Soundtrack
Sus ojos grandes, como dos hoyos negros que tragan la luz,
Y los pelos sueltos que fueron a parar en la cojinería de mi carro
Como ponía la mano en forma de coquita para tomar agua de la llave
La manchita de la espalda
Cómo sabía picar los dos ojos
Y su piel siempre lisa
Le decía que ella estaba hecha del mismo material de las nubes
Algodón de azucar
Oir cómo se aprendía una canción en minutos
Y la voz desafinada
Igual a la mía
Los únicos lunares que toleraba eran los suyos
moría por verlos
Diminutos, escasos.
Y las caras que hacía al comer
Y la cara que ponía cuando le daba el sol
Sólo sabe ser fotogénica
Un huequito entre los dientes
Dos dientes blancos de conejo
Enormes los desgraciados,
los amo,
a ella
y a su terquedad por las cosas sin importancia:
-Que por aquí
-Que por allá mejor
-Que arriba cuando yo abajo
-Que abajo cuando yo arriba
¿Quién me va a llevar ahora la contraria?
Si no va a ser ella,
que no sea nadie más en este planeta
Cuando comía poco
Cuando se atragantaba conmigo al lado
Mi cómplice para atacar la nevera
y para hablar mal de las señoras
para reirnos de todo
yo más que ella
por que con su sonrisa va a conquistar el mundo
no abusa de ella
Por eso verla reir es una bendición
Y verla irse es tan amargo
Sólo oigo que un año pasa rápido
y nos dijimos adios hace minutos
rápido se descose el alma
esto es una eternidad
sin sus ojos grandes, como hoyos negros
sin los pelos sueltos que van a parar en la cojinería de mi carro
sin siquiera la esperanza
Qué bueno que es ser pesimista por elección
pero que horrible es serlo por falta de alternativas...
....me queda la voz, las ganas qué.
domingo, 30 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Los escépticos
A mediados
de la década de los 70, la etnia de los Tamiles, originaria de Sri Lanka, se
constituyó en un grupo armado insurgente y separatista denominado "Los
Tigres de Liberación Eelam Tamil" que buscó el establecimiento de un Estado
Tamil independiente de Sri Lanka. La guerra civil de liberación entre el
ejército y el grupo insurgente duró más de 4 décadas, dejando como saldo la
muerte de más de 100.000 ciudadanos incluyendo combatientes de ambos bandos, y
particularmente la población civil que falleció en medio de la ejecución de los
métodos utilizados por el grupo armado: Inmolación, carros bomba, actos
terroristas en masa. El gobierno de Sri Lanka también fue denunciado por los
Tigres Tamiles y por algunas ONG's por ejecutar actos de terrorismo de Estado,
desaparición forzada y actos de tortura.
Desde
entonces, han fracasado 4 intentos de negociación entre las partes
combatientes, hasta que en 2001 un acuerdo bilateral de cese al fuego llevó a
los representantes a una mesa de negociación en la que se firmó un acuerdo
parcial de paz que sólo duró hasta enero del 2008 cuando el gobierno de Sri
Lanka anunció su retiro del cese de hostilidades. Para el año 2009 después de
múltiples incursiones militares, los Tigres de Tamil admitieron su derrota
militar, en lo que se conoce como el primer y único caso en la era moderna, en
que una nación logra 'erradicar' el terrorismo en su propio suelo a través de
las armas. Hoy, los brotes de violencia no cesan, y van en aumento.
Hoy,
Colombia se enfrenta a una nueva posibilidad de explorar un acuerdo de paz
negociado con las FARC y llama la atención que en contraste con la unanimidad
con la que la comunidad internacional se ha manifestado positivamente frente a
las negociaciones, sectores de la población y del gobierno saliente muestren su
franca oposición con la posibilidad de que el conflicto armado interno cese a
través del diálogo.
Pero de
este último grupo de pesimistas, a mi juicio existen dos subtipos de
escépticos: unos, que nacieron en medio del conflicto y que por elemental
desconfianza alimentada por el pasado, ven que la voluntad de la guerrilla en
verdad persigue una vitrina internacional para el reconocimiento político, y
que actúa cínicamente desconociendo su responsabilidad histórica. Hay otros
escépticos, que por vanidad y narcisismo, de consolidarse un acuerdo de paz, no
podrán reclamar derechos de autor sobre el fin del conflicto.
La
verdad es que el argumento central de los escépticos de la paz es supremamente
facilista. Afirmar que "la paz no se negocia con criminales, terroristas o
secuestradores" casi que tira por la borda la posibilidad de negociar un
acuerdo de paz con cualquier grupo armado insurgente. La humanidad, por
desgracia aún no conoce conflictos ni procesos de paz entre almas bondadosas,
caritativas y llenas de piedad que empuñan un fusil.
Por eso
es que la complejidad de nuestro conflicto armado trasciende más allá de la
versión simplista con la que muchos comulgan sin digestión ni análisis. Nuestra
guerra, la que viene madurando desde hace casi 60 años no es una novela de
policías y ladrones ni de buenos y malos. Las generaciones que hoy tenemos la
oportunidad histórica de asistir y opinar sobre la salida negociada, tenemos
como mínimo, la obligación de revisar conceptos, ser autocríticos y asimilar
que la criminalidad del actuar de la guerrilla -en ningún caso justificable-
como mínimo, tiene origen en la desigualdad social que de antaño le es
señalable a la indiferencia social de los gobiernos, el sector privado y
nosotros, los auto proclamados "ciudadanos de bien".
La
sociedad colombiana, sobre todo la que usa corbata y opina detrás de un
escritorio, no se puede dar el lujo de rechazar por simple inercia y simpatía
ideológica, la posibilidad de construir un acuerdo de paz que le ponga fin al
conflicto interno a través del diálogo. Menos aún, cuando de manera cíclica,
los muertos, las viudas, los huérfanos y los desamparados, los ha puesto la
otra Colombia: la anónima, la remota, la campesina, la solitaria.
Al
parecer tenía razón Shlomo Ben Ami -ex canciller y ex Ministro de Defensa
israelí- al decir que “después de todo, tanto en Colombia como en cualquier
otro rincón del mundo, la guerra une más a los pueblos, mientras que la paz los
divide”
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