Fue así como la excepción, se fue haciendo regla. Las exculpaciones desde la cabeza directiva de la Policía Nacional buscaban enviar un mensaje sólido a la comunidad indicando que los hechos que venían ocurriendo con alguna reiteración eran apenas casos aislados que no podían deslegitimar la percepción que la ciudadanía debía tener en una organización puesta, por excelencia, al servicio de la comunidad. Los hechos aislados siguieron ocurriendo y se fueron apilando unos y otros en una sumatoria heterogénea de delitos, faltas administrativas y disciplinarias, con el común denominador de que la víctima resulta siendo la población civil, y el victimario: miembros de la Policía Nacional, sin discriminar grado o dependencia. Es así como las disculpas institucionales se hacen hoy en día insostenibles. No puede hablarse de 'casos aislados' cuando en un lapso de ocho días los medios de comunicación tienen casi garantizado el cubrimiento de un nuevo escándalo protagonizado por un miembro de la Fuerza Pública. Aún así, los pronunciamientos oficiales son muy escasos.
Esta semana dos patrulleros activaron una granada de aturdimiento, que solo se ven en los juegos de video, en un barrio residencial de Bogotá sin ningún pretexto. Todo parece estar relacionado con una borrachera a comienzos de semana, misma semana en que un Subintendente le enseñaba a su esposa a conducir pero en estado de embriaguez. La lección al parecer incluía "como atropellar a dos menores de edad" Esto ocurrió en la localidad de Kennedy en Bogotá. Algo parecido ocurrió en el consonado caso de una Coronel que causó un aparatoso accidente de tráfico en el mes de abril al manejar en grado de embriaguez, justo una semana antes de que un Subteniente de la Policía emulara a su superior y se dirigiera contra un poste al quedarse dormido. Cuestión de tantos malos tragos no pueden ser solo coincidencias.
Con la mala suerte de que los casos 'aislados' no solo están relacionados con la falta de cuidado o con una borrachera irresponsable, faltas que a fin de cuenta solo conducen a sanciones administrativas y disciplinarias. La muerte de Diego Felipe Becerra el niño que estaba haciendo un grafiti en un puente vehicular abre de nuevo un expediente de uso desmedido de la fuerza y se vuelven a abrir heridas como la del Policía que mató a 4 jóvenes en una fiesta en un municipio de magdalena a comienzos del 2011 al parecer por querer evitar una riña, por cierto, alcohol de por medio.
No se pueden pasar por alto las 'coincidencias' ni se puede seguir pretendiendo enviar a la sociedad un mensaje analgésico que apenas clasifique los hechos como 'casos aislados'. La deslegitimación institucional y el rechazo social que enfrenta la Policía como organización es preocupante. Hay una falta de profesionalización de sus miembros y seguramente una estricta relación con elementos que pueden incidir en el comportamiento de los uniformados como el reclutamiento prematuro, el factor salarial de los miembros de la institución, las carencias en la formación académica y filosófica. También es prudente que la opinión pública abra espacios de debate y opinión sobre las condiciones en que se dota de armamento, el tipo de armamento, etc.
En todo caso, la sociedad extraña la ausencia lánguida y raquítica de un pronunciamiento Institucional de la Dirección de la institución y del Gobierno, que vaya más allá de apuntalar los hechos como una repetición coincidencial. De hecho, es el momento en que deberían aprovechar para enviar a la comunidad un mensaje sólido en el que se asuman compromisos concretos, en vez de andar jugando a la avestruz, escondiendo la cabeza para levantarla solo cuando las coincidencias dejen de ocurrir.
Se quedarán esperando...
Esta semana dos patrulleros activaron una granada de aturdimiento, que solo se ven en los juegos de video, en un barrio residencial de Bogotá sin ningún pretexto. Todo parece estar relacionado con una borrachera a comienzos de semana, misma semana en que un Subintendente le enseñaba a su esposa a conducir pero en estado de embriaguez. La lección al parecer incluía "como atropellar a dos menores de edad" Esto ocurrió en la localidad de Kennedy en Bogotá. Algo parecido ocurrió en el consonado caso de una Coronel que causó un aparatoso accidente de tráfico en el mes de abril al manejar en grado de embriaguez, justo una semana antes de que un Subteniente de la Policía emulara a su superior y se dirigiera contra un poste al quedarse dormido. Cuestión de tantos malos tragos no pueden ser solo coincidencias.
Con la mala suerte de que los casos 'aislados' no solo están relacionados con la falta de cuidado o con una borrachera irresponsable, faltas que a fin de cuenta solo conducen a sanciones administrativas y disciplinarias. La muerte de Diego Felipe Becerra el niño que estaba haciendo un grafiti en un puente vehicular abre de nuevo un expediente de uso desmedido de la fuerza y se vuelven a abrir heridas como la del Policía que mató a 4 jóvenes en una fiesta en un municipio de magdalena a comienzos del 2011 al parecer por querer evitar una riña, por cierto, alcohol de por medio.
No se pueden pasar por alto las 'coincidencias' ni se puede seguir pretendiendo enviar a la sociedad un mensaje analgésico que apenas clasifique los hechos como 'casos aislados'. La deslegitimación institucional y el rechazo social que enfrenta la Policía como organización es preocupante. Hay una falta de profesionalización de sus miembros y seguramente una estricta relación con elementos que pueden incidir en el comportamiento de los uniformados como el reclutamiento prematuro, el factor salarial de los miembros de la institución, las carencias en la formación académica y filosófica. También es prudente que la opinión pública abra espacios de debate y opinión sobre las condiciones en que se dota de armamento, el tipo de armamento, etc.
En todo caso, la sociedad extraña la ausencia lánguida y raquítica de un pronunciamiento Institucional de la Dirección de la institución y del Gobierno, que vaya más allá de apuntalar los hechos como una repetición coincidencial. De hecho, es el momento en que deberían aprovechar para enviar a la comunidad un mensaje sólido en el que se asuman compromisos concretos, en vez de andar jugando a la avestruz, escondiendo la cabeza para levantarla solo cuando las coincidencias dejen de ocurrir.
Se quedarán esperando...