jueves, 30 de septiembre de 2010

Capítulo XIV - "Radio y buenos modales"

En el último programa radial "Cinema W", Mario Alcalá, conductor del programa, entrevistó a Rubén Mendoza, director de la película "La sociedad del semáforo" buscando una aparente discusión e intercambio de opiniones sobre la más reciente obra del invitado. Lejos de una amigable controversia, Alcalá terminó enseñando su escarapela de periodista de W Radio y confrontó altanero y con grosería los pormenores de la película. Los oyentes terminaron atónitos y las críticas no se hicieron esperar.

Si bien el objetivo de esta columna no es cuestionar los pergaminos que reúne el señor Alcalá para reprochar la patanería que mostró a lo largo de la 'entrevista', lo cierto es que el programa que conduce no es precisamente un referente en materia de cine, y su nombre tampoco encarna verdaderas autoridades de la crítica especializada como ocurre por ejemplo con Mauricio Laurens -a quien respetuosamente le hicimos comentarios en "De críticas, broncas y caldos, en este espacio-

La ordinaria forma en que el señor Alcalá entrevistó a Rubén Mendoza, en el fondo descubre un problema crónico que viene cocinándose en los medios radiales colombianos. Parecería que en los programas de opinión como en el que trabaja Alcalá, se gesta una nueva escuela de periodismo que confunde la confrontación del entrevistado con fines investigativos, con un arrinconamiento en vivo, en el que el 'invitado' no tiene derecho a réplica y que cada vez que quiere infirmar algo, es bruscamente interrumpido.

La audiencia espera que estos medios informen, investiguen y pongan al descubierto ciertas evidencias que han pasado por alto las autoridades, en aquellos casos de investigación periodística y generen opinión a conciencia en casos menos trascendentales. Pero lo anterior no exime al periodista del respeto y las buenas maneras con el entrevistado, bien sea el gestor de una política de gobierno corrupta disfrazada en subsidios agrónomos para los pobres, bien sea el director de cine de una película abucheada, bien sea Carlos Calero, bien sea Ingrid Betancourt y su libro.

No podría ser otro el desenlace, si finalmente quienes están detrás del micrófono, son jóvenes autócratas, acomplejados, sin trayectoria, abrumados por la popularidad y el poder que concentran los medios de comunicación con credibilidad, que a diferencia de los poderes públicos, no están sometidos a contrapesos ni controles efectivos. Según parece su única regulación yace en el raiting.

De ahí que los oyentes deberíamos cuestionarnos más el contenido de estos programas, que parecen cantar verdades absolutas, lapidando al 'invitado' ante la exposición al público sin que haya igualdad de armas. Es bueno mencionar que no todas las confrontaciones de la investigación periodística han sido exitosas o tienen buen recaudo. Recordemos muchos inocentes que también han sido descabezados, sin derecho a la réplica o al silencio. Los medios de comunicación también persiguen provechos particulares y son sociedades con ánimo de lucro, sujetas al vaivén de los intereses, políticos, económicos y sociales. O ¿quien niega que los juicios paralelos que aquí se adelantan no han justificando alguna vez un provecho individual que desvía el fin de informar veraz e imparcialmente?

Prácticas como ésta de adelantar juicios paralelos en los medios y el oficio de las oficinas de cobro al servicio del narcotráfico o el paramilitarismo, a pesar de las infinitas diferencias, cargan una peligrosa herencia común: son formas de hacer justicia por propia cuenta y como siempre pasa, el método termina pecando por cuenta de los excesos.



miércoles, 22 de septiembre de 2010

Capítulo XIII - "Premio Nobel de Reggaeton"

Juan Esteban Aristizabal, también conocido como 'Juanes' convenció el pasado 21 de septiembre de 2010 a gran mayoría de los habitantes de la comuna 13 de Medellín a asistir a un denominado 'concierto por la paz'. El propósito era, a través de la música, generar un espacio de tolerancia, respeto y paz con el fin de que crear espacios de dialogo y convivencia entre sectores rivales que han desatado una guerra absurda, las últimas semanas.

Aunque nadie cuestiona la voluntad de Juanes por aportar soluciones al conflicto, creo que vale la pena cuestionar estas campañas y tomarlas con beneficio de inventario. No por que sea un viejo ácido y desconfiado, ni porque me crea capaz de desafiar los buenos oficios del hombre más bacán del mundo, sino por que lograr la paz en una sociedad tan poco cohesionada, requiere de un proceso bastante más complejo que poner a los habitantes de la comuna a bailar rock y reggaeton en medio de un concierto.

Un ejemplo: La paz entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, ha venido dando muestras de mejoría -porque todo hay que decirlo- pero con el perdón de Juanes y sus fervorosos adherentes, el concierto de la frontera no fue la receta mágica de paz que puso en estado de acercamiento las insolubles posturas de los gobernantes. Se requirió tiempo, mediación, lobby, diplomacia y ceder en algunos puntos precisos.

De la misma forma, este último auspicioso acto liderado por Juanes para aportar al conflicto de las comunas en Medellín, tuvo un innecesario despliegue y cubrimiento mediático y es que justamente el problema es ese. Los medios no pueden seguir magnificando estos eventos, sacrificando la realidad que hoy, después del concierto, sigue rigiendo.

Los buenos oficios del artista para aportar a algo tan complejo como la paz y la armonía de una sociedad desbaratada, significa el comienzo del rompecabezas, mas no significa haber puesto la última ficha. Los medios y la sociedad deberían evitar caer en episodios de euforia desmedida afirmando que llegó la paz a la comuna 13 al son de rock y reggaeton. Menos aún, si en cada cable de noticias en el que aparecían imágenes del concierto por la paz, el público estaba en tremendo pogo*

Por un lado, conociendo los problemas que le trae a la sociedad colombiana sobredimensionar y magnificar detalles menores (reinados de belleza, hinchas que se hacen matar por el color de una camiseta, etc.) y por otro, sabiendo de antemano la indolencia con la que realmente asumimos hechos y situaciones inaceptables en cualquier sociedad ('falsos positivos', 'chuzadas', AIS) espero generar en el lector y en el consumidor de medios de información una opinión crítica, para que no proyecte en un sujeto que quiere aportar a la cohesión social desde las posibilidades que su medio ofrece, un Ghandi que no es.

Ruego a los medios para que no santifiquen los buenos oficios de estos personajes, me basta con que informen "veraz e imparcialmente" como afirman hacerlo. También espero que tipos como este, no actúen con falsa modestia aspirando al Nóbel de Paz, tema que ha llegado al absurdo de tener por candidata a Ingrid Betancourt recién liberada y a Barack Obama recién elegido. Si le van a dar un Nóbel a alguien por el concierto de la paz, J-Balvín merece el premio Nobel de Reggaeton.

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*Según el diccionario latinoamericano, pogo significa "moverse de forma brutal, dando vueltas, empujando y dando golpes sin querer dañar a nadie, divirtiéndose al pie del escenario en conciertos cuyo género generalmente es Punk, Hardcore o Rock"