Si se mira como un hecho aislado, la noticia del paro agrario que hoy lleva más de una semana es un persistente eco que va y viene. Los oídos parecen estarse acostumbrando cada mes a que un grupo de la población o un gremio, cualquiera que sea, se encuentra en paro. Pero si se apela a la memoria y se toma la noticia en el contexto que corresponde: algo esta muy mal en Colombia.
Confrontemos la memoria: la región del Catatumbo se sublevó masivamente en julio, y no se había terminado el mes cuando los transportadores de carga ya pensaban en separar agosto para unir sus protestas a las del paro nacional agrario. El de los papicultores fue en mayo. En marzo fueron los maestros y la comunidad educativa que incluyendo los estudiantes protestaban por la calidad de la educación, eso sin olvidar que los cafeteros habían protestado en marzo y en enero no había certeza sobre si la rama judicial seguía o no en huelga. Lo que pasa en Colombia es tan surreal que incluso las FARC se dieron el lujo de hacer un paro armado por febrero. Paneleros, taxistas, transportadores de carga, de pasajeros, jueces y fiscales, presos y presas, aquí o allá.
Así que mientras alguna agrupación paraliza al país cada mes, los medios de comunicación se limitan a reportar la historia desde el siempre fácil punto de vista de la anécdota. Generalmente queda en evidencia la poca información con la que cuenta la opinión pública para formarse un criterio. Por esa razón son muchos los juicios de valor apresurados y son pocos los puntos de vista sesudos y mesurados. En el punto medio entre quienes exigen y el Gobierno, queda una gran masa, que sino se muestra indiferente, despreocupada o resignada, termina por jugar al revolucionario y protesta por contagio viral o extasiado por las ventajas del vandalismo anónimo.
Personalmente no me he comprometido con ninguna protesta, pero eso no impide que sienta una liviana simpatía con cada erupción social. La gente de este país ha soportado en silencio demasiados abusos, por lo que se me hace increíble que no haya explotado antes una verdadera revolución ante semejantes injusticias: Según entiendo, en estas nobles tierras se paga el segundo precio más alto del planeta por fertilizantes, una big mac en Colombia es la segunda más cara del mundo; la gasolina, aunque este sea un país productor, es tan cara como si no hubiera un miserable pozo. Las tarifas en telefonía celular, desde que existen teléfonos móviles, están a merced de "Claro", la compañía más ineficiente jamás conocida por la humanidad, como ocurre en la costa, con la prestación de la energía eléctrica. Y como con la gasolina, los fertilizantes y las big macs, en Colombia pasan idioteces semejantes en todos los sectores: ¡se importa café y leche! el cemento es más caro comprarlo acá que traerlo de china, ver jugar a Millonarios puede costar $250.000 en finales, el 2x1000 que se creó para salvar al sistema financiero como medida temporal, va en 4x1000 y ya lleva 13 años vigente. Y cosas menos frívolas: En Bogotá, 500 millones de pesos no alcanzan para vivir en un apartamento del más extravagante lujo, sino en una ratonera de 40 mts2.
Aunque siempre he dicho que no se puede gobernar al calor de la opinión popular, para ser francos, en este tipo de asuntos la opinión pública es el reflejo de la verdadera percepción social, la que paga de su bolsillo, la que sufre cuando tres carajadas en Carulla cuestan medio salario mínimo. Algo tiene que estar mal.
Solo por hablar tímidamente del paro agrario, estoy seguro que hay un punto medio entre dos extremos igual de nocivos: la falta de competitividad, la falta de preparación y la falta de profesionalización industrial que nos ha hecho cómodos y poco innovadores, por un lado, y los tratados de libre comercio, impuestos a las patadas por cumplir la cuota de ese colombiano complaciente y servil con los "socios estratégicos". Antes de sentarse a definir la profunidad del conflicto y la necesidad de la solución, sería bueno comenzar con un acuerdo: la culpa no es toda del Presidente Santos, ni el Ex Presidente Uribe es nuestro único redentor.