrae del contenido, que es lo que realmente me importa.

No se cuantos consejos buscó durante estos meses en que su mamá venía mal de salud y que finalmente la enfrentaron, a usted, a la posibilidad de vivir sin ella en este mundo. No lo se. Pero me sentí muy orgulloso de saber que buscó mi opinión sobre el tema. Así todo esto se deba a algo que no proviene de méritos personales, sino de una triste coincidencia ya que yo había pasado por esto, me alegra poder estar en una situación preferente respecto a muchos de los que pertenecemos a "esta" generación, por que enterado de la partida de su mamá, siento muchas cosas que quiero decirle y siento que la experiencia en estas lides me acreditan:

La primera, es que quiero darle un abrazo muy profundo y muy sentido. Un abrazo como lo dan las personas de verdad, cuando sienten de verdad, y cuando expresan sus sentimientos en verdad. Y así lo haré, ya habrá momentos oportunos para hacerlo. Pero nunca va a sobrar la promesa incondicional de un amigo que prefiere decirle que quiere abrazarla antes de hacerlo.

Lo segundo que quiero decirle, es que la vida es una maquinaria misteriosa que hace las cosas de una forma muy particular y generalmente muy lejana al raciocinio nuestro. Generalmente la vida no deja las cosas libradas al azar y con el paso del tiempo es que uno logra entender lo que parece caprichoso; uno comprende que son justamente las formas más obvias en que las cosas deben suceder, por inexplicable que parezca esto de perder a alguien. Por eso mismo, supongo que estos últimos meses, a raíz de los quebrantos de salud de su mamá, usted tuvo la posibilidad de acercarse a ella y reivindicar su lado más humano, el más cercano, el más gratificado. Estoy seguro que su mamá seguramente merecía esas manifestaciones que terminaron por sanar los lazos y por ordenar las cosas para que cada objeto, cada afecto y cada culpa quedara en el lugar en el que pertenece. Los bienes a la vista, el afecto dentro del corazón, y la culpa en un viejo baúl con llave y candado.

Cumplida la redención, queda el goce. No me quedan dudas que tuvo también el tiempo para vivir con su mamá unas semanas gratificantes, apenas necesarias para dejar los sentimientos amargos atrás y para consumirse en lo que las madres deberían sentir por las hijas, y las hijas por sus madres. Amores perpetuos. Dedicatorias infinitas. Modelos de vida para seguir adelante. Alimentar el espíritu. Desdoblarse de este mundo tan palpalble y tan corriente para creer en un más allá, para hacer una oración, para encomendarse a algo cercano.

Y ahora queda usted, sola en este mundo pero acompañada de la gran contradicción del significado del ciclo de la vida, con un ángel de la guarda en su bolsillo, y con la satisfacción del deber cumplido, de haberle dejado a su mamá cada una de sus fuerzas, en vida; a cambio de un pacto que a partir de hoy se firma para no romperse: ella la va a cuidar y no va a dejar que nada le pase. Hasta que se consuman sus días en este planeta, hasta que sea usted la que se vaya de este lugar de la tierra, se convierta abono de un cultivo, sus cenizas se hagan polvo, el polvo se haga árbol, el árbol florezca, la flor se haga polen y como polen, vuele por los cielos tiñiendo de colores el paisaje en alguna primavera, en algún lugar lejano, para cumplir otra vez su pacto con sus hijos, su esposo, su novio, sus seres queridos, yo que sé. Con algo, con alguien. Por que nadie en este mundo es una isla, y hoy, más que nunca en su vida, usted no divagará sola por ahí. En adelante, tendrá dos sombras.

Ojalá encuentre las fuerzas para romper ese caparazón mezquino con el que nacemos los que tenemos la condición humana. Ojalá logre comprender que lo que entendemos por vida trasciende más allá de las fronteras de lo palpable y lo tangible. Ojalá reconozca los caminos que la llevan a disfrutar de las personas que no son más personas. Estoy seguro que su cerebro proyectará imágenes a color, y disfrutará de los momentos, felices y tristes con su mamá, con un simple guiño que solo ustedes dos sabrán tener, como una clave de sol, como una mirada al cielo, como un cerrar de párpados acompañado de un suspiro.

Y después vendrán otras alegrías Silvi. La vida se hace llevadera, por esa misma bendita condición humana que tenemos. Los afanes, los novios, los proyectos, las preocupaciones. Todas las nociones mundanas se terminan de encargar de ir tapando el vacío que nos deja el que se ha ido, como si fueran ladrillos sobre la memoria. Y la memoria y el recuerdo por su madre, se sabrán hacer un camino y se filtrarán entre el muro de la cotidianidad cada rato, cada día, cada mes. Como el agua que se cola entre las superficies por robustas que parezcan. Yo a mi papá lo recuerdo cuando me como un gajo de limón y cuando le echo sal a las frutas como él me lo enseñó. Y me hincha la panza ir por una carretera y abrir la ventana, para asomar la cabeza y aspirar el olor de la tierra caliente como él lo hacía, por que en eso se convierte uno: en los recuerdos, en las memorias, en las mañas de nuestros padres. El infinito ciclo de la vida...

...La vida, que no premia, ni castiga. Que no le quita cuando le ponen. Que no te da cuando te han robado. Sino que simplemente hace las cosas de una forma tan extraña, que pareciera aleatoria, hasta que aprendemos a comprender sus usos, sus costumbres, sus peculiaridades hasta el punto que a cambio de la vida de su madre, usted recibe el confortable abrazo de sus amigos, y a cambio de un porrazo en la cara, recibe una cicatriz en la cara con la que años más tarde va a conquistar al amor de su vida; y a cambio de las lágrimas derramadas esta noche, usted redime sus culpas y las convierte en satisfacciones encontrando algo que llaman paz interior.

No preciso un manual para sobrevivir a una pérdida. Una cosa es recordar con regocijo a alguien tan especial y otra cosa es negar el dolor por su partida. Y no le pido que no haga lo último. Pero no renuncie a lo primero viviendo en armonía. No le van a hacer falta momentos sola para llorar como cuando nació. Pero tenga la seguridad que en ese proceso la van a acompañar otros ignorantes que no sabrán como explicarle el arte de vivir, por que quiéralo o no, se aprende por sus propios medios, que no es lo mismo que sola. Mientras lo hace, no me quedan dudas, sabrá estar acompañada. Muy bien acompañada, y su mamá será la primera que lo haga.

Lo tercero que quiero decirle es que la pensaré, que la estoy pensando -naturalmente- y que me siento orgulloso de ver la evolución de sus sentimientos y de la madurez que fue consolidando mientras la vida le ponía estas horribles pruebas. Ahora deje a su mamá descansando en paz, ella lo merece. No tenga la menor duda de que se fue, cuando estaba preparada para irse, y cuando supo que usted estaba preparada para dejarla ir.

Para que no pierda la capacidad de asombro, mire que la gran contradicción es que ahora, justo ahora que ella no está con usted, es cuando usted dejará de estar sola en este mundo...

Como se lo dije al comienzo de esta carta, le deseo mucho ánimo, mucha paz y muchísima fuerza Silvi.