lunes, 16 de julio de 2012

Carta de instrucciones



Ahora que sé que te vas
aprendí a disfrutar la rutina
Te la llevas.
La santa devoción por la repetición
de poder ver tus ojos grandes y tus pestañas largas.
Maravillado.
Idiotizado.
Como si nunca los hubiera visto antes
de lunes a lunes,
porque no puedo dejar fijarme en cómo parpadeas,
y no me quedan recuerdos de cómo lo haces.
No basta el millón de veces que te he mirado.
Tengo que volver a repetirlo
de lunes a lunes.
Por que mi placer es verte hacer cualquier cosa.
Mi bendito placer.
Y ahora que sé que te vas
tendré que aprender a disfrutar la rutina antes de que te montes en un avión
la nuestra,
la construída,
la que aprendí a disfrutar.
Y te vas,
sin que nadie me certifique si es un ‘para siempre’
o si es un ‘hasta pronto’,
sin garantías
ni cheques en blanco.
En blanco solo me queda la mente.
Vacía
de solo pensar que te vas
por que ahora que sé que te vas
solo queda esperar.
Reloj y calendario en mano
Y un manojo de nervios
entre los dientes apretados.
Aterrorizado.
Y detesto las sorpresas
Y esta maldita sorpresa
de no saber cómo irá a ser cuando te vayas.
Mi cordura al azar
y jugar al plan de no tener un plan.
Para perder mis lunes contigo.
Mi santa devoción por la rutina de ocupar el mismo espacio en el universo contigo
e intercambiar los lados de la cama,
un día a la izquierda,
otro a la derecha
por que es mi lado
así sea tu cama.
Inventar apodos cursis
porque solo así mi vida tiene sentido
si no es contándote los lunares
lo más diminutos
no creo tener otra idea
de qué es la vida
Sino es así. Contigo.